Arnoldo Larrosa nació en 1928 en Aceguá, Cerro Largo, en la estancia La Hormiga, propiedad de su padre. “Ahí nací yo”, dijo con orgullo. En 1942, cuando tenía 14 años, su familia dejó el norte para instalarse en Cuchilla Juan Gómez, octava sección de Lavalleja, a pocos kilómetros de Mariscala. “Mi padre era de Lavalleja y pidió volver. Llegó un 25 de abril y un 25 de abril, 17 años después, regresamos”, recordó.
Allí, entre pastos serranos y amaneceres fríos, comenzó su vínculo definitivo con el campo. “Mi padre me regaló dos ovejas Merino cuando tenía once o doce años”, contó. Ese fue el principio de todo. “De ahí en adelante siempre tuve ovejas”.
Hasta mediados de los años ‘50, Larrosa criaba ovejas Merino. Pero una sugerencia cambiaría el rumbo de su vida productiva: “Fue don José Gambetta, criador de Corriedale en Durazno, quien me vendió 12 ovejas viejas de pedigree y 35 borregas. Ese fue el inicio del plantel, allá por 1956. Setenta años van a ser ahora”. Desde entonces, el Corriedale se volvió parte de la identidad familiar. “El Corriedale es 50% lana y 50% carne. Conservamos el esqueleto, pero bajamos la finura para mejorar el precio de la lana”, explicó. Hoy sus animales rondan las 23 a 24 micras.
La cabaña Doña Elisa. El legado familiar tomó forma en la Cabaña Doña Elisa, nombre elegido “en honor a mi madre, Elisa”, contó Arnoldo.
Allí, junto a sus cuatro hijos -Daisy, Néstor, Beatriz y Betty- y a la par de su compañera Angélica, ahora también con sus nietos, la familia Larrosa siguió apostando por la raza. “Néstor está al frente hoy. Lleva un estricto control del plantel. Y Andrea y Paula, una de mis nietas, siempre anda entre los corrales”, dijo con una sonrisa que le ilumina el rostro curtido.
Setenta años de exposiciones. La primera vez que participó en el Prado fue en 1982. “A los 26 años de haber arrancado el plantel”, recordó. Desde entonces, Doña Elisa fue nombre habitual en las planillas de premiación.
“En 2002 ganamos el primer Gran Campeón del Prado. Después vinieron algunos más”.
En 2014, la cabaña alcanzó un hito y dijo enumerando de memoria: Gran Campeón Puro por Cruza, Reservado Campeón PI, Campeón Carnero Adulto, Mejor Vellón PO y Mejor Vellón Industrial y alguno más que no me acuerdo. En 2022 volverían a obtener el Gran Campeón y Reservado Gran Campeón PI, confirmando que el trabajo de décadas seguía rindiendo frutos.
La raza y su futuro. Arnoldo habla del Corriedale como de un viejo amigo: “Es una oveja muy productiva, con buen color, bien rizada. Mantenemos un 40% de mellizos. Por eso se va a mantener en el tiempo. Los muchachos jóvenes siguen criando Corriedale; es parte de la historia del país”.
Para él, el futuro de la raza está asegurado.
“Va a seguir afinando, capaz que llegue a 21-22 micras, pero sin perder estructura. No se puede cruzar con otras razas finas; el Corriedale tiene su identidad y los mercados lo prefieren”.
Arnoldo Larrosa encarna la historia viva de la ganadería uruguaya. Habla de los años, de los campos, de los hijos que siguieron el mismo camino, y de una vida guiada por la constancia.
Desde aquellas dos ovejas que le regaló su padre en Cerro Largo hasta los carneros premiados en el Prado, su historia resume el espíritu de una raza y de un país. “Yo ya tengo 97 años”, dijo con humildad. “Pero mientras pueda, voy a seguir mirando las ovejas. Son parte de mi vida”.
Este artículo fue publicado en el Anuario por los 90 años de la Sociedad de Criadores de Corriedale del Uruguay, como parte del reconocimiento a quienes construyeron, con trabajo silencioso y visión de largo plazo, la historia de la raza en el país. La trayectoria de Arnoldo Larrosa no solo refleja el crecimiento de una cabaña, sino también el pulso de una tradición productiva que se sostuvo generación tras generación, en un mismo paisaje de sierras, inviernos duros y constancia familiar.
Cuando Arnoldo proyecta el futuro, lo hace con la misma claridad con la que recuerda el pasado. A los 97 años, su frase final tiene la fuerza de una definición: mientras pueda, seguirá mirando las ovejas. Porque en ese gesto simple -mirarlas- está resumida una vida entera, y también una parte importante de la historia del Corriedale en Uruguay.
Un homenaje en páginas: 90 años Corriedale
Este artículo fue publicado en el Anuario por los 90 años de la Sociedad de Criadores de Corriedale del Uruguay, como parte del reconocimiento a quienes construyeron, con trabajo silencioso y visión de largo plazo, la historia de la raza en el país.
La trayectoria de Arnoldo Larrosa no solo refleja el crecimiento de una cabaña, sino también el pulso de una tradición productiva que se sostuvo generación tras generación, en un mismo paisaje de sierras, inviernos duros y constancia familiar.
El Anuario Corriedale, publicado en diciembre con motivo de los 90 años de la Sociedad de Criadores de Corriedale del Uruguay, reunió en una misma edición el recorrido institucional de la raza y las historias humanas que la sostuvieron en el tiempo.
Con un enfoque que combina memoria, producción y proyección, el material funciona como testimonio y como homenaje: un documento pensado para dejar registro de una construcción colectiva que atravesó generaciones, campos, exposiciones y transformaciones del país.
En sus páginas, el anuario no solo repasa hitos técnicos y logros en pistas, sino que también pone en primer plano a los criadores que hicieron del Corriedale una identidad productiva y cultural.
En definitiva, el Anuario Corriedale no es solo una celebración de los 90 años de la Sociedad de Criadores: es una forma de agradecer, de recordar y de proyectar.
Porque detrás de cada foto, cada dato y cada testimonio, late la misma certeza que atraviesa a los criadores desde siempre: el Corriedale no se hereda únicamente en los papeles, se transmite en el trabajo diario, en la familia y en esa mirada al campo que, como decía Arnoldo, acompaña toda una vida.