La inversión en maquinaria agrícola volvió a retroceder durante 2025 y cerró el año con una caída interanual del 5%, acumulando así tres años consecutivos de descenso, de acuerdo con el Índice de Inversión en Maquinaria Agrícola (IDIMA), elaborado por Carle & Andrioli Contadores Públicos a partir de los valores de importación de tractores, cosechadoras y sembradoras registrados por la Dirección Nacional de Aduanas. El ajuste se dio en un escenario de precios internacionales bajos para los granos, aun cuando la producción agrícola alcanzó niveles récord gracias a la expansión del área sembrada y a rendimientos elevados en la última campaña.
De acuerdo con el Índice de Inversión en Maquinaria Agrícola (IDIMA) —un indicador que mide la evolución de la inversión a partir de los valores importados de tractores, cosechadoras y sembradoras—, en 2025 la inversión cayó 5% interanual, acumulando tres años consecutivos de baja, luego de los descensos registrados en 2023 y 2024.
El informe detalla que durante 2025 se importaron equipos agrícolas por US$ 190 millones, levemente por debajo de los US$ 194 millones del año anterior. En términos de índice, el IDIMA se ubicó en 115,9 puntos, frente a 121,7 en 2024, tomando como base el año 2009.
El retroceso de la inversión se dio en un gran año de desempeño productivo. La campaña agrícola 2024/25 cerró con un incremento del 20% en las toneladas producidas, impulsado por una combinación de expansión del área sembrada (+8%) y altos rendimientos, favorecidos por condiciones climáticas positivas.
La superficie agrícola superó las 2,4 millones de hectáreas sembradas, uno de los valores más altos de la serie histórica, mientras que la soja registró rendimientos 35% superiores al promedio histórico, según los datos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) citados en el informe.
A pesar de este desempeño, los precios internacionales continuaron en niveles bajos. El índice de precios de los cereales de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) cayó 4% en 2025, acumulando una baja cercana al 30% respecto a los máximos de 2022.
Uno de los indicadores del informe es la inversión en maquinaria por hectárea sembrada, que en 2025 se ubicó en US$ 78, lo que representa una caída del 10% interanual y un nivel 41% inferior al registrado en 2022, cuando los precios agrícolas eran significativamente más altos.
Si bien el estudio destaca que en el último quinquenio se logró aumentar el stock de maquinaria agrícola, la baja reciente refleja una mayor cautela en las decisiones de inversión por parte de los productores, en un escenario de rentabilidad ajustada.
Durante 2025, las cosechadoras pasaron a ser el rubro de mayor valor importado y mostraron un leve crecimiento del 2%, mientras que las importaciones de tractores cayeron 11% y las de sembradoras bajaron 5%.
En cuanto al origen de los equipos, cerca del 80% de la maquinaria agrícola importada provino de Brasil, Estados Unidos y Europa, de acuerdo con los registros de la Dirección Nacional de Aduanas utilizados para la elaboración del IDIMA.
El informe también señala una desaceleración en el crecimiento del crédito al agro. Según datos del Banco Central del Uruguay (BCU) citados en el documento, los préstamos bancarios al sector agropecuario crecieron 2% en 2025, por debajo del ritmo de años anteriores. La tasa de morosidad del sector se ubicó en 1,3%, levemente superior a la del año previo, pero en niveles considerados bajos.
De cara a la campaña 2025/26, el informe de Carle & Andrioli advierte que el contexto sigue siendo desafiante. Se proyecta una reducción del área agrícola de entre 2% y 5%, con descensos en los cultivos de invierno y una menor producción total, estimada entre 10% y 15% por debajo de la zafra anterior.
En ese escenario, la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (OPYPA) estima que el Producto Bruto del agro podría caer cerca de 6% en 2026. Según el informe, este contexto de precios bajos, menor rentabilidad y costos presionados por el tipo de cambio no genera condiciones para una recuperación de la inversión en maquinaria agrícola en el corto plazo, a pesar del potencial de las nuevas tecnologías disponibles.