Entrevista / Ganadería

Alberto Pereira Micoud: “Criamos lo que nos gusta; no nos preocupa perder alguna cocarda”

La maza de la carreta en que su bisabuelo cruzó medio Uruguay para establecerse en Paysandú, es un símbolo de Santa Inés. Desde entonces, han recorrido el camino, con un trabajo sustentado en la familia. “Tuve un gran maestro en mi padre y tengo a una gran compañera en mi esposa”, confesó este criador de Polled Hereford desde siempre y de Angus desde hace 20 años. Dijo que ambas razas son fundamentales para el país. Destacó el momento de la cría y dijo que la tecnología es el pilar fundamental para el futuro.

Pablo D. Mestre

-¿Cómo es la historia de Santa Inés?
-En el año 1875, mi bisabuelo, Eustaquio Pereira, se vino de Cerro Largo en su carreta, en un viaje que le llevó dos meses. La maza de esa carreta está en un monolito en la estancia como homenaje. A mi abuelo, Eustaquio Gil Pereira, no le gustaba mucho el campo, pero desarrolló una actividad de industria y el comercio, formó una lanera muy importante con unos amigos, puso casas de comercio, tipo shopping en distintas ciudades. Y mi padre, Carlos Pereira Iraola, que sí le gustaba el campo, cuando se recibió de Ingeniero Agrónomo se instaló con mi madre en lo que era estancia “Queguay” y empezó una etapa totalmente distinta, revolucionaria.

-¿Cuándo empezó con la cabaña?
-En octubre 1942.

-¿Siempre Polled Hereford?
-Siempre, desde el inicio con Polled Hereford. Porque tenía una visión particular en la cual creía que el mocho iba a ser la raza del futuro. Estaba en el camino cierto. También tenía una cabaña muy buena de Merino Australiano, en un momento del país ovejero y lanero. Creo que está claro que fue un visionario y un transformador. Tuvo mucha visión, e hizo una gran obra en esta raza también. Luego, empezó a mejorar sus campos en base a praderas y ya tenía algunos inconvenientes con el Merino y ahí empezó a pensar en la posibilidad de comenzar la cabaña de Polled Hereford.

-¿En qué año?
-Por el año 58 ya preparó algún toro para el Prado. Sacó unos primeros premios incluso y fue evolucionando la cabaña.

-¿Cómo ha visto la evolución del Hereford desde entonces?
-Ha habido una gran evolución. Fueron varias situaciones distintas. Un ganado muy adaptado, después vino la competencia con las razas continentales y nos fuimos al famoso “New type”, que al final los terneros se elegían por lo que daban de la pezuña hasta la rodilla. Era una barbaridad, estábamos haciendo un animal con el cuero de Hereford y el esqueleto del Holando. Hasta que un día nos dimos cuenta nosotros mismos que nos estaba siendo muy difícil terminar los novillos a pasto. Entonces empezamos a hacer un tipo de animal adaptado a la producción agropecuaria uruguaya.

-¿Cómo es el tipo de ganado de Santa Inés hoy?
-Buscamos un tipo de animal moderado, profundo, costilludo. El animal actual, es intermedio, con mucha carne, mucha costilla, mucha anchura atrás, con buena performance estructural, pero no nos queremos pasar de la raya en tamaño. Si hay que perder alguna cocarda en el Prado no nos preocupa, tenemos un tipo de animal y sobre ese tipo vamos a seguir. Con todo el respeto que los jurados del Prado me merecen.

-¿A qué números le da más importancia?
-Es fundamental es el peso al nacer. Si no tenemos terneros, nada se puede medir. No quiere decir que sean muy livianos de más. Desde el punto de vista de la funcionalidad, arranca todo por ahí. Pero todos los datos son importantes: la curva hacia el crecimiento, ahora estamos incorporando el tema de la grasa dorsal que es importante y Hereford la necesitaba.

-Dijo que no le molesta resignar una cocarda… Pero le ha ido bien en el Prado.
-Sí, claramente, desde el 58 vamos al Prado, tenemos 16 Grandes Campeones machos Polled Hereford, siempre con animales diferentes. Y también 4 Grandes Campeonas. Al principio no se llevaban hembras, un día vino la princesa D’Arenberg pues quería hacer alguna incursión en el Polled Hereford, le vendimos unas vacas muy buenas, que dieron muy buenos terneros también. Y sacamos dos grandes campeonas del Prado.

-¿Cuánto pesa el productor comercial?
-Es la base de todo. Uno hace la cabaña, produce los toros para dispersarlos en la mejor medida y que a los productores le vaya bien. Y eso se produce a campo. No nos olvidemos que la cría en el Uruguay está en los campos marginales. Buscamos un tipo de animal de intermedio a moderado, con mucha caja y con mucho peso.

-¿Cómo surge la cabaña Angus?
-En el año 2000 hice una sociedad con mis hijos, en plena crisis. Estaba de presidente de ARU, y empezamos la cabaña de Angus. Pienso que la heterosis que produce el cruzamiento es una gran herramienta. Siempre digo que el que tiene un buen ganado Hereford o Angus, puede tener el camino tranquilo, pero la heterosis y los cruzamientos son fundamentales. Por eso pensamos que la sinergia entre ambas razas es una maravilla. Las dos son excelentes, llenas de virtudes. No merecen críticas y si tienen algún detalle, que son muy pocos, prefiero guardarme los secretos para ir mejorando. Hay que aprovechar la sinergia entre ambas razas y no entrar en una comparación que no le hace bien a la ganadería.

-¿Qué opina del avance que se logra con los trasplantes de embriones?
-La tecnología es imparable y no tiene marcha atrás. Cuando mi padre empezó con unos amigos en la vuelta de Queguay, hace 60 años, había un inseminador que iba a todas las cabañas. El mantenimiento del semen era en base a hielo seco que cada 48 horas había que ir a Paysandú a levantarlo para hacer la conservación del semen. Éramos chicos, e íbamos a la heladería. La gran ventaja era que traíamos hielo seco y también venían helados para la semana. La tecnología vino para quedarse, todo el tema este de los embriones, va a seguir porque es una revolución desde el punto de vista genético. Siempre les digo a mis hijos que le ha dado oportunidad a una cantidad de gente que no eran cabañeros, que ahora con los embriones pueden comprar las mejores vacas y competir en iguales condiciones con los que tenemos 300 vacas. Y eso bienvenido sea, porque se arrima una cantidad de gente que estaba fuera del sector. Compran vientres, embriones, receptoras. A los viejos cabañeros tradicionales, al principio nos chocaba un poco por la competencia que nos parecía, pero es al revés, se venden más toros, más semen, más embriones.

-¿Cómo llega al Prado?
-Creo que bien, tenemos unos toros mochos respetables y unos Angus también con buenas características. Dentro de mi forma de imaginarme mis toros.

-¿Y a los remates?
-Bien, van unos mochos a los Novilleros y unos 30 mochos y 30 Angus para Tierra de Toros. Tengo la convicción, porque hace 50 años que vendo toros, que yo no les fijo el precio. Lo fijan los compradores y hay algunos años mejores que otros. Hay años que nos favorecemos los dos, otros el cabañero andará muy bien y otros que el criador se favorece. Ese es el mercado de la oferta y la demanda.

-¿Cómo imagina la zafra?
-Me da la impresión, si tenemos una primavera buena y llovedora, que habrá avidez por los toros. Están empezando a pasar cosas que no sucedían. Ya en algunos remates, como Plazarural esta semana, que la ternera cotiza arriba que los terneros, cuando antes valía un 30, 40 y hasta un 50% menos. Eso es un indicador que marca mucha avidez por la cría. Entonces, no sé si los precios de los toros van a ser diferentes al año pasado o no, pero creo que va a ser un año demandado. Porque, además, se dan algunas cosas buenas. La exportación de ganado en pie es una herramienta fundamental para el criador. Ojo, entiendo que lo mejor que puede suceder es que el ganado se vaya con el mayor valor agregado por intermedio de la industria, pero los criadores precisan el equilibrio que cuando los precios internos no dan, tengamos el fusible de la exportación en pie. Si no pasa eso, se cae todo y empezamos otra vez con que la gente deja de producir. Hoy hay más de 12 millones de cabezas y más de 3 millones de terneros, eso es muy bueno y una de las grandes variables es la exportación de ganado en pie. Es clave en esto. Por eso también la demanda que hay por la ternera.

-Esto empezó con su bisabuelo. ¿Cómo proyecta para sus bisnietos?
-Con la mía son cuatro generaciones, ya está la quinta totalmente integrada. Cuando aparecen mis nietos, empiezan distintas actividades, la gente se prepara de otra manera, me imagino volcados a la tecnología, algún contador, algún abogado y alguno que se va a dedicar al campo. Todos no pueden venir al campo, a alguno le va a gustar, hará agronomía. Y también puede haber algún pintor, por qué no. Y eso es la diversidad y bienvenida sea. La cabecita abierta y la familia junta. Eso es clave. Tengo una sensación que por suerte tengo una gran compañera de vida (Inés Campomar), que me ha ayudado mucho en la formación de mis hijos y también cuando hubo que resolver problemas importantes. Eso es fundamental.

-¿Cuántos son en torno a la mesa de los domingos?
– Hoy ya somos 18, tenemos 9 nietos. Debo reconocer que tuve un gran maestro: mi padre. Eso ayuda mucho, fue un visionario y un transformador. Esta siempre fue una empresa familiar en todo sentido, porque nos desarrollamos como familia y porque, por ejemplo, el capataz de mi padre trabajó 45 años con él y ahora su hijo, Alcides Noya, hace 35 años que trabaja conmigo. En la cabaña, el cabañero, Galarza, trabajó 50 años con mi padre y sus hijos hace años trabajan conmigo acá. Eso también hace al tema de la familia, la buena convivencia.

-Es el pilar de todo…
-Si será. En la vida, la clave es la familia, los amigos y tener salud, lo demás es puro cuento.

 

Jurado en varias pistas

y amigos en todos lados…

-Es el mejor momento de la cría?
-Es un buen momento. Pero tiene matices, en el sentido que la cría en el Uruguay es muy heterogénea y generalmente se hace en los campos marginales. La invernada va por otros carriles, está muy asociada a la agricultura. La cría debería tener algún estímulo más.

-¿Cómo cuál?
-Hay mucha tecnología que no es aplicable porque los productores vienen de años más complicados. Muchos productores que no tienen luz eléctrica, que no tienen paneles, que no les llega la información porque no tienen internet. Merecen algún estímulo, quizás con créditos blandos.

-¿Cree que hay más apoyo al sector?
-El gobierno está con muchos problemas, la pandemia ha sido un golpe duro. pero el gobierno ha sido virtuoso porque no nos encerró a todos adentro de las casas, nos dejó trabajar, nos cuidó. Hay que ayudarlo todo lo posible. Lo de créditos blandos y posibilidades, debe estar en la mente y sobre la mesa de quienes nos están gobernando. No sé si será posible, pero habría que estudiarlo y buscarle la vuelta. Porque hay que llegarle a los productores y criadores con la tecnología.

-¿Cómo ve al sector agropecuario?
-La fortaleza es que sigue sin parar porque la gente tiene que comer en el mundo. Eso, si el país quiere seguir siendo un gran exportador, tienen que incentivarlo y todo arranca en la cría que es un ciclo biológico largo. Estoy convencido que se puede producir más. Hay tecnología que se puede aplicar que por distintas circunstancias no se está haciendo.

-En el 2000 también fue muy particular la Expo Prado…
-Sin dudas. El acto lo hicimos en el pasto, entre los animales. Eran tiempos difíciles también. Con el tiempo al presidente Jorge Batlle habría que hacerle un monumento por cómo resolvió los inconvenientes. Cuando surge la aftosa le comenté que había barcos viajando por todos lados, carne en producción, etc. y me respondió: “mi mamá me enseñó a no mentir y lo vamos a arreglar”. Con ese espíritu salimos, pasamos dos años, pero después nos abrieron todos los mercados. Fuimos el único país libre de Aftosa con vacunación. Yo tenía muy buena relación con Jorge (hasta cerramos el puente en Paysandú un día, pero eso es para otro cuento), nos peleábamos mucho, pero puertas adentro. Aquello fue una crisis agropecuaria, de las peores en los últimos 100 años, ahora todos seguimos trabajando, con mucho cuidado, recaudo y cautela, productores y frigoríficos. Y una virtud de este gobierno es que fue acomodando todas las actividades de a poco, con los correspondientes protocolos.

-¿Se imagina un futuro 100% virtual a raíz de esta nueva normalidad?

-Estamos viviendo una situación excepcional, pero lentamente vamos volviendo. Creo que todo el tema virtual ha ayudado mucho, ha sido muy bueno para que toda la actividad no se parara. De la mano de la tecnología, es un nuevo mundo distinto. Hay que tener la cabecita abierta a todas esas cosas porque algunas vinieron para quedarse. Pero no creo que se prescinda de los remates presenciales.

-¿Cuántas veces fue jurado Hereford?
-Muchas. En Argentina: tres veces Palermo, desde Viedma en el Sur, hasta Corrientes por todos lados y varias veces. En Brasil: dos veces en Esteio y en varias exposiciones del interior. En Uruguay: una vez en Expo Prado juré los astados y ahora voy a ser jurado en la pista de los Shorthorn. Y en el interior varias veces por todos lados. Lo mejor es que hice amigos por todos lados…