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Vivir con más ganas que miedo

Sin su mano izquierda, Alfonsina Maldonado es una atleta olímpica que ignoró sus obstáculos

Alfonsina Maldonado Urse nació en Florida, el 9 de diciembre de 1984. Cursó sus estudios primarios en la Escuela Rural N° 105 Costas de Aria de Florida, a la que iba a caballo. Asistió a la Escuela de Avicultura de Florida, donde se graduó con el título de técnica agropecuaria.
Alfonsina Maldonado Urse nació en Florida, el 9 de diciembre de 1984. Cursó sus estudios primarios en la Escuela Rural N° 105 Costas de Aria de Florida, a la que iba a caballo. Asistió a la Escuela de Avicultura de Florida, donde se graduó con el título de técnica agropecuaria.

Una mano, un brazo o una pierna no hacen la diferencia. La diferencia está en la voluntad y en la actitud que uno tenga para vivir. La diferencia está cuando uno se percata de que la vida es un rato y que es -casi- una obligación hacer lo que el corazón siente. Esto es ahora, un instante, y, sino, no aprendemos a vivir.

Cuando tenía seis meses un accidente le cambió la vida. Sin embargo, soñó con ser atleta olímpica y eso lo logró en los juegos Paralímpicos de Río de Janeiro, en 2016. Alfonsina Maldonado Urse fue una niña “de a caballo”, que compitió en dos Copas del Mundo y fue la quinta mejor a nivel mundial, vivió en 13 países y compitió en más de 20. Ahora, su próxima meta es una medalla en los Juegos Olímpicos de París 2024.

Alfonsina Maldonado Urse nació en Florida, el 9 de diciembre de 1984. Cursó sus estudios primarios en la Escuela Rural N° 105 Costas de Aria de Florida, a la que iba a caballo. Asistió a la Escuela de Avicultura de Florida, donde se graduó con el título de técnica agropecuaria. También realizó un curso en la Escuela de Equitación del Ejército Uruguayo para ser instructora de equinoterapia.

A los seis meses sufrió un accidente con quemaduras de primer grado en todo el lado izquierdo de su cuerpo.

Estuvo 32 días en coma y se sometió a 17 cirugías plásticas, el resultado fue la pérdida de su mano izquierda. Hasta los cinco años estuvo internada en la Unidad de Quemados del Hospital Militar de Montevideo.

Cada vez que le iban a hacer un raspaje, siempre recuerda que su cirujano le preguntaba qué iba a ser de grande y ella, muy segura, le decía: atleta olímpica.

El camino. Con el tiempo Maldonado aprendió a transformar las frustraciones y los miedos en un mensaje, porque asegura que “los obstáculos son para aprender y para poner a prueba la pasión”.

Su camino ha sido muy largo y empezó muy temprano. Conoció la disciplina por la televisión. Le fascinaban las pruebas, pero sus padres le dijeron que era imposible que pudiera realizarlo.

Tampoco se conformó con ese segundo “no” que le dio la vida. A sus 13 años fue a una prueba del ejército en San Ramón, se ganó su lugar en el curso y luego fue becada para montar.

Ahí empezaron sus primeros contactos con la equitación, pero el deporte lo comenzó a practicar en Europa, cuando decidió ser olímpica a sus 21 años.

“Empecé a montar caballos de nivel que han sido mis maestros. Monté con grandes jinetes de nivel internacional, de planteles olímpicos. Invertí mi tiempo en callarme la boca, aprender y trabajar muy duro con mínimos recursos. Cada clase que me daban era una oportunidad y las oportunidades son únicas”, explicó.

Llegar a las Olimpíadas de Río fue un camino de extremos sacrificios, que hoy mira para atrás y no se explica cómo lo logró. Cree que responde a su locura, afán y esa voluntad de hacerlo sin que nada más importe.

Hoy. Actualmente lleva dos años viviendo en Uruguay por la pandemia, que la trajo de nuevo a su casa. En 2020 estaba entrenando para las Olimpíadas de Tokio, pero una vez acá se encontró con un mundo nuevo.

Después de 15 años volvió a empezar de cero porque su deporte, en Uruguay, prácticamente no existe.

“Soy una persona que todo el tiempo busca reinventarse, crear un mensaje a las personas para que se animen”, dijo.

Estos días ha estado practicando las paleteadas Criollas, porque hoy se dedica a la comunicación de caballos y, para poder transmitir las emociones con certeza primero, dijo, necesita sentirlas.

De la niña que iba a caballo a la escuela le quedó grabada la libertad.

“Siempre, cuando tengo que hacer algo y no me atrevo vuelvo a la niña que no tiene miedo. Vuelvo a esa niña valiente, que cerraba los ojos para no llorar con los raspajes. Que salió del hospital para cumplir su sueño”, contó.

Meta. Su gran desafío es volver a la pista para representar a Uruguay en los Juegos Olímpicos de París en 2024. La jineta, los caballos y el equipo están, pero falta el patrocinio, la eterna lucha.

“Creo que a la mujer uruguaya le falta animarse a hacer lo que le gusta y sienta realmente. Hay que dar el primer paso, porque las cosas no salen de un día para el otro”, concluyó.

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