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Un año para demostrar las fortalezas

Un negocio que comienza a ser promisorio genera un exceso de oferta que revierte la situación del mercado, los precios caen y los márgenes se vuelven nulos o negativos

Rafael Tardáguila
Rafael Tardáguila

Con la expectativa de aprovechar los precios históricamente altos de los cerdos tras el desplome de la población porcina como consecuencia de la epidemia de peste porcina africana, más de 2 millones de pequeños productores chinos ingresaron al sector en el último año, uniéndose a los alrededor de 20 millones de granjas de pequeña escala, junto con otras 16 mil empresas grandes que también comenzaron a operar en el sector, en muchos casos por primera vez. El objetivo era claro y muy tentador: aprovechar los históricamente altos precios de los cerdos en el mercado tras el desplome de la producción porcina en ese país, de unos 20 millones de cabezas entre 2018 y 2020.

La situación generó el efecto obvio: un exceso de producción que derivó en un desplome en el precio de los cerdos, con números negativos para las granjas que generaron preocupación en el gobierno quien, ahora, en lugar de promover el regreso al rubro para amortiguar la suba de las cotizaciones, recomienda a los granjeros deshacerse de las cerdas menos productivas.

Lo que sucedió es algo muy usual. Un negocio que comienza a ser promisorio genera un exceso de oferta que revierte la situación del mercado, los precios caen y los márgenes se vuelven nulos o negativos.

En la producción agrícola suele suceder lo mismo. Cuando los precios de un grano son altos, los agricultores se entusiasman y redoblan la apuesta para el año siguiente, con un aumento del área. El asunto es que muchos productores toman la misma decisión en todos los principales países productores. Por lo tanto, si el año es bueno desde el punto de vista productivo, de un déficit pasa a haber un exceso de producción y los precios caen.

Y en la interrelación de los distintos rubros pasa algo similar. Durante el boom agrícola, muchos productores de la zona núcleo y algunos un tanto más alejados desarmaron instalaciones, quitaron alambrados y focalizaron su producción en la rotación de cultivos. Claro, se hacían números en base a los precios que habían alcanzado la producción agrícola y la ganadera y las diferencias eran tentadoras para concentrar la actividad en la primera.

Pero, como se decía, son muchos quienes toman decisiones similares -no es que importe tanto a nivel país, que es tomador de precios y su volumen no tiene influencia en los precios de los productos- y las relaciones de precios vuelven a cambiar, haciéndose nuevamente más atractiva la alternativa productiva que, en aquel momento, “había pasado de moda”.

Ir persiguiendo a la moda suele no ser una decisión acertada, porque se suele ir detrás de lo que es más atractivo, pero, cuando se llega, el mejor momento ya pasó. Muchos recordarán lo que fue el furor de las canchas de paddle en el país allá por la década de los años 1990. Comenzaron a aparecer como hongos, por todos lados; se desarmaron canchas de tenis y fueron sustituidas por canchas de paddle, frontones que pasaron a tener el mismo destino, así como canchas de fútbol 5, entre otros predios. Era un furor. Todos tenían -teníamos- su paleta de paddle y se organizaban partidos semanales o con más frecuencia aún. No era fácil encontrar cancha y estas siguieron apareciendo por todos lados.

Pero en cuanto comenzó a pasar la moda, empezaron a quedar horas libres en canchas, también por todos lados; el negocio se volvió difícil y rápidamente los números se tiñeron de rojo y, así como habían aparecido las canchas, comenzaron a quedar sus esqueletos, algunos de los cuales todavía se pueden ver en Montevideo.

Quienes aparecieron primero habrán aprovechado parte del momento de furor, pero para muchos el negocio no debe haber sido atractivo en ningún momento.

El problema es tomar una decisión de largo plazo mirando la coyuntura. Por más tentadora que esta sea, se corre el riesgo de que, cuando se llegue, la situación ya haya cambiado. Volver de la agricultura a la ganadería, por ejemplo, no es una decisión fácil, ni tampoco lo es la opuesta. Implica tiempos relativamente largos e inversiones importantes.

Las regiones agrícolas en Uruguay suelen ser de excelente potencial ganadero. Allí es donde se dan las posibilidades de alternar entre ambos rubros. Pero, en principio, parece una decisión acertada mantener una pata en cada uno, enfatizando distinto la presión de una de ellas cuando la coyuntura lo amerita, pero sin dejar de lado la otra porque, con toda seguridad, en dos o tres años aquella coyuntura cambie y es mucho mejor tener la posibilidad de reaccionar rápidamente. Armar un sistema de producción coherente con lo que son las condiciones del predio y sacarle el máximo provecho de forma sustentable, mirando fijo el mediano y largo plazo y solo de reojo las coyunturas.

De lo contrario, se corre el riesgo de ir siempre detrás de la zanahoria sin nunca llegar a alcanzarla. Les pasó a muchos de los que hicieron canchas de paddle 30 años atrás, les pasó a muchos productores de cerdo en China y les pasó también a muchos productores ganaderos, luego agrícolas, luego nuevamente ganaderos, siempre llegando tarde a aprovechar los mejores momentos del mercado.

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