En ese sentido, dijo que “el impacto de la guerra, básicamente del conflicto entre Israel, Irán y Estados Unidos, ha generado un aumento en el precio de los fertilizantes referentes al nitrógeno, y eso impacta también en fósforo y potasio”. Recordó que “en el estrecho de Ormuz y en esa región se produce entre un 31% y un 40% de la urea que se comercializa a nivel mundial”.
En este contexto, el aumento ha sido tan rápido como significativo. “La urea ha ido escalón tras escalón con subas firmes y no se ve que se afloje en el corto plazo”, advirtió Raffo. “La urea azufrada, puesta en el norte del país, subió en torno a 300 dólares por tonelada desde el inicio del conflicto hasta ahora”, pasando de valores cercanos a 650 dólares a aproximadamente 850 dólares por tonelada en pocas semanas.
Frente a la zafra de pasturas, Raffo explicó que en la implantación de praderas el impacto es más moderado, ya que “la suba más abrupta es en el nitrógeno y eso está más asociado a fertilizaciones posteriores más que al fertilizante basal, cuyo incremento ha sido menor, en el entorno de 10% a 15%”. Sin embargo, el ingeniero Santiago Raffo aclaró que “el impacto más duro y más caro es en los verdeos, en avena y raigrás, donde se requiere una fertilización nitrogenada importante”.
A pesar de este encarecimiento, el profesional destacó que “con los valores actuales de la hacienda, una pradera que dura cuatro años o un mejoramiento de campo sigue teniendo una buena rentabilidad, aun con este aumento de costos”. Además, destacó “el uso de la fosforita, que es el fósforo más estable en cuanto a precios, el que menos ha sentido el impacto de la guerra”, explicó.