Clima / Opinión

Sentimientos encontrados

El resurgir del Coronavirus y la falta de agua plantean más incertidumbres para la economía y los agronegocios. Las consecuencias pueden ser complicadas, aunque la producción tiene recursos para afrontarlas. Pensar en más mercados y en sistemas más sostenibles es clave, a mediano y largo plazo.  

Por Nicolás Lussich, Ing. Agr. MBA

Son días espectaculares, de mañanas frescas y tardes soleadas, sin ser abrumadoras, y sin embargo no los podemos disfrutar a pleno. Es que los casos de coronavirus aumentaron y la situación es más delicada que semanas atrás; díganlo o no, la gente está más inquieta, en especial los más veteranos. Por otro lado, son cada vez más los que saben -en el campo y la ciudad- que cuando empiezan a pasar los días y no llueve, algún problema se viene.

En efecto, el agro está en ascuas porque hay una buena parte del país con niveles muy bajos de agua en el suelo (en especial en el litoral norte) y -sobre todo-  porque los pronósticos indican una alta probabilidad de déficit hídrico, al menos en diciembre-enero. 

Así, en el sector agrícola hay sentimientos encontrados: los precios suben por la fuerte demanda China y los recortes de producción en Estados Unidos y otras zonas del hemisferio norte, lo cual es buena noticia; pero también suben -y acá vienen los nervios-  debido a que América del Sur estaría a las puertas de un periodo seco que puede recortar seriamente la producción de granos, en particular de soja, por la llegada de La Niña (ver recuadro).

  

Por suerte, la mayor parte del área de invierno se ha salvado: una lluvia providencial  antes del fin de octubre le dio la garantía final a muchos cultivos para tener una cosecha excelente, sana y abundante. Tanto en trigo como en cebada hay chacras en Colonia y Soriano que van a rendir máximos históricos, pero el litoral Norte (Paysandú y partes de Río Negro) no tuvo suerte y allí hay chacras complicadas. De no ser por esto último, era seguro un rendimiento promedio nacional récord, pero será difícil.

Mientras, las siembras de soja están retrasadas y no se prevén lluvias importantes en los próximos días, de manera que -posiblemente- las siembras de primera se van a acercar a las segundas tempranas. Los altos precios son un estímulo contundente para sembrar, pero sirven poco si no hay cosecha. Los maíces tempranos vienen con buena agua acumulada y con algo de lluvia ya alcanzaría para apuntalarlos; cualquier milímetro sirve. En la zona este se acumuló algo de agua esta semana, buena cosa para algunos campos que venían bastante comprometidos, pero la preocupación persiste.

En la ganadería la situación es igualmente preocupante, pues la falta de agua presiona los precios y complica las ventas, con entradas más largas en los frigoríficos y remates más trabados en las categorías de reposición. Los invernadores optan por negocios más cortos, como vacas de invernada, y se busca la manera de sostener los ganados jóvenes con el menor costo posible.

Al complicado momento climático, se agrega un escenario externo de dificultades: la pandemia en Europa empeora en lugar de mejorar, lo que está afectando seriamente el consumo de carnes de calidad, asociado a restaurantes (el segmento denominado food-service); allí volvieron las restricciones y cierres, y no se sabe cuándo puede normalizarse la actividad. A esto hay que agregar otros dos factores: la cuota 481 se va achicando y -en otro plano- la reacción política en el viejo continente es a atender los reclamos de sus ganaderos, no los de estas pampas. Así las cosas, todo indica que la demanda del viejo continente -históricamente clave para la ganadería uruguaya- languidece. Para muestra, vale observar que los cortes Hilton valían no hace mucho más de 12.000 U$S/ton; hoy están en torno a 7.000-8000 U$S/ton, una dura caída.

Hay otros mercados, pero el principal sigue y seguirá siendo China, que aumenta su preponderancia. Gracias a su control de la pandemia, está en una posición privilegiada y quieren mantenerla. De manera que están extremando los controles de las importaciones de alimentos, con nuevos requisitos de testeo para evitar el ingreso del coronavirus.

China compra mayoritariamente carne congelada y muchos cortes de vaca. Últimamente aumentó la colocación de cortes enfriados, ante la caída del mercado europeo. Aún son bajos volúmenes, pero las empresas que tienen una estrategia de ventas proactiva saben que puede abrirse una nueva vía de gran potencial. En lo coyuntural, se trata de aprovechar la caída en la producción de Australia, oferente habitual en ese mercado de alta calidad. Pensando en el mediano y largo plazo, Uruguay tiene que seguir haciendo esfuerzos para mejorar la logística: la carne enfriada puede perdurar 120 días entre la producción y el consumo (shelf life); el viaje a China es de 50 días y los chinos tratan de no comprar con más de 60 días de faenado. Estamos vendiendo por una ventana estrecha y -además- los empresarios uruguayos actúan con cautela, luego de los 2 episodios de renegociación recientes (uno por la caída de precios por la venta de stock luego de la peste porcina, el otro por el Covid). Son situaciones excepcionales, pero se busca andar con cuidado. De todas formas, si bien vender mucho a un solo cliente es riesgoso, no vender es penoso.

Así las cosas, el ganado baja por la sequía y por un escenario exportador difícil. La relación de precios exportación / novillo ha bajado; si bien ambas variables descienden, la caída es mayor en el precio al productor, al menos en estos últimos meses (gráfica). 

Área agrícola y riesgos. Los vaivenes climáticos llevan -otra vez- a reflexionar sobre la sostenibilidad del sistema agrícola y del sistema de producción en general. ¿Tiene sentido una apuesta recurrente a la soja con altos niveles de riesgo, de clima y mercado? Como responde un agrónomo amigo: depende. Ya pasaron 15 años desde que la soja comenzó su avance en el Uruguay, tuvo su auge y caída y ahora va por la revancha. Pero el juego no es el mismo: por un lado, hay un nuevo marco legal que exige criterios de sostenibilidad para plantar; asimismo, hay mucho más conocimiento sobre el cultivo y más tecnología para reducir riesgos y articular la mejor propuesta para cada circunstancia. Por esto, es posible hacer un uso agrícola intenso en los suelos de mayor potencial y bajo riesgo de erosión, como los hay principalmente en el litoral pero también en otras zonas. En zonas mixtas el asunto es más dudoso y este año La Niña nos lo recuerda. 

Por esto, aún con el fuerte estímulo de precios, no debería esperarse un aumento sustancial del área: ya se sabe que no se puede plantar en cualquier campo por más que tenga cierta aptitud agrícola: el sistema no se sostiene y es preferible mantener pasturas y mejorarlas, que allí también hay sustanciales avances tecnológicos en genética, insumos y manejo. Argumentar esto con la caída de precios que se está dando en la ganadería parece ir a contramano, pero hay que pensar a largo plazo. Levantar las praderas y sembrar soja sin pensar en un sistema integrado puede ser pan para hoy y hambre para mañana. La respuesta de fondo es el equilibrio y la rotación más sostenible, que devuelva el mayor retorno a mediano y largo plazo.

¿Qué es La Niña? 

La tierra rota sobre su eje y eso genera vientos planetarios, entre los cuales están los vientos alisios. En el Océano Pacífico éstos soplan desde el Este, lo que hace que las aguas cálidas en superficie deriven hacia el Oeste, desde la costa de América del Sur hacia Oceanía. Esto hace que “suban” hacia la superficie aguas más frías (es parte de la explicación de que la costa pacífica de América es más fría). Cuando este estado “normal” pierde vigor (aflojan los vientos, por diversas circunstancias), la temperatura en el Pacífico oriental (costas de América del Sur, Perú, Chile) sube por encima del promedio histórico, fenómeno conocido como El Niño.

Por el contrario, cuando el fenómeno se intensifica (más viento, más desplazamiento de agua hacia el oeste), la temperatura del Pacífico en esa zona queda abajo del promedio histórico, lo que se conoce como La Niña. En esa fase estamos ahora (gráfica). Para ser considerada Niña o Niño, la situación debe implicar 5 medidas de la media trimestral consecutivas por debajo (o por encima) de los 0,5 grados de temperatura de desvío respecto a la media histórica.

Según los estudios meteorológicos de las últimas décadas- las fases Niño aumentan la probabilidad de lluvia en nuestra región, y las de Niña las de sequía. Según la NOAA (sigla en inglés de la Agencia Estadounidense para el Océano y la Atmósfera), la circulación atmosférica tropical actual también es consistente con La Niña, que probablemente continúe hacia los primeros meses de 2021. Habrá que ver si es moderada (ojalá) o más profunda. La ocurrencia de La Niña no es un determinante absoluto de sequía, simplemente aumenta su probabilidad.