Opinión

Las raíces de los árboles

Cuando el presidente Tabaré Vázquez fue elegido por primera vez, en el año 2004, prometió que temblarían “hasta las raíces de los árboles”. Más que temblar, esas raíces siguen creciendo, generando riqueza, inversión y empleo. Si no ha sido más, es por problemas que van más allá de los bosques…

Por el Ing. Agr. Nicolás Lussich.

Luego de una ardua negociación el gobierno y la empresa UPM firmaron en 2017 un Contrato de Inversión para encaminar la construcción de una nueva planta de celulosa, que se ubicará en la zona de Paso de los Toros. El acuerdo compromete al gobierno a construir una línea férrea de alto desempeño que conecte la planta con Montevideo, de lo contrario el proyecto no es viable. Dicha línea -denominada Ferrocarril Central- tuvo un avance clave esta semana, al concretarse la presentación de tres ofertas para construirla, en el marco del llamado internacional que hizo el MTOP en régimen de Participación Público Privada (PPP) (ver cuadro).

Esta modalidad implica que el constructor hará la inversión y luego se cobrará en la medida que esté efectivamente disponible para su uso (pago por disponibilidad). El Estado no puede financiar la obra (no hay recursos fiscales), por lo que los constructores deberán conseguir financiamiento por su lado.

Es una obra compleja, pues se hace sobre un trazado ya establecido, pero que tendrá correcciones y agregados (desvíos, nuevos puentes, tramos de vía doble, etc.), para lo cual se han hecho ya múltiples expropiaciones. Se estima un monto total de inversión mayor a los US$ 800 millones.

Las garantías que da el Estado uruguayo a través del MTOP son las mismas que en otras PPP y hay limitaciones: algunos constructores pedían garantía soberana, pero esto implicaría reconocer un compromiso futuro que anota como deuda para el país, comprometiendo su calificación financiera. Por otra parte, los pagos máximos comprometidos en los pliegos (tanto en la PPP como en obras civiles conexas) eran demasiado bajos para los cálculos de algunos interesados.
En cualquier caso, tres ofertas es un número razonable para arrancar el proceso.

Se analizarán las propuestas desde el punto de vista legal y técnico, y -si se cumplen los requisitos del llamado- en 30 días se abrirán los sobres con las ofertas económicas, en base a las cuales se hará una adjudicación provisoria: resta establecer luego el financiamiento, lo que puede dar lugar a negociaciones y eventuales demoras. El ministro Rossi señaló que las obras deberían comenzar luego de la próxima licencia de la construcción, en enero de 2019. Insumirán, se estima, unos 3 años, de forma que -si se cumplen los plazos- terminarán en simultáneo con la construcción de la planta.

Hay premura porque UPM exige que el Ferrocarril Central esté suficientemente avanzado para tomar la decisión de construir la planta, decisión que se tomará en 2020 (el contrato con el gobierno vence en febrero de ese año, cuando termina su período). El propio ministro y los actores vinculados al tema dan la planta como un hecho, lo que constituiría la consolidación de Uruguay como país productor de celulosa.
Pero hay cuentas pendientes en otros rubros del sector forestal.

Un sector, dos realidades

Las exportaciones forestales están mostrando un impactante avance en lo que va de este año, con un incremento del 50% medido en dólares. En buena medida esto se debe al aumento en el precio internacional de la celulosa, aunque también aumentan las exportaciones de aserraderos (a partir de una nueva inversión chilena en Tacuarembó) y las exportaciones de madera bruta (rolos) a China (ver gráfica).

Pero los datos esconden dos realidades diferentes.

Mientras la producción de celulosa sigue avanzando “a todo tren”, la producción de madera sólida (tablas, tableros, molduras) está en problemas. Este subsector forestal requiere abrir más mercados, energía a costos razonables y una política laboral enfocada en la productividad, cosas que los últimos gobiernos no han logrado.

Por tanto no es de extrañar que, al analizar las exportaciones forestales, la celulosa predomine: los proyectos celulósicos tienen una escala que compensa las trabas de competitividad que impone Uruguay, entran a China sin aranceles y -además- tienen beneficios tributarios (en especial, las Zonas Francas).

En cambio, en los aserraderos, plantas de tableros, etc., configurar todas esas ventajas ha sido difícil, a pesar de que los mecanismos de promoción de inversiones ayudan.

Aun así, algunas empresas se las han ingeniado para mantener y aumentar la producción de madera sólida, que mantiene potencial. Además, en el último año se ha expandido la exportación de rolos de madera “en bruto”, para que sea procesada en otros países (principalmente China, cuándo no…). Como el ganado en pie en la ganadería, estas ventas expresan el buen potencial productivo del sector y arbitran precios entre productores e industria; pero también son síntoma de los problemas de competitividad del Uruguay al momento de aplicar empleo (trabajo local) en la producción agroindustrial. De hecho, parte de esas exportaciones de rolos son cosechas de montes de pinos que serán sustituidos por Eucaliptus para celulosa…

La OPP y Uruguay XXI están haciendo interesantes trabajos para superar esta situación. Hay oportunidades en nuevos materiales, energía, biocombustibles, etc.. Pero sin políticas de competitividad horizontales, que apliquen a toda la economía, la tarea será difícil.

A 30 años de iniciada, la política forestal se confirma como estrategia virtuosa, con impacto profundo y de largo plazo: aumento de exportaciones, desarrollo descentralizado (el nuevo ferrocarril abre nuevas oportunidades de para el centro y el norte), inversión, empleo, energía, etc..

Cuando el presidente Vázquez fue elegido por primera vez, en 2004, prometió que temblarían “hasta las raíces de los árboles”. Más que temblar, esas raíces siguen creciendo, generando riqueza, inversión y empleo. Si no ha sido más, es por problemas que van más allá de los bosques.

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