Ganadería / Rurales El Suplemento

Un año para mostrar las fortalezas

No solamente el precio del gordo ha logrado situarse en niveles relativamente favorables para el ganadero, el ternero también. El sector ha demostrado sus fortalezas incluso en un año tan desafiante como es el corriente.

Novillos en el campo. Foto archivo El País.

Rafael Tardáguila | [email protected]

Quién hubiera imaginado que, a un año con precios récord para la ganadería de carne y mercados extremadamente firmes, le iba a seguir otro tan desafiante como este 2020 que está transcurriendo. No quiere decir que las cotizaciones no sean de razonables a buenas, ni que no haya posibilidades de colocar lo que se produce. Pero la situación es bien distinta a lo que, con las cartas que había sobre la mesa hacia el último trimestre del año pasado, se podía imaginar del corriente.

Lo que predominaba en aquel entonces era la fiebre porcina africana y el tremendo impacto que este mal estaba ejerciendo sobre la producción de cerdos en China, nada menos que el principal productor y consumidor mundial de esta proteína. No había forma de vislumbrar otro escenario que uno de excepcional firmeza para las carnes en el mercado internacional, dado que un sistema productivo como el del cerdo, aunque sea más veloz que uno de carne vacuna, no se crea de la noche a la mañana.

Pero los denominados cisnes negros por el filósofo Nassim Taleb están cada vez más a la orden del día. Es más, esa fiebre porcina africana en China ya podía ser catalogada de cisne negro: un hecho imprevisible con un tremendo impacto sobre el mercado que, una vez allí, no faltan quienes aseguran que era algo “evidente” que podía suceder. Si eso fue un cisne negro, ni que hablar del covid-19, el cual sin ninguna duda cumple con todos los requisitos: inesperado, disruptivo y que luego podía suponerse como algo factible, más allá de que las últimas pandemias datan de cerca de un siglo y que nunca se había registrado un hecho tal en un mundo altamente globalizado como el actual.

El impacto es tremendo y lo sufrimos todos, pendientes día a día de la evolución del mal a nivel internacional y local. Por más que a Uruguay le haya ido —al menos durante los primeros meses— mucho mejor que a otros países, los impactos tanto a nivel de la salud humana como de la economía son enormes. Ni que hablar en sectores como el turismo, pero ninguno queda a salvo.

Sin embargo, dentro de este tsunami del Coronavirus, el sector de los alimentos y el de la carne en particular ha salido bastante bien parado. Hubo impactos, sin dudas, que golpearon en los precios y en notorias dificultades al momento de realizar los negocios con los clientes del exterior. No fueron pocos los reclamos de renegociaciones por parte de importadores chinos y europeos.

El novillo especial de exportación, el principal precio de la ganadería uruguaya —referencia ineludible para determinar todas las demás cotizaciones sectoriales— sufrió fuertes bajas desde los picos históricos de noviembre del año pasado. Pero no se puede decir que sean precios malos. La zafra de otoño, con los vaivenes lógicos del caso, transcurrió en el entorno de los US$ 3,10-3,20 el kilo carcasa y el sobreprecio de la pos zafra no es nada despreciable.

Pero, además, esos dólares valen bastante más de lo que valían un año atrás. La devaluación a junio ha superado en el entorno de 10% al ritmo inflacionario, recuperando parte del poder de compra perdida por la divisa durante todos estos últimos años.

Este 2020 ya se sabía que iba a ser un año de cambios en algunas de las variables fundamentales de la ganadería de carne. El entore y la tasa de preñez del rodeo de cría auguraba una generación 2019 que será récord, algo por encima de los 2,9 millones de cabezas. A pesar de la elevada producción, los precios de los terneros lograron sostenerse en niveles redituables para el criador durante buena parte de la zafra.

Por lo tanto, no solamente el precio del gordo ha logrado situarse en niveles relativamente favorables para el ganadero, el ternero también. El sector ha demostrado sus fortalezas incluso en un año tan desafiante como el corriente.

El rodeo vacuno, luego de tres años consecutivos en caída, vuelve a crecer. Esto, por un lado, por la elevada cantidad de terneros, pero, por otro, por la importante caída de la extracción: tanto la exportación en pie como la faena sufrieron fuertes descensos con argumentos tanto desde el lado de la oferta —las generaciones en edad de faena son chicas debido a la elevada exportación de terneros en pie de un par de años atrás— como de la demanda, por el impacto del Coronavirus.

Es probable que para 2021 la oferta de animales en edad de faena comience a crecer y el mercado deje de estar tan desbalanceado a favor de la oferta como lo ha estado en el trienio 2018-2020. La generación 2018, que es la que comenzará a quedar disponible de forma creciente para los frigoríficos a partir del último trimestre de este año, es numerosa. Este también será un cambio trascendente para el sector. Es fundamental que las puertas de los mercados internacionales estén todas abiertas y ávidas de recibir el producto para que se puedan sostener los precios.

Esto último dependerá, obviamente, de que se deje atrás la pandemia. El impacto del Coronavirus sobre la economía mundial es tremendo. Cuanto antes se salga de ello, mejor. Los países desarrollados anuncian paquetes de miles de millones de euros o dólares para apuntalar el crecimiento económico. Pero antes se deberá superar la pandemia. Vacuna mediante o no, de la forma que sea, es indispensable para que el mercado internacional gane confianza y para que se recupere la demanda.

Uruguay es un país ganadero. Quedó cabalmente demostrado en un año tan desafiante como es este 2020.