Historias que son cuentos

Las nubes seguirán pasando… el azul quedará

Milagros Herrera.

Hace casi un año escribía en estas mismas páginas sobre la Asunción Presidencial.

Aquel artículo comenzaba diciendo: “Entre las nubes que pasan y el azul que queda, se siente la Patria…”.

Mi experiencia vivida aquel 1 de marzo del 2020 fue inolvidable.

Lo normal sería decir “¡parece mentira que ya paso un año!”, pero en este caso no. Es que pasaron tantas cosas y dejaron de pasar tantas otras, que parece muy lejano aquel domingo cuando amanecimos temprano con mis hijos, cargamos recados, y rumbeamos para el predio de la Rural del Prado llenos de emoción.

Cuando los dejé con gente amiga aposté a que, al recorrer las calles de Montevideo de a caballo entreverados con otros orientales, al oír el primer: “¡viva la patria!”, se emocionaran hasta el alma y aprendan ese sentimiento Nacionalista que a veces escasea y tan bien nos hace a todos los uruguayos.

Ese mismo sentimiento que afloró en mi cuando, gracias al privilegio de presenciar la ceremonia de cerca, hizo se me llenaran los ojos de lágrimas al oír el Himno Nacional interpretado por la famosa barítona dentro del impresionante Palacio Legislativo. O cuando sonaron las palabras: “Queda usted envestido en calidad de Presidente de la República…”.

Aquel primer discurso de nuestro Presidente me dejó muchas reflexiones, desde el punto de vista político, pero más importante aún desde el punto de vista humano.

“Somos una gran Nación construida por mucha gente de muchas ideologías aun antes de ser Estado”, dijo y en lo primero que pensé fue en aquellos inmigrantes que llegaron desde lugares tan distintos, con tan distintas culturas e ideas, a hacer Patria, en busca de libertad para tener un futuro mejor.

“Somos herederos de una larga historia y tenemos la responsabilidad de cuidarla y continuarla”. Y reflexioné sobre la democracia, por supuesto, pero también sobre la historia de nuestro país. Tan dependientes de nuestros vecinos, pero con la consigna siempre de la libertad desde muy temprano. En aquellas batallas por la independencia o luchas civiles. Que, hoy miradas a la lejanía, catalogamos de poco civilizadas, pero no por eso hay que dejar de ver al hombre en el momento.

“A un país, a nuestro país, lo hace grande su gente”. “Nos negamos a que esta nueva etapa sea cambiar una mitad de la sociedad por la otra, la unión es lo que nos piden los uruguayos”, también expresó, y con esas palabras representó por lo menos para mí, el espíritu Nacionalista.

Cuando todo terminó, fui en busca de mis hijos. De vuelta miles de anécdotas y la inevitable pregunta “¿qué fue lo que más los emocionó?”.

Ambos contestaron: la gente… las caras de la gente, los gritos de la gente.

Pensé que una vez más mi trabajo de madre estaba hecho.

Se sintieron parte del país, de este país que yo no me canso de admirar y que espero que ellos aprendan a hacerlo y valorarlo.

Y que, en otro tiempo y por ende con otras herramientas, como aquellos primeros inmigrantes o como aquellos soldados de la revolución o del gobierno, busquen siempre su libertad.

Pocos días después llegó la pandemia y con ella una enseñanza para todos a la que no estábamos acostumbrados “libertad responsable” en su más cruda expresión. En estos últimos meses logré entender su importancia más que nunca. No existe la libertad sin responsabilidad, es que es en esta última en que todo se basa.

Así es que, a casi un año de aquel 1° de marzo, y más allá del tinte político que cada uno le quiera poner, queda claro que heredamos una gran Nación, con una larga historia, formada por gente de distinta ideología, y que, si seguimos buscando la libertad para tener un futuro mejor, basándonos en la responsabilidad en todos sus sentidos, las nubes seguirán pasando y el azul quedará.