Agricultura / Opinión

Un cambio de panorama

En medio de una transición de cambio de gobierno, la emergencia sanitaria provocada por el Coronavirus cambió muchas de las estructuras establecidas a nivel nacional e internacional. El agro nacional en su conjunto, tuvo que adaptarse a nuevos lineamientos en los mercados internacionales y nuevos métodos de trabajo en la producción local. Los coletazos de este primer impacto aún perduran, al tiempo que todo es incertidumbre hacia el 2021. Los sectores agrícola y forestal no pararon, y la tendencia marca un cambio de panorama para los tiempos venideros.

Hernán T. Zorrilla
Encargado del área Agrícola y Forestal del Portal Rurales El País.

No se descubre nada si se dice que el 2020 ha sido un año difícil, o por lo menos atípico. Pasaban dos meses y monedas del inicio del presente año cuando asumió el nuevo Poder Ejecutivo en el país. El entusiasmo del sector agropecuario nacional estaba puesto en nuevas oportunidades de diálogo para impulsar la productividad del país, cuando apenas días después se decretó la emergencia sanitaria por la aparición de los primeros casos de Coronavirus en Uruguay. Al tratarse de un sector primario dedicado a la producción de alimentos, el agro nacional se vio obligado a extremar cuidados y continuar trabajando bajo estrictos protocolos. Mucho se habló en aquel momento, pero esto generó que un buen número de personas de nuestro país descubriera por primera vez la real importancia de este rubro, y lógicamente su trascendencia en el suministro de productos básicos para el mundo entero.

El 2020 comenzó arrastrando un déficit hídrico que complicó la cosecha de los cultivos de verano, y a lo largo del presente ejercicio fue afectando a la gran mayoría de los sectores productivos del campo. La cosecha de soja de la zafra 2019-2020 se vio mermada en sus rendimientos por la falta de agua en las etapas finales del ciclo. Estos bajos rendimientos, sumados a los precios que se manejaban por la oleaginosa en aquel momento concretaron un magro negocio para el productor.

Al día de hoy, con valores que paulatinamente se acercan a los que impulsaron el negocio en otras épocas, la incertidumbre del productor pasa a centrarse en los inconvenientes climáticos que pueden disminuir la producción de la zafra entrante. Para el maíz la situación fue diferente. Se obtuvieron buenos y muy buenos rendimientos tanto en los maíces de primera como de segunda, y si bien los números no fueron extraordinarios, los valores del grano lo convirtieron en una alternativa bien interesante para los productores. La necesidad de alimento para el ganado y estos precios que han logrado mantenerse por encima de los de zafras anteriores, sumado a la importancia que ha ido adquiriendo el cultivo dentro de las rotaciones agrícola-ganaderas, convierten al maíz en una opción muy interesante de cara al futuro. Para el sorgo, las expectativas están puestas en la posibilidad de concretar un protocolo de exportación a China.

El arroz es uno de los cultivos que mejor capitalizó las consecuencias de la pandemia. Para empezar, la cosecha de la zafra 2019-2020 fue una de las mejores en varios años, lo cual trajo optimismo al productor. El panorama internacional y la alta demanda de muchos países para aumentar el stock de alimentos ante la incertidumbre por la pandemia, puso un valor superior para el arroz de lo que se venía manejando en los últimos tiempos. Es importante a su vez destacar que, por estas razones, la intención de siembra para la zafra 2020-2021 era bastante mayor, y se vio disminuida por el déficit hídrico que afecta algunas de las principales fuentes de agua para riego de los productores. Este sector, luego de varios años de números en rojo y distintos mecanismos de supervivencia, parece tener un horizonte más esperanzador.

Para el trigo y la cebada fue un año muy bueno. Las producciones que se encuentran al sur del Río Negro obtuvieron en su mayoría rindes extraordinarios, siendo un poco más complicada la situación al norte del país pero manteniendo una tendencia favorable. Los valores de estos granos en el mercado internacional impulsan una mejora en la ecuación del productor. En el caso de la colza fue una zafra histórica, ya que más allá de conseguir buenas producciones el área sembrada duplicó aproximadamente a la zafra anterior. Este cultivo se está transformando en una opción muy interesante para las rotaciones productivas de los campos, y mantiene augurios de crecimiento.

Si se ve el caso de la vitivinicultura, la pandemia también trajo consecuencias importantes. Lo primero a destacar es que la vendimia del presente año fue la mejor en mucho tiempo, y se produjeron muy buenos vinos en el país. Luego, y con base en que la gente debió quedarse mucho más tiempo en sus hogares, el consumo de esta bebida en el mercado interno aumentó. El enoturismo, una de las actividades en ebullición para que los turistas conozcan Uruguay y sus viñedos, se vio afectada lógicamente.

En el caso de la forestación, los ciclos son diferentes. Las consecuencias del cierre de empresas, escuelas, colegios, oficinas y demás a nivel mundial contrajo el consumo de productos derivados de la celulosa, ya que el papel utilizado fue sensiblemente menor. Desde el rubro se está a la espera de la reactivación definitiva de estas actividades para concretar una normalización en el consumo de estos productos y el hallazgo de nichos de mercado favorables.

Luego de muchos años complicados para los productores agrícolas, el respiro que parece ir otorgando el 2020 permitió a muchos de ellos comenzar un proceso de renovación del parque de maquinaria, lo cual se había tornado muy difícil de realizar en los últimos años. No hay duda de que las nuevas generaciones apuntan a altos rendimientos, manejando los costos pero sin negociar el paquete tecnológico. Esto forma parte de un proceso que llegó para quedarse y poner a nuestro país en la vanguardia en lo que tiene que ver con los procesos productivos. Para los contratistas, este avance representa un desafío importante para los años venideros.

Otro aspecto importante fue la mejora en la competitividad dada por el fortalecimiento del dólar.

Esta coyuntura favorece a los sectores agro exportadores, y si bien se continúa bastante atrasado con respecto a los países vecinos y competidores, la situación es considerablemente mejor que en años anteriores.

La producción nacional no paró. Por el contrario, como en incontables ocasiones salió a poner el pecho por el país, demostrando que el Uruguay es uno solo. Hoy parece haber consenso en que el futuro del país depende en gran medida del fortalecimiento y buen andar del sector agropecuario.

Enmarcado en desafíos ambientales cada día más exigentes, y en medio de una incertidumbre mundial con lo que puede suceder el año que viene, el sector agrícola parece haber capitalizado de buena manera las consecuencias de este atípico 2020.