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Mujeres todoterreno: las pescadoras de la Laguna

En el pueblito de pescadores de la Laguna de Rocha nueve mujeres dieron un golpe de timón a su vida

Pescadoras Laguna de Rocha
Pescadoras Laguna de Rocha

La pesca es lucha. Es pasar frío, hacer mucha fuerza y sacrificios. Beatriz Ballestero (38 años) pertenece a la quinta generación de la familia Ballestero, una de las primeras en establecerse en el pueblito de pescadores de la laguna de Rocha, que hoy empieza a tomar forma.

Su abuelo, Justo “Tito” Ballestero se estableció allí con su abuela, Blanca Seijas. Sin luz eléctrica y sin agua potable, criaron a sus hijos y se hicieron de sus artes de pesca. Con el tiempo cada cual se fue haciendo su casa, formando su familia.

La pesca es familia, es producción familiar. Cada cual se hizo su embarcación, sus redes y se estableció allí. Todos medios juntos, pero también medios separados.

Cinco generaciones después, y pocos meses atrás, llegó la luz y el agua potable. Con ello llegó también el asfalto en más de medio camino de entrada.

Beatriz tiene dos hermanas y un hermano, y es la mayor de los cuatro. Toda su vida estuvo y transcurrió, para su suerte, allí. Todos se dedican a la pesca artesanal. Literalmente toda la familia y, prácticamente, todo el pueblo.

Pescan casi todo el año: pejerrey, corvina blanca, lenguado, corvina negra, cangrejo Siri. Todos con diferentes métodos y por zafra. No se pesca todos los días de la misma forma. La Laguna siempre da algo y, aseguran, es más fácil que trabajar en el mar. Como es una comunidad muy unida, uno le echa la mano al otro y si se marcaron pescados en un punto es casi obligación comunicarlo al barquito de al lado. Así se manejan y así son.

La comunidad que vive en la Laguna de Rocha son unas 190 personas de todas las edades y de cinco generaciones. Es un pueblo netamente pescador, que disfruta y cuida de su tranquilidad.

El pueblo amanece a las 3 o 4 de la mañana y sale a pescar con frío, con viento o con lluvia. A veces se pasan todo el día en la laguna y llegan de tardecita a preparar el pescado que saldrá a la venta. Hay veces que se pesca de otra manera: de tarde, de noche. Siempre pescan. La tranquilidad del pueblo está atada al respeto de los horarios de pesca, porque se cuidan de los ruidos para no espantar a los peces. Por eso, aseguran que allí “ganamos todos”.

En verano se pone concurrido la zona, pero saben que son esos meses y luego se vuelve a la normalidad. Les gusta que siga siendo así. Hoy son una comunidad más abierta, que interactúa, pero que no se deja contaminar con los nuevos hábitos de la globalidad.

Pescadoras Laguna de Rocha
Pescadoras Laguna de Rocha

La pesca. Si es el pejerrey se levantan las redes caladas a las 3 o 4 de la mañana y a las 8 llegan a la costa, sacan el pescado y lo limpian. Ahí está toda la familia involucrada: hombres, mujeres y niños.

Si es día de corvina blanca se está todo el día pescando, y se vende casi todo el pescado entero.

Hay, además, tres o cuatro mujeres que tienen su propia barca y salen a pescar, independientes de su marido.

Tradicionalmente, primero sale el hombre con la mujer, luego el hombre con el hijo. La mujer sale a la orilla para limpiar los cangrejos y sacar la pulpa, filetear, escamar y, siempre, es la última en entrar a la casa cuando termina la jornada laboral.

“La vida es así criar a los hijos, mandarlos a la escuela. Ahora llegó el progreso y la electricidad, agua potable, Internet. Las necesidades básicas. Los chiquilines van a la escuela, al liceo. Tratamos siempre de mantener la esencia de pescadores artesanales que viven en la Laguna y de la Laguna”, contó a El País Beatriz Balletero.

Cocina de La Barra. Hace siete años, nueve mujeres del pueblo dieron un cambio de timón a su vida y, gracias a los esfuerzos del Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca, hoy viven de su emprendimiento gastronómico: Cocina de la Barra.

Ellas son: Andrea Ballestero (28 años), Natalia Ballestero (36), Elizabeth Huelmo (22), Mariana Fernández (34), Leticia Lobato (41), Paola Ballestero (36), Valeria Ballestero (34), Elba Osano (38) y Beatriz Ballestero (38).

Su vida transcurre en ese vaivén: sacan adelante el restaurante, siguen con la rutina de la casa y pescan.

Rebobinemos algunos años. Con los avances que tuvo el pueblo, el acceso a la laguna fue más atractivo. En 2010 se lo declaró área protegida y comenzaron a aterrizar los primeros turistas.

De las últimas organizaciones que fueron a la Laguna fue el Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca (MGAP) y con él muchos técnicos y asesores que querían empezar a hacer cosas para apoyar a los pescadores.

La Asociación de Pescadores Artesanales de las Lagunas Costeras (APALCO) es de las últimas asociaciones que tienen los pescadores aún vigentes y el Estado quería hacer algo con ella.

Les ofrecieron participar y postularse a uno de sus fondos, que tuviera en cuenta la parte productiva y social, apoyado con técnicos.

La realidad fue que en primer lugar se presentaron, junto a los hombres, para los cultivos de camarón. Eso no se pudo hacer porque requería de estudios con la Dinara (Dirección Nacional de Recursos Acuáticos) y era más complicado… Sin embargo, el MGAP no quería dejar de apoyar a la pesca y propusieron presentar otra cosa. Así surgió, de la mano de cinco mujeres, la Cocina de la Barra.

“En 2010 se creó el área protegida y la gente venía a pasear, pero los turistas andaban perdidos, sin información, no habían servicios ni baños, no habían boliches ni almacenes. La gente estaba unos minutos nada más. Entonces nos pusimos a vender pescado”, contó.

En verano la venta de pescado funciona bien, pero durante el resto del año baja considerablemente. En ese entonces era complicado la venta al turista, porque los compradores de todo el año eran tres y tenían todo el mercado para ellos, pagando lo que querían.

“En la comunidad teníamos bastante complicaciones y carencias y se nos ocurrió crear el parador con el apoyo de los técnicos. Los hombres se bajaron del proyecto y quedamos cinco mujeres que queríamos hacer algo, conseguir cosas para el pueblo”, contó.

Querían emanciparse, tener su entrada de dinero, cuidar la laguna y seguir viviendo ahí. Querían ayudar al pueblo y ayudarse a ellas mismas.

“Se nos ocurrió poner eso. Darle los servicios básicos al turista y resultó algo maravilloso para nosotros. Hoy somos nueve mujeres trabajando y beneficiamos a nuestras familias, al pueblo. La Cocina pasó a ser lo que necesitábamos para organizarnos, para ser más fuertes, para seguir golpeando puertas y pedir lo que nos hacía falta. Nos dio la confianza”, aseguró Beatriz.

Se animaron y pidieron agua potable. Se hicieron sentir.

Laguna de Rocha
Pescadoras Laguna de Rocha

“Es un pueblo sencillo y al pescador no le gusta hacerse notar, hablar o abrirse, pero sabíamos que teníamos algo para ofrecer. Contamos nuestra historia, las carencias, la gente nos apoyó, se hizo conocido el lugar. Pedimos el agua potable, que se arregle el camino, que se mejore el servicio de la camioneta para la escuela. Tuvimos una gran lucha con la electricidad”, recordó.

Por eso, dicen, el restaurante es mucho más que una fuente de ingresos: “Es lo que nos mantiene unidos, con los papeles de la asociación al día, organizadas, somos nueve mujeres que seguimos trabajando con nuestras técnicas, ya no con fondos, pero sí manteniéndose en contacto, nos siguen ayudando intentando mejorar el pueblo, pero manteniendo nuestra esencia: la tranquilidad, porque somos pescadores artesanales”, afirmó.

Y lo lograron porque desde hace algunos meses tienen luz eléctrica, agua potable y más de la mitad del camino asfaltado. Sobre todo lograron lo que más querían que el lugar y su entorno no cambiara: el pueblo sigue siendo de pescadores en su gran mayoría.

El restaurante solo vende pesca de la laguna, la pesca del día. Pudieron, además, levantar los precios de la pesca. Antes, eran dos o tres clientes que compraban todo el pescado y ponían el precio que querían. El restaurante fue creciendo y ganó toda la comunidad.

“Compramos la pesca al mejor precio que podemos pagar, con que nos dé para poder hacer algo para nosotras ya está. El cangrejo Siri se vendía a 200 pesos cuando empezamos, y hoy lo pagamos a 450 pesos el kilo. Ahora el que quiere comprar debe pagar ese precio o más. Además, con la electricidad podemos guardar y refrigerar. Fue muy importante para las nueve mujeres del emprendimiento, pero también para toda la comunidad”, aseguró Beatriz Ballesteros.

Y así pretenden seguir. En su pesca, en su restaurante y en su tranquilidad. No quieren que ningún gobernante les cambie sus ideas. No quieren que llegue infraestructura ni grandes empresarios al lugar, sino que se respete su manera de hacer las cosas y cómo viven.

Pescadoras Laguna de Rocha
Pescadoras Laguna de Rocha

En el agua y la tierra: ahora van por la libreta de conducir

El objetivo que tienen ahora las mujeres de la Barra es sacar la libreta de conducir para tener aún más libertad de la que ya consiguieron. “Ninguna se animaba a aprender a manejar. Tampoco teníamos las condiciones como pagar para aprender. Nos empezamos a entusiasmar porque el Estado nos dio un curso de manejo, ¡con instructor y todo!”, contó Beatriz. Ahora Andrea Ballestero (28 años), Natalia Ballestero (36), Elizabeth Huelmo (22) y Valeria Ballestero (34) ya su tienen libreta de conducir. “Tenemos vehículos, sabemos de la vida exterior, pero cuando volvemos a la comunidad nos gusta nuestro espacio, nuestras horas en familia y estar desconectadas de las ciudades”, concluyó.

Cocina de la Barra
Pescadoras Laguna de Rocha

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