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Los kilos extraídos de la ganadería serán récord

Es difícil un año tan colmado de récords como este 2021. Esperemos que no pase como con 2006, que se mantuvo 15 años sin ser superado. Esperemos que 2021 sea un escalón en la senda de crecimiento de la ganadería uruguaya y que en no muchos años más —seguramente no será en 2022, pero pronto— se siga el camino hacia los 3 millones de vacunos faenados.

Rafael Tardáguila
Rafael Tardáguila

Es posible que, cuando se pase raya a este año tan nutrido de récords, se sume otro que hasta el tercer trimestre era impensable: que se supere la faena de 2006, cuando ingresaron a planta 2,59 millones de vacunos. Los números actuales parecen indicar la posibilidad de que se pueda estar por encima, aunque no hay todavía certezas. Lo que es un hecho es que la cantidad de kilos ingresados a plantas de faena será récord, porque los animales son significativamente más pesados que en 2006, unos 40 kilos más los novillos y poco más de 50 kilos las vacas.

Por lo tanto, la producción de carne en el país será récord, lo que permitirá —a su vez— un volumen récord de exportaciones. Como si esto fuera poco, el valor medio de exportación también alcanzó niveles nunca vistos, por lo que el ingreso de divisas por concepto de exportación de carnes también transita por niveles inexplorados y es uno de los grandes responsables del imponente impulso exportador de este año, algo tan imprescindible como crucial en momentos en que otros sectores de la economía, pandemia mediante, sufren como nunca.

Además, así como los kilos en pie que ingresan a planta serán récord en 2021, lo mismo se puede decir de la extracción total. No solamente salen animales para los frigoríficos, también se exportan en pie. En 2006 esta corriente comercial no era muy significativa (fueron 54 mil cabezas), pero sí lo fue en 2018, cuando salieron la friolera de 420 mil. Estos, sumados a los 2,34 millones de animales que se faenaron, acumularon una extracción de 2,76 millones de cabezas.

En este 2021, por más que la exportación en pie crecerá a unas 190-200 mil cabezas, no llega a la mitad que en aquel 2018. De todas formas, es una cantidad significativa que ayuda a que, sumado a la faena, la extracción se acerque a ese registro de 2018.

Pero sucede lo mismo que en la comparación con la faena de 2006: los terneros exportados son mucho más livianos que los novillos y vacas que ingresan a faena; por lo tanto, la cantidad de kilos que salen del sistema, sumando faena y exportación en pie, no cabe la más mínima duda que será récord. Se estima en unos 1,27 millones de toneladas de peso vivo (en pie), 82 mil toneladas más (6,9%) que en 2018.

El dato habla a las claras de la capacidad que ha tenido la ganadería uruguaya de aprovechar las excepcionales circunstancias del mercado internacional este año. Nunca se habían llegado a vender novillos provenientes de pasturas a US$ 4,75-4,80 ni vacas a US$ 4,50-4,55. El aliciente por el lado de los precios fue bien aprovechado por la producción ganadera que aceleró el engorde y envió a faena incluso categorías que, en otras circunstancias no hubieran tenido ese fin; vacas preñadas, por ejemplo, o animales no del todo terminados que igual se vendían para aprovechar la oportunidad.

El año 2019, cuando se habían dado los anteriores precios récord, no se había podido aprovechar de la misma manera, porque la oferta era relativamente exigua. Se faenaron 2,31 millones de vacunos, de los cuales solo 1,02 millones eran novillos. Habían sido muchos los terneros machos que se habían exportado en pie entre 2016 y 2018 (algo más de un millón), lo que mermó la disponibilidad de animales de esta categoría para faena en 2019 y 2020. La exportación en pie cayó de forma abrupta en 2019 y 2020, a poco más de 100 mil por año, por lo que la amplia mayoría de los terneros quedó en el país y se terminó como novillos.

El lector que sigue asiduamente estas columnas tendrá claro que de ninguna manera se cuestiona lo beneficiosa que ha sido la exportación en pie para la ganadería uruguaya en el largo plazo. Fue una de las políticas que promovió el desarrollo del sector, al dotarle de una mayor seguridad a la cría, el eslabón de la cadena que no tiene a quién traspasarle bajos precios de venta. Pero, más allá de ello, es un hecho incontrastable que generó un faltante de animales terminados en los años siguientes a la abultadísima salida de animales en pie en 2016-2018, con la obvia complicación para el sector frigorífico.

Es difícil un año tan colmado de récords como este 2021. Esperemos que no pase como con 2006, que se mantuvo 15 años sin ser superado. Esperemos que 2021 sea un escalón en la senda de crecimiento de la ganadería uruguaya y que en no muchos años más —seguramente no será en 2022, pero pronto— se siga el camino hacia los 3 millones de vacunos faenados.

Para ello se deberá seguir reduciendo la edad de faena (mejorando la cría, la recría y el engorde), que ya está en mínimos históricos de 30 meses, de manera de permitir que la pata criadora del rodeo siga ganando en proporción y que se produzcan más terneros, tanto por una mayor cantidad de vacas de cría como por un aumento en la tasa de destete. Y para que esto suceda lo único que se precisa es un precio de venta que estimule el negocio, apuntalado por una mejor inserción en el mercado internacional mediante acuerdos con los principales demandantes. Lo bueno es que se va en ese camino, primero con China y luego, quizás, con Estados Unidos. Como dijo el presidente Lacalle, tener tratados de comercio con las dos grandes potencias del mundo sería “el sueño del pibe”.

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Son 54 años de identificación y compromiso con un sector decisivo y vital de la economía de Uruguay. Un sector pujante y vigoroso que provee a la humanidad de carne de la más alta calidad surgida de la producción totalmente natural, que es valorada por los mercados más exigentes del mundo, así como diversos cultivos -de la soja al arroz- que encuentran gran demanda en diversidad de naciones. El 31 de mayo de 1968, El País estableció las bases de su Sección Agropecuaria, que se tradujo en páginas en sus ediciones cotidianas y un suplemento que reflejaron las opiniones, inquietudes, problemas y soluciones de los hombres y mujeres que son protagonistas, desde el amanecer de cada jornada, de la actividad agropecuaria, una labor que no admite pausa porque los tambos deben remitir todos los días la leche a las plantas elaboradoras, debe atenderse la alimentación y otros aspectos del ganado en los campos y cuidar los cultivos que siempre están sometidos al azar de las condiciones climáticas.
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