Ganadería

Sube la temperatura y hay que prevenir estrés calórico

Sombra, agua y tranquilidad son los puntales del éxito.

 

Ganado. El INIA desarrolló una nueva herramienta para poder prevenir el estrés calórico 7 días antes.

Pablo Antúnez

La sequía no sólo provocó falta de forraje, afectó la disponibilidad de agua en algunos predios y eso complica más determinadas situaciones, favoreciendo el estrés calórico.

Las altas temperaturas que se están registrando, demandan que el ganado consuma mayor cantidad de agua.

Hoy el productor tiene una herramienta que le permite prevenir el estrés calórico con 7 días de anticipación. Fue desarrollada por el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y es el Índice ITH, en la página del INIA GRAS. Se calcula el índice de estrés térmico y el ganadero o tambero, tiene la posibilidad de planificar el trabajo con anticipación.

Días atrás, la Dra. Valentina Herrera, técnica del Instituto Plan Agropecuario (IPA), explicó al programa institucional cómo se registra el estrés calórico y cómo se previene.

“El ganado se estresa cuando se saca de su zona de confort, como con un cambio de ambiente o lote, cambio de alimentación, arreo, encierro, etc. El animal para superar ese estrés usa su energía”, explicó.

“Esa energía, en una situación normal, estaría destinada a producir, en este caso, la usa para adaptarse a ese estrés”, agregó. El primer concepto es que el estrés calórico produce mermas en la producción y hay suficientes trabajos técnicos que así lo prueban. A su vez, es un tema clave dentro del bienestar animal, tan demandado por los mercados.

¿Cómo se registra?

“Cuando el animal no puede lograr mantener un equilibrio en su temperatura corporal. Los bovinos regulan su propia temperatura corporal entre los 38 y 39, temperaturas por encima de 25 granos ambiente y 70% de humedad, empiezan a desencadenar mecanismos para bajar temperatura y mantener equilibrio térmico”, explicó la veterinaria del IPA.

Herrera sostuvo que las pérdidas productivas se registran porque el animal deja de comer. “Lo primero que hace es dejar de comer, porque la misma energía del rumen le genera calor.

Luego aumenta su temperatura corporal y su frecuencia respiratoria por encima de lo normal. Entre 30 y 40 respiraciones por minuto es lo normal, pero puede llegar hasta 120 por minuto (jadea). Lo que hace producir una pérdida de energía mayor a la normal”, detalló.

“Estamos en un momento en el que el animal usa más energía para regular su temperatura y deja de comer. Ese es un balance negativo de energía que nos puede llegar a producir pérdidas graves”, dijo la especialista del IPA.

El animal afectado, ante el estrés calórico “llega a triplicar la ingesta de agua”, comentó Herrera.

Los técnicos recomiendan mover los animales en la tardecita y si se trabajara en las mangas a la mañana, juntarlos la tarde anterior. “Cuando empieza a apretar el calor, los animales deben estar tranquilos a la sombra”, aclaró la especialista.

Otro punto clave es la alimentación de calidad. “Estamos en un momento donde el animal deja de comer y precisa más requerimientos, hay que darle suplemento energético como afrechillo de arroz o pasturas de mayor calidad. Hay que tratar de que siempre estén a la sombra”, insistió Herrera.