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Cuánto queda por hacer

Está claro que hay que mejorar la eficiencia de producción, pero los pasos nunca son muy largos en este sentido y no se garantiza nada

Por Rafael Tardáguila

Uruguay es un país caro y nada indica que en un mediano plazo eso pueda cambiar. Si cambiara, seguramente sería vía una profunda devaluación que tendría más impactos negativos que positivos. Por lo tanto, hay que lidiar con eso y el sector agroexportador lo ha hecho durante todos estos últimos años. 

Está claro que hay que mejorar la eficiencia de producción, pero los pasos nunca son muy largos en este sentido y no se garantiza nada. El ejemplo más claro es el arroz, con los mejores niveles productivos del mundo y, a pesar de ello, los cultivadores achican la superficie sembrada porque los números no cierran. 

Hay que buscar por otros lados para mejorar la inserción en el mercado internacional. En los últimos días se reflotó una iniciativa de cooperación interinstitucional que ahora pasó a llamarse Pro Carnes que involucra a distintos ministerios y al Instituto Nacional de Carnes (INAC) con el objetivo de mejorar la llegada del producto a los mercados de destino. Apunta tanto a abrir nuevos mercados como a mejorar el acceso a los ya abiertos, tanto mediante la inclusión de nuevos productos dentro de la paleta de lo que se pueda vender como por la reducción de los aranceles a la importación o —eventualmente— la ampliación de cuotas. 

Claramente, Uruguay está en el debe en estos últimos aspectos. Si los competidores se quedaran quietos no sería tan grave, pero exaspera ver cómo otros exportadores de carne mejoran año a año sus condiciones de acceso a los principales mercados de destino, en tanto Uruguay se mantiene con altas barreras arancelarias. En este caso, no avanzar es retroceder. 

El INAC analizó los aranceles pagos el año pasado por el complejo cárnico y concluyó que alrededor de 11% de lo que los importadores pagan por el producto uruguayo queda en las Aduanas de los países de destino. Son unos US$ 222 millones. En 2013 la Cámara de la Industria Frigorífica había hecho un estudio similar y el resultado había sido el mismo: más de US$ 200 millones.

Una cantidad de dinero para nada despreciable. Lógicamente, si se quitaran los aranceles, parte de eso sería ganancia del importador y parte del exportador; el mercado determinaría de qué lado quedaría. En el caso teórico que quedara todo del lado del exportador, en lugar de haber vendido la tonelada de carne vacuna a un valor medio de US$ 5.500 el año pasado, habría valido US$ 6.100. Manteniendo el caso teórico del traslado a la fase de producción, hubieran sido US$ 100 por animal faenado o casi US$ 40 centavos por kilo carcasa. 

Mientras Uruguay paga 12% de arancel por la carne congelada exportada a China, sus competidores —mediante acuerdos comerciales— van reduciendo año a año el costo de acceso. Por ejemplo, en 2020 Australia pagó 4,8% por las primeras alrededor de 180 mil toneladas exportadas a este destino. En 2021 pagará 3,6% y a partir del 1º de enero de 2025 el arancel cae a 0% por todo el volumen comercializado. Nueva Zelanda, en tanto, ya está con 0% de arancel, al igual que otros proveedores de menor cuantía, caso de Chile.

China es el caso más importante, pero la situación se repite en muchos otros destinos. En los exigentes mercados de Corea y Japón, Uruguay paga, respectivamente, 40% y 38,5% de arancel. Los dos principales proveedores de ambos son Australia y Estados Unidos. En el caso de Corea, el país norteamericano está pagando este año 16,1% de arancel y el próximo pagará 13,5%. Australia viene algo más atrasado porque firmó el acuerdo comercial un par de años después; este año paga 21,4% y el próximo 18,7%.

A partir de 2026 la tarifa para Estados Unidos cae a 0% y dos años después Australia. Mientras, Uruguay paga 40%. No es difícil entender la razón por la cual a Uruguay le ha costado mucho insertarse en este mercado. Lo mismo está pasando con Japón. En Estados Unidos es algo distinto, porque allí el mecanismo de protección es otorgando cuotas de exportación a los países proveedores. Uruguay cuenta con 20 mil toneladas anuales a 0% de arancel, en tanto que Australia tiene hoy en día más de 400 mil toneladas anuales, volumen que crece año a año. Al superarse el cupo, la tarifa es de 26,4%. 

Es esencial para el país mejorar las condiciones de acceso en este sentido, pero también lo es habilitar nuevos mercados. Con la habilitación de Corea y Japón quedó la noción de que no hay nada más para hacer en este sentido, pero no es así. Hay otros mercados trascendentes, quizás no de primerísimo orden, pero que tienen relevancia o la tendrán en un futuro no muy lejano. Es el caso de países del sudeste asiático, que siguen la tendencia de China en cuanto a consumo y a los que Uruguay todavía no llega, como Filipinas, Vietnam o Indonesia. No hay que despreciar nada al momento de vender cada ítem donde mejor se paga o donde se logra la mejor ecuación económica. 

En definitiva, queda mucho por hacer. Con o sin Mercosur, con o sin acuerdo con la Unión Europea. A Pro Carnes no le faltarán tareas.