Rurales El Suplemento

“Nada podemos esperar sino de nosotros mismos”

Es un año para procurar poner los números en orden.

Soja en manos de productor.

Por Fimix Agrofinanzas. 

Estamos a nada de la cosecha, en algunos casos puntuales ya empezando a meter las máquinas en las cabeceras de las chacras para ir probando humedad, etc. Otros ya arrancaron las primeras trillas. De no mediar lluvias inoportunas de último momento, debería confirmarse excelentes rindes, salvo en algunos casos de soja de segunda sembradas fuera de fecha óptima (resembradas, poblaciones desparejas, etc).

Por lo tanto, para la ecuación de ingreso total (IT), el componente cantidad (Q) estaría asegurado (IT = P x Q). Por el lado del precio (P) estamos en los menores valores en, por lo menos, los últimos 3 años. Las 2 veces que los precios subieron y superaron los US$ 400/ton fue, cuándo no, por aspectos climáticos. Las lluvias en cosecha en abril de 2016 y la gran seca en el verano de 2018, llevaron a los precios a alcanzar esos valores. El motivo: no había producción disponible y de calidad. Efecto escasez.

Entonces, para separar tantos, hay que recordar que suele compensarse el efecto de la falta de uno con la del otro. Generalmente, si aumenta la cantidad, baja el precio y viceversa.

El problema, a resolver entonces, hoy en día es el precio.

Ventas del productor. Se dice en el mercado, que el productor está muy poco vendido. Cuando en general a esta altura ya vendió alrededor del 60-70% de su producción, este año ese no parece superar el 5%. Por lo menos, unas 12 veces menos del promedio para la época.

Si bien es cierto que el 5% está vendido, hay que separar lo vendido, de lo comprometido. ¿Cómo es esto? El 5% (puntos más, puntos menos) está vendido y con precio o prima, esto es así.

Sucede que hay otra cantidad que se encuentra comprometida, desde la zafra pasada. El último año fue nefasto para la producción agropecuaria en general y para la agrícola en particular. Considerando que riesgo climático que la producción a cielo abierto implica, la agricultura tiene la particularidad que los ciclos son mucho más cortos que los de la ganadería y la lechería por ejemplo. En otras palabras, hay menos tiempo para recuperarse de los avatares climáticos.

Esto viene a cuento porque muchos agricultores que habían vendido por adelantado parte de su producción (lo que se conoce como forward) se vieron afectados en el rinde que terminaron obteniendo. Si alguien había comprometido el 30% de su producción, por ejemplo, ni siquiera llegó a poder cumplir con un parte. En otras palabras, un agricultor que planeaba obtener 2 mil kilos por hectárea, comprometió 600 kilos anticipadamente. Hasta acá, lo de todos los años. El problema fue que la zafra 2017/18 barrió con el año promedio. Algunos ni siquiera llegaron a obtener 300 kilos. Con la venta de 600 kilos, quedaron vendidos en más del 100% de su producción. En otras palabras, quedaron debiéndoles a los compradores.

Ejemplos como éste fueron la regla y no la excepción. Entonces, quienes financiaron a los productores (bancos, vendedores de insumos, compradores de granos) tenían la alternativa de ejecutar las garantías o, algo más sano y para no quedarse con las manos vacías, podían proponer diferir la deuda y obtener el compromiso del volumen de la zafra siguiente. Lo que en términos técnicos sería refinanciar la deuda.

Este año, parecería entonces que la producción va a estar. Pero antes de llegar al silo gran parte de ella ya tiene dueño y es el comprador o financiador. Se trata de soja sin precio (que en algún momento lo tendrá), pero con dueño.

Es como el contrato de hipoteca que se guarda en la caja fuerte del banco. Soy dueño de mi casa (capaz del baño) pero otro lo es más que yo (de los cuartos, la cocina y del resto de los ambientes).

El mercado de soja en Uruguay se rige por precios o primas (descuento respecto al precio del contrato de referencia de Chicago). Éstos actúan como señales que moderan o amplifican las expectativas. Dicho de otra forma: cuando el descuento es muy alto (primas largas) los compradores no tienen interés en comprar. Cuando el descuento es menor (primas cortas) hay avidez por conseguir soja.

Entonces, si hay alrededor de 60% del volumen total que ya tiene dueño, quedaría 40% por ponerle precio (o para vender en el mercado). Por lo que se acercaría bastante a la relación histórica de ventas a esta altura del año. Ese 60% todavía sin precio o prima fijados, sí está comprometido para mandarse a determinada planta de silos. Mientras el mercado de Chicago no levante y considerando el volumen que ya está descontado es del comprador, no habría mayores estímulos para quien compra a salir a ofrecer más por aquello que abunda en plaza.

Qué hacer entonces. Sacar cuentas, meter todos los costos operativos (incluyendo renta por arrendamiento) y llevar los costos a US$ por tonelada. Si vendemos en esta unidad, es lógico calcular costos en la misma unidad (US$/ton) de forma de poder saber si el precio que nos pagan cubre, o no, esos costos (matemática simple). Primero hacerlo para el volumen que nos quede libre de compromisos, lo que también permitirá calcular el precio equilibrio, para la soja que ya comprometimos. En resumen, para saber si el precio al que tengo que fijar la soja que por contrato deba entregar, está por encima o por debajo del punto de equilibrio.

Si vendo la soja en US$ 300/ton, el físico en Nueva Palmira, cobro, pago las cuentas y reservo US$ 6/ton para comprar un seguro a la suba en Chicago a US$ 338/ton, esperando porque este mercado levante. Lo que vendí en Uruguay, descontado el precio del seguro (300-6= US$/ton 294), es mi precio real. Al 5 de abril, el contrato julio’19 cotiza en Chicago a US$/ton 335. Por lo que, subiendo US$/ton 3 o más, empiezo a ganar con la suba.

Si la soja en Chicago sigue subiendo, yo sigo ganando todo lo que Chicago suba, pues ya desconté el precio del seguro. Si la soja baja, mi precio piso en Uruguay no va a bajar de US$/ton 294 para el volumen equivalente. Es importante, siempre, tener definido el precio de ejecución del seguro en Chicago (venderlo), para asegurar el margen.

Es un año para procurar poner los números en orden, en la medida de lo posible. Esperar subas de Chicago, pagando mientras tanto las cuentas y no apretando el grano en el silo, con costo financiero por tener que salir a pagar sin vender. ¿O cuánto estoy dispuesto a dejar que baje el precio en Palmira para vender todo?

Todo está en la planificación, organización, ejecución y control. Mucho número y poco corazón. Esto es un negocio, es por plata. Pero el planificar y ser frío como el acero para ejecutar puede dejarnos más cerca de poder defender nuestro negocio y, no menos importante, poder seguir dedicado a la producción agropecuaria, la mejor profesión del mundo.