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Faustina Chappe: la artista que pinta a las mujeres del campo para que el Uruguay rural también tenga rostro femenino

Desde San José de Mayo, la artista maragata María Faustina Chappe construyó una obra que rescata la presencia cotidiana —muchas veces invisible— de la mujer rural. Entre pinceles, maternidad y trabajo, su serie de pinturas viajó desde exposiciones locales hasta una colección en Qatar

Faustina Chappe

Hay personas que se sienten incómodas cuando les piden que hablen de sí mismas. Faustina Chappe es una de ellas. Dice que no está acostumbrada a las entrevistas y que incluso le dan un poco de vergüenza. Pero detrás de esa modestia hay una historia marcada por la sensibilidad artística, el trabajo constante y una mirada profundamente conectada con el mundo rural.

Su historia comienza lejos de San José de Mayo, la ciudad donde vive desde hace más de dos décadas. Nació en Carmelo, en el departamento de Colonia, aunque su infancia fue itinerante. El trabajo de su padre, técnico agropecuario, llevó a la familia a recorrer distintos puntos del país.

“Cuando me preguntan de dónde soy, me generan un conflicto”, dice con una sonrisa. “Porque nací en Colonia, viví en Carmelo, en Colonia, en Tarariras, después en Montevideo, después en Melo… Soy del interior, básicamente”.

Ese tránsito por distintas geografías fue marcando su identidad. Aunque vivió también en la capital, siempre sintió que su lugar estaba más cerca de los horizontes abiertos que de las avenidas.

Tras terminar el liceo regresó a Montevideo para estudiar laboratorista en odontología. Se recibió a fines de la década de 1990 y comenzó a trabajar en un laboratorio dental, además de realizar práctica controlada en la Facultad de Odontología.

Su vida parecía encaminada hacia esa profesión, pero los acontecimientos familiares cambiaron el rumbo.

La vida que se arma alrededor de la familia

En el año 2000 tomó la decisión de mudarse a San José de Mayo, donde vivían sus padres. Durante un tiempo siguió viajando a Montevideo para trabajar, hasta que la vida empezó a reorganizarse en torno a la familia.

Se casó, fue madre y su rutina comenzó a girar alrededor de sus hijos.

“Ahí empezó a transcurrir mi vida atrás de los gurises”, recuerda.

Faustina tiene cuatro hijos. Nicolás, de su primer matrimonio —del que quedó viuda muy joven— y luego tres más junto a su actual esposo, Gastón Camy: Joaquina, Gervasio y Gaspar. Al día de hoy también tiene dos nietas: Jacinta y Antonia.

Con la maternidad llegó también la decisión de dejar de viajar diariamente a Montevideo. Desde entonces su vida profesional tomó caminos diversos: primero manteniendo algunos trabajos desde San José, y más recientemente asumiendo otro desafío completamente distinto.

Hoy es responsable de una farmacia en la ciudad, emprendimiento que la llevó incluso a retomar estudios universitarios para poder gestionarla correctamente.

Pero entre todas esas responsabilidades —familiares, laborales y domésticas— había algo que siempre estaba presente: la necesidad de crear con las manos.

Una vocación silenciosa

Desde niña Faustina había mostrado inclinación por lo manual y lo artístico. Participaba en concursos de dibujo en la escuela, se interesaba por talleres de cerámica o por pintar pequeñas cajas de madera. Era el tipo de niña que se anotaba en cualquier actividad donde pudiera crear algo.

Incluso su formación en laboratorio dental tenía mucho de trabajo artesanal.

“Siempre fui muy de lo manual”, cuenta. “Me atraen esas cosas”.

Esa sensibilidad también se manifestó en otros ámbitos. Durante más de quince años integró el grupo Los Lirios Garden de San José, vinculado al diseño floral, otra disciplina donde encontró una forma de expresión.

El arte floral llegó incluso a momentos muy personales de su vida.

“Cuando me casé, hace 25 años, yo misma decoré el casamiento. Hice mi ramo, el tocado… esas cosas me nacen”.

Sin embargo, el momento en que el arte tomó una forma más profunda llegó casi por casualidad.

El regalo que cambió todo

En 2015 Faustina buscaba un regalo especial para el cumpleaños de su marido. Quería algo significativo, diferente, y pensó en un cuadro. Para eso visitó el taller de Mercedes Fuentes, reconocida artista plástica de San José. Mercedes le pidió que llevara alguna fotografía o idea de lo que imaginaba. Faustina apareció con un dibujo propio, apenas un boceto. Cuando la artista vio el papel se produjo una escena inesperada.

-“¿Quién hizo este dibujo?”, preguntó Mercedes.

-“Yo”, respondió Faustina, algo avergonzada.

La artista volvió a mirarlo y fue directa:

-“Entonces el cuadro lo tenés que hacer vos, no yo. Tenés que venir al taller”.

Aquella frase fue el punto de partida. Faustina aceptó el desafío. Pintó ese cuadro —el regalo para su marido— y luego comenzó a asistir regularmente al taller de Mercedes Fuentes.

Así empezó un camino que ya lleva una década.

Durante varios años trabajó en el taller perfeccionando técnicas, desarrollando su estilo y explorando temas. Mercedes Fuentes se transformó no solo en maestra, sino también en una figura clave en su proceso artístico. “Es una persona muy generosa con su arte”, dice Faustina. “Y todavía hoy sigue dándome una mano cuando necesito una opinión”. Aunque hace algunos años dejó de asistir regularmente al taller por cuestiones laborales, el vínculo se mantiene.

Pero el verdadero giro en su obra ocurrió tiempo después, cuando apareció el tema que terminaría definiendo gran parte de su trabajo.

Faustina Chappe

Cuando las mujeres entraron al cuadro

La idea nació de forma casi accidental. La Intendencia de San José organizaba una muestra colectiva de artistas locales para el Mes de la Mujer. Desde una galería de arte donde Faustina enmarcaba sus obras enviaron uno de sus cuadros para participar. Era un jinete a caballo. Cuando ella se enteró, reaccionó con humor: “¿Una muestra de mujeres y mandás un hombre?”, le dijo al galerista. La respuesta fue simple: “¿Y por qué no pintás mujeres a caballo?”

La pregunta quedó resonando. Fue entonces cuando Faustina comenzó a buscar imágenes de mujeres en el campo: trabajando, montando caballos, recolectando fruta, ordeñando, tejiendo, criando hijos. De ese proceso nació su serie Mujeres Rurales.

Las primeras obras fueron escenas simples pero poderosas: una tropilla guiada por mujeres, una trabajadora en la cosecha de frutillas, una madre con su hijo camino al tambo, una jinete recorriendo el campo.

“Son imágenes de lo cotidiano”, explica. “No son mujeres producidas. Son mujeres reales, con vaquero, gorrito, pelo atado… la vida tal cual es”.

Faustina Chappe

Dar visibilidad a lo invisible

A medida que profundizaba en el tema, Faustina empezó a notar algo que antes no había observado con tanta claridad: la enorme falta de visibilidad del trabajo de las mujeres rurales. “Siempre se muestra a la mujer en la cocina, o con los hijos”, dice. “Pero muy pocas veces se la ve trabajando en el campo”.

Ese descubrimiento terminó definiendo el sentido de su obra.

Sus cuadros comenzaron a representar a esas mujeres que trabajan codo a codo con los hombres, pero cuya presencia rara vez aparece en las imágenes tradicionales del campo.

Ingenieras observando una pastura. Jinetas arreando caballos. Trabajadoras de chacra seleccionando fruta. Madres que ordeñan y luego vuelven a casa para continuar con las tareas domésticas. “Donde hay un hombre trabajando en el campo, generalmente hay una mujer también”, reflexiona. Y su pintura intenta mostrarlo.

Las primeras exposiciones

La primera exposición individual de Faustina se realizó en noviembre de 2022 en la Sala Carbajal del Teatro Macció de San José. La muestra se llamó “Primeras pinceladas”. Hasta entonces había participado en exposiciones colectivas, pero era la primera vez que presentaba su obra de forma individual.
Luego llegaron otras invitaciones. En 2023 expuso en el Club Unión de Melo, invitada por la Intendencia de Cerro Largo. Ese mismo año participó en un evento en Soriano donde pintó en vivo. Fue también en ese período cuando comenzó a presentar formalmente la serie Mujeres Rurales. La muestra siguió creciendo. Llegó a reunir más de veinte obras.

La serie despertó interés incluso a nivel institucional. El Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca declaró la muestra de interés ministerial en junio de 2024. Ese reconocimiento abrió otra puerta inesperada.

El MGAP le encargó una obra para el stand institucional de la Expo Prado de ese año. La pintura fue reproducida en una gigantografía de más de ocho metros de largo. Pero la historia no terminó ahí.

Durante la exposición, un visitante extranjero mostró interés particular en la obra. Era el encargado de negocios de Qatar. El diplomático quiso comprar el cuadro. Hoy esa pintura —una escena rural protagonizada por una mujer— forma parte de una colección en ese país.

“Algo hecho por mí está en Qatar”, dice todavía con sorpresa. “Nunca lo hubiera imaginado”.

Una de las cosas que más la conmueve es la reacción de las mujeres del propio medio rural cuando ven sus cuadros. Muchas se reconocen en esas escenas.
Se ven reflejadas. Se emocionan. “Me dicen: ‘Eso soy yo’”, cuenta.

Y no es casual. Porque sus obras no retratan heroínas idealizadas. Retratan escenas simples: una mujer ordeñando, otra juntando frutillas, otra montando un caballo. La vida cotidiana del campo.

Faustina Chappe y el cuadro que viajó a Qatar

El campo como inspiración

Aunque Faustina nunca vivió permanentemente en el campo, el vínculo siempre estuvo presente. Su padre trabajaba en el sector agropecuario. Su marido tiene un escritorio rural. Y durante distintos momentos de su vida estuvo cerca de ese mundo. Pero hay algo más profundo que explica esa conexión.

“El campo me transmite paz”, dice. “Me gusta mirar el horizonte, sentir esa tranquilidad”.

Ese sentimiento se refleja en sus cuadros. Paisajes abiertos. Luz suave. Escenas de trabajo silencioso.

Además de sus exposiciones en San José, Melo y otros espacios culturales, Faustina fue invitada recientemente a mostrar su obra en Agro en Punta, uno de los principales eventos del agro uruguayo. La invitación llegó a través de la Cámara de Comercio y Servicios del Uruguay. Para ella fue una oportunidad enorme. “Es una ventana impresionante para mostrar todo esto”, dice. Más aún en un año en el que el mundo discute el papel de los pastizales, los pastores y la mujer rural.

El sueño pendiente

Hoy Faustina combina su vida entre la familia, la farmacia que gestiona en San José y la pintura. Pinta cuando puede. En los ratos libres. En los silencios que deja la vida cotidiana. Su sueño es algún día poder dedicarse completamente al arte. “Ojalá”, dice. “Si Dios quiere, en algún momento”.

Mientras tanto sigue pintando mujeres rurales. Porque cada cuadro es, en cierto modo, una forma de decir lo que muchas veces no se dice. Que en el campo uruguayo, detrás de cada historia, casi siempre hay también una mujer.

Licenciada en Comunicación por la Universidad ORT (2017) y máster en Dirección de Comunicación Corporativa (2024). Desde agosto de 2020 forma parte del equipo de Rurales El País. Actualmente colabora con la revista de la Asociación Rural y produce el programa #HablemosdeAgro, que se emite los domingos por Canal 10. Además, acompaña a empresas del sector agropecuario en el diseño y la implementación de sus estrategias de comunicación. Anteriormente trabajó como periodista agropecuaria en El Observador y fue productora del programa radial Valor Agregado, en radio Carve.

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