Historias

A porrazos y comiendo tierra: La Criollita que llegó a Brasil

Margarita Gremminger Gaggero representó a Uruguay y demostró todo su potencial en el reality show brasilero, “Mulheres na doma”

A sus 21 años Margarita María Gremminger Gaggero (hoy de 22) participó de una serie de televisión brasilera sobre doma de caballos: Mulheres na doma

Manuela García Pintos

Historias como la de Margarita dejan en claro dos cosas: que por la sangre corre mucho más que oxígeno y nutrientes; y que Yamandú Rodríguez no le erró al decir: “sigue dando Criollos, muy lindos Criollos, el tiempo”, porque claro está, eso sigue vigente.

A sus 21 años, Margarita María Gremminger Gaggero (hoy de 22) participó y representó a Uruguay en el reality show brasilero “Mulheres na doma”. Un programa, de la Sociedad de Criadores de Caballos Criollos de Brasil, que consiste en mostrar el trabajo realizado durante 15 días con los potros.

“El programa muestra la posta de cómo también la mujer está dentro de la doma, porque ya no es solo cosa de hombres”, contó en diálogo con Rurales El País.

Margarita creció en Soriano, su padre (Lucas Gremminger) trabaja hace 30 años en un establecimiento agropecuario de la zona. Sus primeros años transcurrieron en campaña, y como todo chiquilín criado en el campo, el caballo acompañó su niñez, y hoy forma parte de su vida “casi que sin querer”.

Si bien de chica le gustaba la actividad con caballos, reconoció que siempre fue “bastante miedosa”.

De hecho, en su casa nadie acreditó el hecho de que terminara siendo tan fanática de los caballos.

No fue hasta sus 15 años que corrió su primer enduro de Criollos, y ese fue el momento en el que Margarita se dio cuenta de lo mucho que disfrutaba estar en la vuelta del Criollo, siguiendo los pasos de su madre, Inés Gaggero, y de su abuelo, Mario.

“No solo es prepararte y salir a correr varios kilómetros. Uno tiene que estar cuidando al animal, estar pendiente, acompañar el progreso. Ahí fue que despertó la chispa de que eso era lo que quería”, contó.

Al año siguiente de esa prueba, ya con 16, se mudó a Montevideo para terminar el liceo. La distancia hizo que viajar al campo ya no fuera tan sencillo. De todos modos, optó por sacarle ventaja a los kilómetros y estudiar más a fondo lo que hasta en ese momento era su hobbie. Se dio cuenta de lo mucho que disfrutaba conocer la genética de los animales, estudiar los padres. Empezó a acudir a las pruebas de la raza, a hacerse amigos tan fanáticos de los Criollos como ella. Hizo cursos de doma, de entrenamiento.

A sus 20 años, en 2018, falleció su tata. Para homenajearlo, un grupo de criadores de Treinta y Tres sacó adelante una copa campera, una oportunidad “ideal” para comenzar su carrera.

“Me zambullí en esa aventura de entrenar a una yegua para correr esa prueba y, por suerte, mi familia me apoyó. Me consiguieron la potra, ya redomoneada, con la condición de que yo me hacía cargo del mantenimiento en Montevideo porque no podía dejar la facultad (de Veterinaria)”, contó.

Para costear los gastos del centro de entrenamiento, sanidad y, entre otros, herraje, Gremminger comenzó a trabajar de niñera. Estudiaba de mañana y entrenaba de tarde. Trabajaba cuatro o cinco horas cuidando niños para mantener a la potra.

Fue así cómo se preparó y el año pasado corrió su primera copa campera que se hizo en homenaje a su abuelo.

“Fue una experiencia increíble. Me di cuenta que esto no era algo que quería hacer de hobbie o por saber”, contó.

Mulheres na doma. En diciembre del año pasado se comunicó con Valeria Maciel, la conductora del programa -que la conoció hace tres años en una cabalgata-, quien la impulsó a presentarse para la segunda temporada.

“Yo había seguido la primera temporada y me había encantado. Para la segunda querían incorporar una integrante de cada país que conforme la FICC (Federación Internacional de Criadores de Caballos Criollos). Para participar me tenía que postular por Instagram”, explicó.

Había que subir una foto y la producción se encargaba de la selección. “En diciembre me contactaron porque pasé la primera ronda y me dijeron que tenía que hacer un video. Me moría de la vergüenza porque no me conoce nadie, tenía que hablar sobre mí… la dudé bastante. Estuve a punto de no hacerlo, porque eran más las chances de no quedar. Junté valor e hice el video. El 2 de febrero me escribió el productor del programa diciéndome que había quedado seleccionada. Que no podía decir nada, pero que si aceptaba en 10 días tenía que estar en Porto Alegre. Quería participar, era la oportunidad de mi vida y lo que estaba esperando para crecer. Creo que fue media hora que dudé porque enseguida dije que sí”, recordó.

Participantes de Mulheres na Doma

Su familia siempre la apoyó, sobre todo su madre Inés, su “gran compañera” en estas andanzas. Al día siguiente compraron los pasajes y, tras 21 horas de viaje, llegó a cabaña Mapuche, en Pomerode, cerca de Santa Catarina.

Una vez en el lugar y junto con sus ocho compañeras (de Paraguay, Argentina y, sobre todo, Brasil) debieron elegir, mediante un sorteo, a sus potros.

“Me tocó el número tres. Me llamaron y estaban esperando a que entre al brete a elegir mi potro. ‘A preta’, dije. Era una potra oscura que desde que la ví me enamoré. Para mis adentros pensaba que si me iba a caer, o si me pasaba algo, por lo menos que fuera con una buena yegua. Elegí la que más me gustaba, la más linda: grande, de buen porte, oscura tapada. Después de que la elegí consulté un poco sobre los padres, y resultó que la madre era la mejor yegua de la cabaña y el padre era un caballo que mi abuelo era fanático. ‘Este caballo es bueno, este caballo es bueno’, me decía siempre.

Haber elegido una yegua que era la única hija de ese caballo fue ‘pa…’ Puede ser una pavada, pero tata me estaba acompañando”, dijo.

Los potros eran chúcaros, sacados del campo. El trabajo que tenían era de entrar a la manga, le pusieron bozal, le dieron toma y los tusaron.

“Entró mi morocha al tubo, le pongo el bozal, pero cuando voy a montar el caballo para amadrinarla era un padrillo y mi yegua estaba alzada. ‘Dije, bueno, que sea lo que Dios quiera. Ella salió parecía una pantera. Sentí una adrenalina brutal, pero increíblemente no sentí miedo. ‘Esto me gusta’, pensé. Peleó un poco, pero era inteligente. Se entregó enseguida”, dijo.

No fue todo color de rosas, hubo muchos porrazos para las dos y Margarita ligó varios golpes.

“El día antes de la presentación final quise probar y andar con espuelas, pero fue cuestión de segundos que yo estaba tragando arena en la pista. Me volví a subir y seguimos”, contó.

Por sobre todas las cosas, Margarita valoró lo aprendido durante los 15 días del programa. “Me terminé de convencer de que es algo que quiero para mi día a día. En un par de años estoy terminando la carrera y voy a tener más tiempo para dedicarle a esto que quiero sea una profesión, no solo un hobbie”, concluyó.

Representó a Uruguay. “No fui consciente, pero traté de cumplir”

Margarita confesó que nunca fue muy consciente de que con su participación en el programa brasilero representó a Uruguay. De hecho, contó que le tomó tres días saber que estaba en un reality y que la estaban filmando .

“Mis amigos se ríen porque los primeros días de grabación yo estoy así nomás, trabajando. Al tercer o cuarto día ya estaba más prolija porque me cayó la ficha que estaba en Brasil representando a Uruguay”, explicó.

Sí aseguró que trató de dar lo mejor, de ser transparente y mostrar lo que es Uruguay: “Gente sencilla, humilde y que nos caemos, pero nos volvemos a levantar”, contó.

“En Brasil nos admiran mucho. Me decían ‘castellana’, nos tienen mucho cariño y mucho respeto.

Los uruguayos en Brasil, con toda la movida de los Criollos, se han hecho querer y han demostrado que tiene potencial. Me llevó un tiempo darme cuenta que estaba representando a mi país, no me había puesto esa presión. Trate de ser lo más natural posible y de cumplir”, concluyó.

Lucas Gremminger: “El Criollo siempre fue el ámbito de Margarita”

Margarita junto a sus padres, Lucas e Inés.

“Como padres nos impresionó un poco que hubieran seleccionado a Margarita para esto. Si bien ella se ha desarrollado en el camino de los Criollos, por su puesto nos puso nerviosos que se fuera tan lejos a meterse en temas de doma. Cuando nació Margarita vivíamos todavía afuera, en el Curupy. Por un lado se crió entre los caballos, tiene conocimiento y ha estado con la gente de la estancia cuando doman. Pero otra cosa es que ella se metiera a domar. Nos impresionó la visibilidad que tuvo en el programa. Es impresionante la cantidad de gente que lo mira. A los chicos les tenemos mucha confianza, sabemos la educación que tienen atrás, pero como padres nos puso nerviosos que se enfrentará a alguna situación compleja sola y lejos. A los pocos días tuvimos algún Whatsapp, pero no era muy fluida la comunicación. Sabíamos que estaba bien y pasando lindo. Supimos del golpe y nos puso nerviosos. Fue una muy buena experiencia, con una dimensión mucho más grande de lo que nos imaginamos en un principio. Pero verla tan involucrada no me extraña para nada porque siempre fue su ámbito”.