Historias que son cuentos

Le conviene leer esta columna: “así ya salimos de eso y seguimos”…

Si buscáramos en internet la definición de relatividad del tiempo lo primero que encontraríamos sería algo así: De acuerdo con la teoría de la relatividad, la dilatación del tiempo es una diferencia en el tiempo transcurrido medido por dos observadores, ya sea debido a una diferencia de velocidad relativa entre sí, o por estar situado de manera diferente en relación con un campo gravitacional.

Milagros Herrera.

Filosofando, podríamos vincular esta definición con la idea de qué tan rápido pasa el tiempo en el campo… o tan lento según otros “observadores”.

Frases como “es el medio de la nada”, “no hay nada para hacer” o “el tiempo no pasa nunca” podemos oír de aquellos que nunca experimentaron lo que es vivir en campaña, algo similar a lo que dice la definición “debido a una diferencia de velocidad relativa entre sí, por estar situado de manera diferente en relación con un campo gravitacional”. ¿No?

Analicemos lo que podría ser un día común.

Se madruga y mucho, bastante antes de que salga el sol se apronta el mate, cuando el día todavía no se dio cuenta y descansa, es un buen momento para pensar y organizar la jornada. Trabajar a la intemperie, con y contra la naturaleza necesita planificación, se sabe que los imprevistos están a la vuelta de la esquina, o más bien en la primera vuelta que dio el caballo cuando le “voleamos la pata”.

Sin importar la ocupación o tarea que se tenga, la mañana pasa con frio o calor, tranco y tranco, melga a melga, ordeñe a ordeñe. Allí la naturaleza nos desafía: que una vaca caída, que una oveja atracada, que un fierro roto o una pinchadura. Se soluciona lo más rápido que se puede porque así “ya salimos de eso y seguimos”.

Según el rubro, cerca del mediodía se “deja” para aprontar el mate, reflexionar sobre lo hecho en la mañana y volver a ajustar la actividad de tarde. Tiempo justo para almorzar y según la estación del año sestear o no. La mañana rinde como se suele decir, la tarde no tanto, por eso es mejor dejar trabajos más cortos y específicos.

Entre medio, o al finalizar la jornada, si da el tiempo, siempre hay algún repuesto que conseguir, insumos agropecuarios que traer, papeles, carnear, galopear algún potro, tantas cosas…  esas cosas que hay que hacer porque, “así ya salimos de eso y seguimos”.

Pero una jornada rural no siempre se ajusta a los horarios tradicionales urbanos.

Por ejemplo, cuando se cosecha madera en turnos nocturnos, lo mismo que en la agricultura en tiempos de cosecha, o cuando es necesario fertilizar algún cultivo previo a que se venga el agua, aplicar herbicida o fungicidas  y ni hablar cuando el tiempo no acompaña y hay que aprovechar lo que se llama “ventana” para ganarle cada minuto al reloj, al clima, apostando a cambiar la predicción de la cantidad de kilos por hectárea que se transformarán en nuestro ingreso, y en consecuencia el de muchos de esta cadena enorme que genera la producción agropecuaria.

Siempre sujetos al clima, a las estaciones del año y a los momentos productivos, nunca un día es igual al otro. Por esta razón es tan importante tener tiempo de reflexionar, planificar las tareas y solucionar rápido lo solucionable.

Seguramente de allí me quedó la costumbre, que aplicada a la ciudad también es útil, y aunque a veces se vea atropellada por la aparente velocidad urbana, la consigna sigue siendo la misma: “ya salimos de eso y seguimos”. Una simple frase tan oída la entiendo como: soluciono el obstáculo lo mejor que puedo y sigo tras mi objetivo.

El tiempo, según lo que aprendí es un regalo con vencimiento, al que hay que valorar, respetar y aprovechar tanto en lo laboral como en lo personal. Correr todo el día no es sinónimo de eso, aquello de: “galopié tanto una vez y llegué tarde lo mesmo”. Reflexionar y planificar mas allá que es sabido que “el hombre propone y muchas veces el diablo descompone”, si lo es.

Y así, podemos concluir que seguramente el tiempo no pasa tan rápido en la cuidad, ni tan lento en el campo, ya que se hacen infinidad de cosas que traté se resumir en esta simple reflexión, aunque son tantas, que es imposible nombrarlas a todas. El tiempo depende de la observación de cada uno. Como dice la definición y de lo que sea nuestro campo gravitacional, que al fin de cuenta son las fuerzas que nos atraen, nada más y nada menos.