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Pizarras y pluviómetros

El 2023 será un año más exigente para los agronegocios y no solo por la sequía. Uruguay quedó con costos altos en 2022 y no será fácil revertirlo. Pero avanzar más despacio no es retroceder.

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Bajó la inflación en EEUU (gráfica) y se prevé allí que la tasa de interés tenga aumentos menores a lo previsto. Esto ha dado espacio a una baja del dólar y un aumento en el precio de las acciones y de varios productos, incluyendo el oro, el petróleo y también los productos del campo.

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Así, el fortalecimiento del dólar frente al resto de las monedas principales del mundo está teniendo una corrección: el euro -que había quedado a la par del dólar o incluso por debajo- ahora cotiza en 1,08 US$/Euro, y el yuan chino -muy relevante pues China es el principal destino de nuestras exportaciones- ha recuperado buena parte de lo perdido el año pasado (gráfica).

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Para que la inflación internacional no se colara del todo en los precios locales el Banco Central subió la tasa de interés (quedó en 11,5%) y bajó el tipo de cambio. Así, el dólar fuerte que se dio en 2022 en el resto del mundo, por Uruguay no pasó: el billete verde bajó más de 10%, lo que con una inflación de 8,3% anual derivó en una suba de los costos internos en dólares de casi 20%.

Y puede presumirse que esto no se revertirá con una apreciación significativa del dólar: ahora que la inflación en EEUU ha cedido y su moneda se muestra más floja, las proyecciones de la mayoría de los economistas apuntan a que el dólar en Uruguay acompañará la inflación este año 2023.

El escenario deja entonces a la economía uruguaya encarecida en términos internacionales y más aún regionales. La temporada turística da algunos indicios: después de años de pandemia, la llegada de turistas se normaliza y los destinos están con muy buen movimiento. Pero también es masiva la salida de uruguayos al exterior, en especial a Argentina aprovechando el dólar blue. No se puede subestimar la fuerza de los precios relativos.

Así las cosas, el trabajo sobre los costos y la competitividad será paso a paso y caso a caso. Por ejemplo, en combustibles.

Producir es un boleto.

Con este juego de palabras hemos analizado más de una vez el tema del gasoil y el subsidio al transporte colectivo que incluye en su precio. A partir de enero se decretó una baja importante en los combustibles que seguramente colaborará para bajar la inflación a corto plazo aquí en nuestro país. Con la baja el gasoil se descuelga de los máximos en que estuvo durante varios meses (gráfica).

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Sin embargo, hubo un convidado de piedra: con bastante sentido de oportunidad política, el gobierno decidió aumentar el subsidio al transporte colectivo al tiempo que bajó el gasoil (cuadro). No pasó mucho tiempo para que los arroceros y otros voceros de la producción plantearan que la baja podría haber sido mayor si no hubiera aumentado dicho subsidio.

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Vale aquí un sinceramiento, porque era inevitable el ajuste al alza de este subsidio: su valor había permanecido sin modificación nominal desde 2018 (cuadro), en parte para no aumentar costos durante la pandemia. El transporte colectivo venía complicado ya antes de la pandemia, pero ésta le dio un golpe durísimo y -si bien la crisis sanitaria está superada- la venta de boletos no se ha recuperado totalmente. Con el aumento, el subsidio (a través del fideicomiso que lo gestiona) sube su recaudación anual de 80 a 120 millones de dólares. A su vez, la Intendencia de Montevideo elevó el precio del boleto llevándolo en términos reales a los niveles pre pandemia. El transporte urbano de Montevideo se lleva cerca del 40% del subsidio total y el resto se reparte entre otros departamentos y en el transporte interdepartamental.

Lo que sí puede discutirse es la política de precios de combustibles y su carga tributaria. En cuanto al ajuste de precios, luego de algunos tropezones iniciales el mecanismo de ajustar por Precio de Paridad de Importación está funcionando bien y es transparente. Su comienzo coincidió con el salto en el petróleo y -con buen tino- las subas en el PPI no se trasladaron. El mecanismo es una orientación, no una regla absoluta.

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En cuanto a la carga tributaria y el subsidio cruzado al transporte colectivo, éste se originó con la sustitución del Imesi del gasoil por IVA, incorporándose además ésta alícuota. Así, el subsidio quedó sostenido por el consumo de gasoil, es decir -principalmente- por al agro, que lo usa directamente en los campos (tractores, cosechadoras, etc.) y para transportar toda la producción (madera granos ganado etcétera). Sería razonable, al menos, pensar en repartir el subsidio entre nafta y gasoil.

¿Por qué los combustibles tienen una carga de impuestos tan alta? Obviamente hay una necesidad de recaudación, pero también la idea subyacente de que -en la medida que Uruguay no tiene petróleo- tiene que introducir mecanismos que desestimulen el consumo. Es una idea entendible, pero no parece funcionar: por un lado, aumenta los costos de la producción y transporte; por otro, no ha logrado desestimular el uso urbano del automóvil, que está en auge (y compite con el propio transporte colectivo, aún subsidiado). Parece razonable buscar cambios.

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Durante algunos periodos (años 90 y también en los años finales de la segunda administración de Tabaré Vázquez) se decidió que el precio del gasoil fueran sensiblemente inferior al de la nafta; Pero esto trae algunas complicaciones porque de cada barril de petróleo se produce la misma cantidad de gasoil que de nafta y -si los precios son distintos- las cuentas de ANCAP se complican.

Así, el Uruguay sigue con los combustibles más caros de la región y el agro tiene que trabajar con ellos. Es difícil, pero más difícil aún si no llueve.

Lo importante y lo urgente.

Los asuntos económicos y los costos exigen un análisis permanente. Pero hoy el campo está en vilo porque si no llueve más y pronto, las consecuencias podrían ser graves. El año pasado las tormentas llegaron sobre la hora, como en una película con final feliz (aunque la seca golpeó igual). Este año la situación es aún más grave y no se junta humedad suficiente como para que -cuando hay un cambio de presión- caiga buena agua. Los modelos climáticos dicen que La Niña se va en febrero, pero puede ser tarde. Uruguay no es la excepción: Argentina está en situación crítica y producirá menos soja. Brasil, por el contrario, está con lluvia de sobra y tendrá la cosecha sojera más grande de la historia (gráfica).

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En nuestro país la lechería está seriamente afectada y los cultivos están en vilo. Los ganados aguantan como pueden y los feedlots están casi vacíos. Y la producción de frutas y verduras también reciben el golpe, que devolverán con precios siderales, si esto no cambia. Nunca valió tantos dólares la próxima lluvia.

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