Historias que son cuentos

Un país de gente que “echa pa delante”

A días de la mayor muestra agro comercial e industrial del país, es bueno recordar que ya hubo otras “Expos complicadas”.

Milagros Herrera.

La exposición del Prado, para todos los que estamos vinculados de alguna manera al agro, es parte de algo casi natural que ocurre año a año.

Sin dudas moviliza a mucha gente, en campaña a los cabañeros, cuidadores, veterinarios, expositores y en las ciudades a muchísimos comerciantes de todo tipo, medios de prensa y escritorios rurales que se preparan para los grandes remates.

Desde el propietario de la empresa del rubro que sea, hasta el más raso de los empleados, se enfocan en dar lo mejor.

Tenemos el orgullo como país de ser los únicos en América, y posiblemente en el mundo, que vamos a disfrutar “responsablemente” de una Exposición Internacional de Ganadería y Muestra Agro Industrial y Comercial. ¿Será que estamos acostumbrados a echar para delante?

Revisemos la historia.

Cuentan que la idea de exponer los productos del trabajo surgió en el lejano 1860, bajo el gobierno de Bernardo P. Berro quien se haría cargo de los premios, a saber: 2 medallas de oro y 8 de plata. Pero con tan solo un inscripto y poco interés del entorno, quedó en la nada.

Doce años después, la Revista de la Asociación Rural publicó un artículo contando sobre exposiciones nacionales e internacionales, proponiendo una vez más realizar una Exposición Nacional en la capital para diciembre de 1874. Pero nuevamente la crisis de aquel momento (año terrible) volvieron a postergarla.

Llegan años de paz y la idea de esta exposición incansablemente reclamada en distintos artículos de la revista de la ARU parece ver la luz. El Gobierno del momento vota 20.000 pesos para su realización, pero poco tiempo después, cambia de idea y destina este dinero para que Uruguay participara en la Exposición Continental que se realizaba en Buenos Aires.

Echando siempre para delante, aquellos expositores vuelven de la vecina ciudad con 28 medallas de oro, 66 de plata, 91 de bronce y 126 menciones honoríficas. Con estos resultados, queda más que demostrado que estábamos preparados para nuestra propia Exposición.

Y así lo sigue pregonando la revista de la ARU con artículos que dicen, por ejemplo: “No hay país medianamente civilizado donde no se celebren estas fiestas del trabajo, tan fecundas para el progreso y engrandecimiento de los pueblos. Éstas, según los fines que se tienen en vista, revisten un carácter internacional, nacional o simplemente local y son especiales o generales”.

“…Una Exposición puede compararse a un examen, en el cual las comisiones examinadoras son representadas por jurados competentes encargados de estudiar y abrir juicio sobre cada uno de los objetos expuestos, para poder con toda equidad discernir los premios y recompensar a los productores que verdaderamente se hayan hecho acreedores a ellos”.

Fue recién durante la presidencia de don Domingo Ordoñana en la ARU que se logró por fin materializar la primera Exposición Nacional.

Echando para delante una vez, más y solo contando con los recursos propios de una gremial, en junio de 1883 se resolvió llevarla a cabo “a como dé lugar”.

Dos cosas fueron fundamentales para lograr contar con los productos a exponerse: conseguir de las empresas fletes ferroviarios de ida y de vuelta gratis, y una rebaja en la navegación fluvial ya que en aquella época para el litoral era clave.

Así, un primero de octubre, en lo que es hoy la Plaza de los Treinta y Tres, se levantó un pabellón y varios galpones divididos en boxes. Con el auspicio del Estado se inauguró la Primera Exposición Nacional.

Aquella exposición fue distinta a lo que hoy estamos acostumbrados, había muestra de animales felinos, productos de granja, e incluso se trasladó  un museo donde se exhibían lanas, semillas, maderas y minerales.

Fue tan rotundo el éxito que el presidente de aquel momento, el Gral. Máximo Santos prometió que su gobierno se haría cargo de los gastos de la siguiente muestra.

Pero, una vez más, la Exposición por distintos motivos no pudo realizarse al año siguiente. Fue un año después, en 1885 con sede en la Estación del “tram-vía” y ubicada en lo que era la Villa de la Unión que se dio la segunda Exposición Nacional y Feria Ganadera financiada solo por la ARU y contando tan solo con el apoyo “moral” del Gobierno.

Aunque se vio la superación en cantidad y calidad de animales de la segunda muestra, llega el año 1890 con tremenda crisis económica que impide la continuidad de las exposiciones durante 10 largos años.

A pesar de esto, el objetivo seguía en pie, la Tercera Exposición tenía que ser un mojón en la historia del país para afirmar de una vez por todas su existencia e importancia. Para ello, era fundamental contar con una gran cantidad de público, por lo que debía estar situada en un lugar extensible. Así, se eligió la llamada Plaza de Armas, ubicada en la Av. 18 de Julio, entre Ejido y Santiago de Chile.

Cuentan que fue espectacular, un enorme pabellón central, rodeado de jardines, un acuario y varios pabellones más chicos, un poco más alejado los galpones para los animales, un lavadero de ovejas y una pista circular para pasear los animales. Hasta se instalaron generadores  de vapor para poner en marcha la maquinaria agrícola que se exponía. De esta manera, un 10 de marzo del año 1895 frente a una enorme concurrencia de público y casi 1.000 expositores de distintos rubros se declaró inaugurada la tercera Exposición.

Claramente quedó demostrada su importancia. Los siguientes años se continuaron las Exposiciones-Ferias en distintos puntos del país, hasta que en 1906 Montevideo vuelve a ser la anfitriona del evento contando esta vez también con jurados extranjeros. Después de tantos años de esfuerzos, recién a partir de 1908 las Exposiciones Nacionales en la capital adquirieron por fin carácter permanente.

Y llegamos el 25 de agosto del año 1913 cuando la gran Exposición-Feria Ganadera encuentra su lugar definitivo en la Rural del Prado donde continúa realizándose hasta la actualidad.

Pasó casi medio siglo desde aquella primera idea frustrada hasta que la Exposición Nacional en la capital quedó como permanente, y más de un siglo desde que llegó al predio actual al día de hoy.

Entre medio… miles de dificultades, crisis económicas, falta de apoyo, de reconocimiento etc. Complicaciones y obstáculos que seguramente  hicieron que la valoremos lo suficiente como para no abandonarla, incluso en un año tan excepcional como este. Aprendimos, todos.

Pa delante, siempre pa delante, o como dice el presidente de la Republica: para delante todo lo posible, para atrás todo lo necesario.

Así es que, en esta Expo Prado 2020 tenemos una buena oportunidad para demostrar, una vez más, que a pesar de las dificultades podemos demostrarnos a nosotros y al mundo que somos un país de gente que “echa pa delante”.

Fuente y fotografías extraído del libro “125 años de historia de la Asociación Rural del Uruguay”.