Agricultura / Rurales El Suplemento

Marcos Guigou: “La agropecuaria es fundamental porque dinamiza cadenas”

El Ing. Agr. Marcos Guigou, director de Agro negocios del Plata, manifestó que “no podría separar el ingreso de la soja de la llegada de la siembra directa”, y dijo que “en suelos agrícolas se pueden armar rotaciones agrícolas puras”. Respecto del negocio del corral, expresó que “en el mediano plazo hay buenas expectativas, ya que la calidad de la carne producida es demandada”, y dijo que “la pandemia apagó todo, pero la agricultura y las vacas siguieron estando”.

Hernán T. Zorrilla (*)

-¿Cómo se da su incursión en el cultivo de la soja?
-Se da con el paso de la agricultura a siembra directa. Recuerdo que en mi familia hicimos un remate de maquinaria de laboreo, porque nos estábamos cambiando de sistema. En ese momento, el cultivo que reinaba era el girasol, pero no se adaptaba a la siembra directa. El cultivo que sí se adaptaba era la soja, con mayor productividad y adaptable a no mover el suelo. Cuando vino la expansión de la agricultura en 2003 aproximadamente, ya hacía unos cuantos años que la soja era un cultivo importante. Estuvo muy relacionado a ir a Argentina y aprender de cómo hacían la agricultura allá. No podría separar el ingreso de la soja de la llegada de la siembra directa. Fue casi como una necesidad.

-Luego del pico de precios y su posterior caída, ¿cómo ha visto la evolución del negocio de la soja?
-Hoy la soja por sí misma no es capaz de hacer una diferencia y tirar del negocio, pero sigue siendo un componente importante. En su momento era el único cultivo que tenía transgénesis y permitía usar glifosato. Hoy no es el único. Cuando se desarrolló fue en primer lugar por costos, más o menos de 2002 a 2006, y a partir de ahí el crecimiento estuvo vinculado al valor propio de la soja. Seguramente el precio de la soja en 2003 o 2004 fue menor de lo que tenemos hoy, pero el cultivo avanzaba porque era absolutamente competitivo. Luego vino una etapa donde la competitividad estuvo dada por el precio, en esos US$ 400 o US$ 500, y fue el período de mayor empuje. De 2013 a esta parte el precio bajó, pero los costos de Uruguay quedaron anclados por las nubes. Ahí se dio un proceso de retracción, ya que por ejemplo es casi imposible mover producciones lejos de los puertos y las rentas son caras. De todos modos veo una etapa positiva hacia adelante, probablemente con una agricultura más equilibrada. El maíz tiene tecnología y producción como para acompañar con fuerza a la soja, y en los cultivos de invierno hay opciones también. Hay un menú de alternativas interesantes.

Veo una etapa positiva hacia adelante, con una agricultura más equilibrada.

El maíz tiene tecnología y producción como para acompañar con fuerza a la soja,

y en cultivos de invierno hay opciones también.

Un menú de alternativas interesantes.

-¿Qué opciones nuevas hay?
-Sucede por ejemplo con las lentejas, y ese tipo de productos que nosotros no estamos acostumbrados a hacer. Cuando lo planteas te dicen que acá no anda, pero se parece a la soja cuando funcionaba en Brasil, Paraguay y Argentina y en Uruguay estaba fuera. Cuando los productores empezaron a entender el cultivo, empezó a ser viable. Eso toma unos 5, 8 o 10 años. Probablemente con cultivos como las lentejas puede pasar lo mismo si la demanda en el mundo va creciendo.

-¿Qué importancia le ve a las rotaciones agrícola-ganaderas?
-En suelos buenos es una opción más, pero no lo veo como una necesidad. Voy a “contrapelo” de lo que piensa la mayoría, pero en suelos agrícolas se pueden armar rotaciones agrícolas puras, con excelente productividad, cuidado del suelo y del medio ambiente. La ganadería es un jugador fundamental en Uruguay, y culturalmente tiene un arraigo muy grande. Al lado de cada explotación, sea agrícola, forestal, de granja o de huerta hay un ganadero. Armar sistemas donde la ganadería participe es bastante natural. Además, la ganadería tiene desarrollado el sistema industrial, el ingreso a mercados, un status sanitario y Uruguay le pone mucha inversión.

-¿Hay que buscar integrar?
-En nuestro caso el foco está en dónde poner los granos. Si los costos hacen que el barco quede lejos, es más fácil poner en algo que quede cerca y agregue valor. Hay opciones como peces, pollos, cerdos, ganado lechero o ganado vacuno. A nosotros nos encantaría poner los granos en la lechería y está pasando. Además, cualquiera de esas alternativas le da a la agricultura, siempre y cuando sea competitiva y eficientes, “envases” donde poner sus productos, que no sean solo en un barco. Como empresa, nos encanta este desarrollo y nos fascina la posibilidad de tener al lado tamberos, productores de cerdo, productores de pollo, más feedlots, más barcos y demás. Las compras también tienen que ver con la posibilidad de un país de tener saldo exportable frecuentemente, y eso hace que el flujo de negocios sea mayor.

-Dentro de esta interacción, ¿cómo ve la situación actual de los cultivos de invierno?
-Va a ser un año bueno, viene con un invierno seco y frío. Los cultivos están bastante lindos en general, y el frío y las heladas están correlacionado con productividades buenas. Siempre se puede pinchar, por ejemplo si tenemos una primavera lluviosa, pero en general viene bien. Uno de los problemas que tenemos hoy es el exceso de materia orgánica, ya que hay mucha productividad y todo queda en el campo. Hay un cultivo atrás de otro y el volumen de rastrojo es enorme. Con un verano seco no se descompone, entonces tenés problemas por exceso de materia orgánica en superficie. Pero los cultivos de invierno en general vienen bien, con rotaciones cada vez más intensas y variadas.

-Yendo a la ganadería, ¿cómo viene viendo el negocio del corral?
-En el mediano plazo muy bien, ya que la calidad de la carne producida es demandada. Somos afortunados en el sector porque la pandemia no nos ha pegado como a otros sectores, pero tampoco es que no hay efectos. La cadena está complicada con la demanda y la actividad ha bajado. La carne de corral tiene atributos que los mercados de calidad demandan, pero no escapa a la realidad del mundo. Para proyectar al corto plazo hay que ser cuidadoso. Como productores no debemos presionar demasiado a la industria, que trata de sobrellevar el peso de la mejor manera posible. En el mediano plazo Uruguay va a tener stocks de ganado creciente, y tiene razones para posicionarse como un proveedor confiable en todo sentido. Ojalá vendamos caro, pero nos compren igual por ser confiables.

-Para el negocio agropecuario, ¿los nuevos desafíos están directamente relacionados al cuidado del medio ambiente?
-Sin dudas. Los desafíos tienen una pata económica, pero no es suficiente. Los estándares productivos son cada vez más altos. La propia tecnología nos va exigiendo. Hay que confiar en que se están haciendo las cosas bien. La pandemia apagó todo, hubo menos autos, menos fábricas funcionando, pero la agriculturas y las vacas siguieron estando. Fue un experimento impensado. Los trabajos muestran que el impacto en nuestro sector existe, pero es más limitado que lo que se decía un tiempo atrás.

-Desde el punto de vista económico, ¿el agro puede ser fundamental para el país de aquí en adelante?
-Pienso que sí, en países como este es fundamental. El agro dinamiza un montón de cadenas. Moviliza los servicios, el transporte, la actividad industrial, las actividades de exportación, los puertos. En estas economías, el inicio tiene que estar con la cadena agropecuaria. Hay una responsabilidad enorme, con tremendos desafíos porque ha estado golpeado en su competitividad por la estructura que el país le fue dando. Y competimos con el mundo. El efecto no va a ser inmediato, pero si los motores del agro se pueden encender con fuerza el país se va a ver muy beneficiado.

(*) En cargado del Área agrícola del Suplemento Rurales El País.