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OPINIÓN | Por qué el campo (argentino) no tiene la culpa de que suban los alimentos

“Estas formas de expresarse ante el sector generan desconfianza e incertidumbre porque dan una idea, ante la sociedad, de que “los del campo algo habrán hecho mal y hay que castigarlos” cuando, en realidad, el campo no hizo más que producir”

Por Matías Amorosi, analista de mercados y gerente de AZ Group

LA NACIÓN (GDA) | “Si el campo no entiende, voy aumentar las retenciones y a establecer cupos para las exportaciones”, dijo recientemente el presidente Alberto Fernández con una mirada con malos ojos hacia el sector agropecuario, que intentaba demostrar que los productores estaban procediendo mal.

Estas formas de expresarse ante el sector generan desconfianza e incertidumbre porque dan una idea, ante la sociedad, de que “los del campo algo habrán hecho mal y hay que castigarlos” cuando, en realidad, el campo no hizo más que producir.

Los empresarios agropecuarios son iguales a cualquier otro empresario; no tienen intención de perjudicar a nadie. Trabajan para generar bienes que luego necesitan comerciar en los mercados. Así, un comerciante no es formador de precios, salvo que tenga una escala enorme.

Si se analiza el sector agrícola, se ve rápidamente que está formado por infinidad de empresas que son tomadoras y no formadores de precios en los mercados. Por su naturaleza, no pueden generar ningún efecto importante sobre las cotizaciones. El precio lo forma el libre juego de muchos actores que conforman la oferta y la demanda. Los mercados -Chicago, las Bolsas- generan una cotización según ambas fuerzas, y el productor, como empresario, puede tomar la decisión de vender o no vender a ese precio, pero no más que eso. Es un proceso igual al que el que se da con la formación del precio de bienes no agropecuarios -sillas en Mercado Libre por ejemplo- en función del valor que tiene el producto disponible para vender en cualquier empresa de la Argentina.

Por esta razón no se debería decir “si el campo no entiende voy a aumentar las retenciones o a establecer cupos a las exportaciones”. Es una expresión muy violenta que no considera que el agropecuario es el sector que más aporta a la sociedad entregando alimentos para su subsistencia y recursos a la caja del Estado para ayudar al resto de la comunidad. Amén de que la actividad tiene una presión impositiva superior al 60% entre retenciones, impuestos nacionales provinciales y municipales, que supera lo que paga cualquier otro comerciante.

De nuevo, rumbo al fracaso. Intervención en los mercados, retenciones y cupos son medidas que se han probado en el pasado y no han funcionado ni para contener el precio de los alimentos ni para aumentar la producción. Son medidas nefastas, anacrónicas. Con más retenciones no cambia la dinámica comercial del productor; los agricultores no van a vender más o menos por esa medida. Lo que cambia es la recaudación, que aumenta.

En ese sentido, el dato mata al relato: las estadísticas demuestran que los productores están vendiendo fluidamente la cosecha 2019/20. Y si no vendieron más es porque el Gobierno no hizo mucho para solucionar los problemas gremiales, como paros de camioneros, inconvenientes en los puertos, etc.

También hay que considerar que las amenazas desde el Gobierno determinaron que los exportadores se retiraran del mercado y que los productores no pudieran vender. Los exportadores no compran por la incertidumbre y desconfianza que generan los dichos del Presidente y por la actitud intervencionista que se quiere imponer en los mercados.

Finalmente, hay que aclarar que el sector agropecuario vende toda su producción todos los años. Puede ser un mes antes o un mes después, pero no deja de vender. No se puede guardar la soja o el trigo eternamente porque tienen un período de almacenaje limitado.

En síntesis: con un aumento de retenciones, con cupos a las exportaciones o con otras medidas intervencionistas no se va a generar mayor oferta de granos ni se va a reducir el precio de los alimentos. Se logrará lo contrario: que la actividad agropecuaria primero se frene y luego se paralice, como ya se vio en el pasado.