Opinión

En carne viva

China y EEUU firmaron una tregua comercial con más intenciones que concreciones, pero que puede resultar una amenaza para otros proveedores del gigante asiático – entre ellos Uruguay – en especial en carnes. Nuestro país tiene el desafío de mantener y aumentar las exportaciones, pero sin acuerdos propios y con costos altos, no será tarea fácil.

Ing. Agr. Nicolás Lussich.

China es el principal destino de las exportaciones del Uruguay y esta semana fue protagonista de dos noticias de gran relevancia, a las cuales debemos prestar especial atención. Por un lado, se dio a conocer el desempeño de su economía en el año 2019: el PBI chino tuvo un crecimiento del 6,1%, cifra que está dentro de lo previsto por la mayoría de los analistas internacionales. Es la menor tasa de crecimiento en casi 30 años y, si bien el dato no sorprendió mayormente, reafirma la preocupación de que China puede tener dificultades en mantener su dinámica económica.

Cabe mencionar que la tasa de crecimiento de China no es comparable con la de otros países más desarrollados: el gigante asiático ha transcurrido un proceso impactante de industrialización, inversión, urbanización y expansión económica como nunca ningún otro país protagonizó en la historia. Esto implica que para sostener la dinámica social vertiginosa que implican la urbanización, el crecimiento de las capas sociales medias y la asistencia a vastos sectores de población a distintos niveles, la economía china tiene que crecer a tasas de -como mínimo- 4 a 5% anual; de lo contrario puede entrar en dificultades. El crecimiento de 2019 muestra una desaceleración que se va acercando a ese nivel y por eso preocupa. Cabe matizar -sin embargo- que China también ha modificado los fundamentos de su crecimiento, más basado ahora en el consumo que en la inversión y las exportaciones. Para los países que venden productos de consumo a China, como Uruguay, esto es buena noticia y compensa las implicancias de una tasa de crecimiento inferior.

Por otra parte existe especial preocupación por la situación financiera en China y el alcance del financiamiento subsidiado (barato) desde el Estado, a individuos, empresas y gobiernos locales. Precisamente la restricción de financiamiento a ciertos importadores ha sido uno de los factores que está detrás del viraje negativo que ha tenido el mercado chino para los productos cárnicos uruguayos en las últimas semanas: a algunos se les cortó el crédito y se trancaron varios negocios, que hubo que renegociar. Es un hecho grave porque China es hoy el mercado dominante en las exportaciones cárnicas, tal como informó ayer El País, a partir de un informe de Faxcarne (Tardáguila y Asociados).

El mercado se va a recomponer, seguramente a niveles de precio inferiores a los de los últimos meses de 2019, aunque buenos en términos históricos; pero la incertidumbre está a la orden del día. Más si se considera la otra novedad que tuvo a China como protagonista estos días: la firma de la Primera Fase de un amplio Acuerdo Comercial con los Estados Unidos.

Tierra de gigantes. El documento se titula: “Acuerdo Comercial y Económico entre EEUU de América y la República Popular China”. Luego de un período de guerra comercial con medidas cada vez más radicales entre ambas potencias, se llegó a un trabajoso acuerdo por el cual China establece una serie de compromisos para con los Estados Unidos a distintos niveles. Antes de ir al detalle de lo que dice el acuerdo – un extenso texto de casi 100 páginas- vale mencionar que tiene mucho de expresión de deseos e intenciones – wishful thinking, se diría en inglés- aunque sí se establecen algunas cuestiones concretas, de alcance general. Es relevante señalar que las tarifas que se han estado imponiendo recíprocamente China y Estados Unidos permanecen vigentes (salvo un recorte parcial de EEUU, de un tramo impuesto en setiembre); esto ha sido argumento para señalar que el acuerdo tiene poco alcance. Sin embargo establece el compromiso chino de aumentar sensiblemente las compras de bienes y servicios estadounidenses en los próximos dos años (gráfica). Equilibrar La balanza comercial con China es una de las obsesiones del presidente estadounidense Donald Trump y esta cláusula responde a ese objetivo.

En concreto, China Se compromete a comprar 200.000 millones de dólares adicionales en productos y servicios de EEUU, por sobre lo que se registró en 2017. Esto quiere decir que al año 2021, las compras deberías ser casi 70% superiores a las de 2017 (ver cuadro y gráfica). Estos montos se deducen de los documentos oficiales (aunque hay algunas contradicciones en el documento del USTR) y hay metas por cada uno de los grupos de productos, incluyendo los agropecuarios. China compró productos del agro de EEUU por US$ 24.000 millones en 2017 y pasaría a comprar casi US$ 44.000 millones en 2021, incluyendo granos, carnes, lácteos y otros.

Un aumento en las compras totales chinas de 70% en cuatro años parece casi imposible y es lo que generado razonables dudas de que el gigante asiático pueda cumplir esto en la actual dinámica de mercado. China seguirá aumentando la demanda de productos del mundo, pero parece difícil que pueda alcanzar esos niveles comprometidos… salvo que deje de comprar en otros lugares para comprar más productos estadounidenses. Esto es una evidente e importante amenaza para otros proveedores de productos agropecuarios a China, notoriamente el caso de Brasil y eventualmente Argentina – grandes productores de soja- y también, por supuesto, de Uruguay, en especial en el caso de la carne.

Sanidad y aranceles. El acuerdo China-EEUU tiene un amplio capítulo muy específico de los compromisos que firma China con EEUU en el rubro carne vacuna. Todo indica que EEUU busca mejorar las condiciones del acuerdo de 2017, que resultó muy restrictivo. Primeramente, China deberá cumplir con los estándares de la OMC en lo vinculado a exigencias sanitarias (lo mismo para lácteos); además reconoce el sistema de trazabilidad de EEUU y obliga a preparar un protocolo para que EEUU exporte animales en pie a China.

En el punto 4 del capítulo sobre carne vacuna, se establece que “con el objetivo de satisfacer mejor las crecientes necesidades de carne de los consumidores chinos, dentro de uno mes de la fecha de entrada en vigor de este Acuerdo, China permitirá la importación de carne bovina y sus productos (exceptuando glándulas y vísceras), de plantas aprobadas por el USDA”. Así, otorga al USDA (Departamento de Agricultura de EEUU) la capacidad de certificación de plantas, haciendo más accesible el mercado chino a los frigoríficos de EEUU (hasta ahora se dependía de inspecciones chinas, que podían no llegar nunca).

Asimismo, China reconoce que Estados Unidos ha presentado todos los documentos pertinentes y necesarios con la información solicitada por China para permitir la realización de una evaluación de riesgos relacionada con la importación de todas las carnes, productos de carne y alimentos para mascotas que contienen ingredientes de rumiantes. China deberá, dentro de un mes a partir de la fecha de entrada en vigor del Acuerdo, eliminar los requisitos de edad del ganado para la importación de carne y productos de carne de EE. UU. Este asunto -un resabio de la crisis de la vaca loca, que exigía 30 meses de edad al ganado de EEUU- es de los aspectos más favorables que han destacado los ganaderos estadounidenses del acuerdo. Asimismo, en lo que refiere a hormonas obliga a China a adoptar los máximos permitidos por el Codex, lo que constituye una flexibilización favorable a EE.UU..

Por ahora, las tarifas que impuso China a la carne vacuna de EEUU en la guerra comercial (47%, incluyendo 10% de IVA) siguen vigentes, y están claramente arriba del 12% previo. Pero hay que recordar que Japón es el principal destino para la carne de EEUU y hace décadas le cobra 38% (ahora se irá reduciendo con el acuerdo EEUU-Japón). Así, la reducción de tarifas quedará para la fase 2, pero lo acordado en fase 1 no deja de ser una amenaza para otros proveedores de carne, como Uruguay.

En otro orden, el acuerdo establece que ninguna de las partes aplicará medidas sanitarias o fitosanitarias de manera que constituyan una restricción encubierta al comercio internacional. Asimismo, el acuerdo establece que China reconocerá el sistema de seguridad alimentaria de EEUU al mismo nivel que el propio. En lo referido a biotecnología, el acuerdo obliga a China a responder en plazos perentorios sobre la habilitación de nuevos productos biotecnológicos, que -de ser autorizados- deberán serlo por al menos 5 años. Además, obliga a que China adopte en un año un procedimiento sencillo, predecible y basado en evaluación de riesgo, para ingredientes alimenticios procedentes de transgénicos.

Proyecciones. Las exportaciones de bienes del Uruguay -dentro de las cuales los agronegocios son predominantes- cerraron 2019 con un empate: la caída en la celulosa (por menores precios) y otros rubros del agro, se compensó con la recuperación de las exportaciones agrícolas y el año récord de la carne. Todo indica que el escenario del sector cárnico será más exigente en este 2020; además del posible impacto del acuerdo China-EEU, hay que recordar que se achica la cuota 481 y -además- hay más competencia desde Argentina y Brasil.
Por todo esto Uruguay tiene que seguir abriendo mercados (lo de Arabia suma) y -a mediano plazo- mejorar el acceso, con nuevos acuerdos comerciales que no serán de un día para el otro, pero que hay que comenzar a concretar: el acuerdo de libre comercio Mercosur-UE está encaminado, aunque aún falta un buen trecho; un posible acuerdo de Libre Comercio con EEUU -tal como planteó el presidente electo Lacalle Pou al Secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo- merece volver a considerarse. Si EEUU va a vender más a China, deberíamos poder vender más a EEUU (sin aranceles).