Clima / Ganadería

Uruguay avanza a una ganadería aún “más verde”

Al tiempo que en el mundo se cuestiona a la ganadería, los productores uruguayos demuestran lo contrario

En el país ya se trabaja para implementar prácticas de Ganadería Climáticamente Inteligente

Manuela García Pintos

Cerca del 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en Uruguay responden al sector agropecuario y dentro del mismo, el ganadero vacuno, es responsable del 62% del total de emisiones. Si a esto se le suma la situación del cambio climático y el incremento en las opiniones negativas sobre el consumo de carnes rojas, hace que este sector sea estratégico para comenzar acciones de mitigación.

La economía uruguaya depende en gran medida de sus exportaciones de carne, sobre todo vacuna.

Según datos del Instituto Nacional de Carnes (INAC), en 2019 se faenaron más de 2,2 millones de bovinos, se exportaron más de 330 mil toneladas de carne de esta especie a un valor que superó los US$ 1,8 mil millones. Por lo tanto, Uruguay, un país en donde hay cuatro vacas por persona, tiene trabajar para cambiar la imagen que la ganadería tiene en el mundo. Y así lo está haciendo.

El proyecto Producción Ganadera climáticamente Inteligente y Restauración del Suelo en Pastizales Uruguayos, o Ganadería y Clima, plantea contribuir a enfrentar los desafíos del sector ganadero a través de un enfoque integral que abarca la mejora de la productividad y la sostenibilidad de los establecimientos ganaderos del país.

Mediante la ayuda de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y el financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, el programa apunta a aumentar la productividad a través de prácticas climáticas inteligentes.

Mitigar el cambio climático y restaurar tierras degradadas, al tiempo de aumentar la producción de carne en establecimientos ganaderos y, por lo tanto, incrementar los ingresos de las familias productoras, manteniendo los costos de producción, es a lo que apunta este proyecto.

“Sabemos que es posible producir más y a la vez cuidar el medio ambiente”, señaló Soledad Bergós, coordinadora nacional del proyecto Ganadería y Clima.

¿Cómo lo hacen? Rotando el ganado para que el pasto siempre esté largo, sincronizando las preñeces de las vacas y mejorando la dieta de los vacunos son algunas de las estrategias que los productores han implementado para mitigar el impacto del ganado en el cambio climático. Es decir, hay conciencia del problema y se trabaja en pos de solucionarlo.

Por el elevado stock vacuno y ovino, en relación a la baja cantidad poblacional, el sector ganadero es uno de los principales responsables de los GEI.

Por eso, la reducción de las emisiones directas e indirectas, el secuestro de carbono en praderas y bosques, la reversión de los procesos de degradación de la tierra en 35.000 hectáreas de pastizales naturales son algunos de los beneficios ambientales globales que se espera de este trabajo.

“El proyecto mide las emisiones que se generan a nivel de los predios al inicio y al final y se los compara a través de las diferentes prácticas para distribuir las emisiones. También se mide el secuestro de carbono en pastizales, hay poca información sobre esto y, de hecho, el proyecto apunta a generar información nueva”, dijo Bergós.

Soledad Bergós, coordinadora nacional del proyecto Ganadería y Clima.

En primera instancia se viene trabajando intensamente en comprender cómo funciona el sistema, porque para poder generar cambios sustanciales y duraderos hay que cambiar el sistema en su conjunto.

“Esperamos un aumento en la producción de carne, un aumento en los ingresos netos, una disminución en los GEI y haber podido medir secuestro de carbono en pastizales”, agregó.

El proyecto promueve el incremento de la producción de campo natural y acompasar los requerimientos energéticos del rodeo con la curva estacional de producción de forraje.

De esta manera se logra destinar la mayor parte de la energía consumida hacia la producción de carne en lugar de mantenimiento.

Además, las tecnologías y prácticas promovidas se basan en el conocimiento y requieren de una capacitación, pero son de bajo costo, no incrementan la carga de trabajo para las personas y tienen alto impacto en indicadores relevantes de los sistemas.

Viento a favor. Una ganadería climáticamente inteligente es aquella capaz de aumentar la productividad de una manera sostenible, reducir la vulnerabilidad climática y reducir las emisiones brutas o netas (emisiones menos secuestro) o por unidad de producto.

En ese sentido, Uruguay tiene características que favorecen a una ganadería climáticamente inteligente.

De hecho, hoy se da una suerte de conjunción de intereses en tener una ganadería que juega a favor del ambiente, ambientada en que los consumidores y los mercados internacionales así requieren y porque también “es posible producir sin aumentar los problemas ambientales conservando la biodiversidad”.

“Uruguay tiene una gran oportunidad en este momento, cuando en el mundo se está cuestionando mucho a la ganadería. A su favor, Uruguay tiene una ganadería que no deforesta a diferencia a otros países, y eso hay que mostrarlo. Tiene muchas oportunidades, que pueden visualizarse a través de proyectos como este que brindan datos objetivos de la realidad nacional que es posible tener una ganadería con valor agregado ambiental”, concluyó.

Gestión del campo y del pasto como punto de partida de todo proyecto

Graciela Betizagasti es integrante del programa e interviene en él como productora agropecuaria. Trabaja en Salto, en zona de basalto superficial con producción de terneros y corderos. Su objetivo es aumentar la cantidad de animales por hectárea a partir de una producción que se trabaja desde hace muchos años a nivel familiar.

“Cuando apareció el proyecto me interesó mucho, porque utilizar las nuevas herramientas era el interés de la familia. Nuestro objetivo es claro: la mayor producción de kilos de carne por hectárea afrontando los cambios climáticos y sin afectar el medio ambiente. Era todo lo que calzaba en el proyecto”, dijo.

Lo primero que se hizo fue estudiar los métodos de producción que llevaban a cabo hasta ese momento para fijar sus fortalezas y debilidades, los problemas y las virtudes dentro de su establecimiento.

A partir de ese momento se planteó el objetivo de cómo llegar al nivel esperado de producción. Para eso, hay varios puntos en los que están trabajando, entre ellos, el monitoreo mensual de la cantidad de pasto y el estado corporal de los animales, controlando por categoría, por especie, por recría a todo nivel, etc.

La gestión de los campos es un punto clave del proyecto, porque una pastura en buen estado contiene más carbono y, por lo tanto, compensa las emisiones que produce el ganado.

Uruguay forma parte de una de las áreas de pastizales naturales más extendidas y más productivas del mundo. De hecho, mientras que en el planeta solo el 8% de la superficie total está cubierta por pastizales templados productivos, en nuestro país equivalen a cerca del 50% del territorio, por lo que es necesario reconocer su valor.

Según un documento elaborado por el proyecto Producción Ganadera Climáticamente Inteligente y Restauración del Suelo en Pastizales Uruguayo, los pastizales proveen una serie de servicios ecosistémicos de fundamental importancia para la sociedad, como producción de alimentos y fibras, regulación climática, almacenamiento de agua, formación de suelos, control de la erosión, recursos genéticos, provisión de hábitats y ciclado de nutrientes.

La productividad del pastizal, generada por fotosíntesis, es la materia prima del sistema productivo ganadero extensivo en Uruguay.

Entonces, conocer cuáles son y cómo actúan los factores que afectan esa productividad vegetal del pastizal es imprescindible para manejarla en el largo plazo.

En el establecimiento de Betizagasti los técnicos también colaboran en la toma de decisiones con el respaldo de las nuevas herramientas, como las ecografías de preñez, los tiempos de entore, la revisación de toros y de carneros, las formas de hacer los destetes, la identificación de vacas aptas para entores y las no preñadas.

En ese sentido, la productora contó que se hicieron cambios en la carga del predio, disminuyendo la cantidad de lanares y aumentando los vacunos.

A su vez, se implementó un correcto y asiduo control en la sanidad de la hacienda.

En cuanto a los resultados productivos, señaló que aún no los tienen (el programa comenzó a inicios de 2020) dado que el ciclo, entre que salieron de una forma de trabajo y adoptaron una nueva, no se ha cerrado.

“Aún no hemos llegado a ver la cantidad de terneros que salen este año, que es lo que trabajamos durante todo el año. En julio o agosto, cuando nazcan, veremos cuántos terneros más van a nacer y cuántas ovejas más vamos a sacar”, señaló.

Resultados alentadores: el diagnóstico de los predios

El proyecto Ganadería y Clima finalizó el proceso de diagnóstico de los 62 predios participantes, en cuatro zonas del país, relevando datos económicos, productivos, sociales y ambientales desde julio 2017 a junio 2020.

Santiago Dogliotti, coordinador de las acciones en territorio del proyecto y profesor de la Facultad de Agronomía de la UdelaR, contó que los establecimientos reflejan similitudes en tamaño, estructura y funcionamiento con los predios ganaderos, sobre campo natural.

Santiago Dogliotti, coordinador de las acciones en territorio del proyecto.

Sobre el ingreso neto, sostuvo que la producción de carne equivalente y los costos totales explicaron la mayor parte de la variación en ingreso neto familiar. En tanto, el porcentaje de área mejorada mostró correlación significativa y positiva con la producción de carne, pero no con el ingreso neto familiar, ya que también se correlacionó positivamente con los costos totales.

Por lo tanto, en muchos predios el área mejorada no resulta en incrementos de la producción que compensen el aumento de los costos que generan.

Se informó que el sobrepastoreo es el principal problema ambiental detectado y en la mayoría de los predios se presentó un buen desempeño ambiental.