Agricultura

Juan Martín Vallaco: “El agro argentino necesita que lo dejen trabajar”

Es productor agropecuario argentino, gerente de empresa familiar que se desarrolla en 8.000 há. cuentan con cultivos de trigo, soja y maíz, con una superficie de 660 hectáreas bajo riego de pívot y un encierro de feedlot. En lo político, aseguró que: “el gobierno no quiere respetar mucho la propiedad privada”, y esto genera que “la única forma de trabajar en la agropecuaria es siendo argentino”. En los cultivos, “la estrategia es tratar de vender maíz anticipado y esperar toda el alza de la soja”. Agregó: “Argentina debería procesar más los elementos energéticos como el maíz, la cebada o el sorgo para pasarlos a carne”.

 

Hernán T. Zorrilla (*)

-¿Cómo está la situación de la producción agropecuaria en Argentina?
-Está en una situación incierta. El panorama de la política argentina influye en la economía y es todo incierto. Lo bueno que tenemos en estos momentos es el rebote de los precios de los commodities post pandemia. Tenemos un dólar muy atrasado. Estamos hablando de 80 pesos en el dólar oficial, cuando en el dólar blue hablamos de 150 pesos. Si a los 80 pesos le ponemos el 30% de retenciones, cobramos un dólar de 55 o 52 pesos. Eso es problemático. En la parte productiva es un año que arrancó seco, y si bien llovió esta semana venimos con ese problema. Los mercados están demostrando una gran sensibilidad a cualquier lluvia, y la falta de stocks americanos hacen un combo especial para que los precios suban. Dentro de lo político, estamos encontrando un gobierno que no quiere respetar mucho la propiedad privada. El gobierno no avala las tomas, pero a su vez tiene gente allegada participando en ellas. Es muy complicado trabajar acá, y la única forma de trabajar en la agropecuaria de Argentina es siendo argentino.

-Respecto del negocio, ¿cómo han estado impactando en el último tiempo las retenciones?
-Las retenciones son una herramienta mala, y es peor cuando te va mal productivamente. Con un precio de pandemia en cosecha en este año en la soja de US$ 200 o US$ 220 y de maíz de US$ 120 no te alcanzaba el dinero. Esto se suma a que hubo rindes malos en Argentina en general. Las retenciones son una herramienta dañina para el sector agropecuario, y es de uso común en todos los gobiernos peronistas. Por suerte, al igual que con Macri, el ajuste del dólar oficial acompañaba la inflación, y por eso no tuvimos un atraso impresionante al principio como sí sucedió en la época Kirchnerista. El que no tenía espalda financiera para aguantar el cereal en plena pandemia tuvo que vender lo que cosechó a precios de pandemia precisamente. Con el sobre stock existente, la baja de consumo de China y la buena producción de Estados Unidos los precios se desplomaron. Por suerte esto se está revirtiendo. El productor que tuvo espalda y aguantó hoy tiene una situación financiera más cómoda, y aquel que tenía poca cosecha y deudas en dólares tuvo que vender a malos precios. A su vez, el que tuvo dinero compró insumos en época de pandemia que estaban muy baratos. Los que estaban endeudados no pudieron aprovechar esta oportunidad.

-Dentro de lo productivo, ¿cómo vienen marchando los cultivos de invierno?
-Nuestra empresa maneja campos en Córdoba y en Entre Ríos. En ambos lugares se implantaron muy bien, con buena cantidad de plantas y en fechas relativamente óptimas. En su momento se demoraron las lluvias de floración.

-Con el repunte de precios que ha tenido la soja, ¿qué expectativas hay hacia la campaña de verano entrante?
-Hoy en Argentina la soja tiene una retención que ronda el 30%. El maíz tiene una retención del 12%. Por ende, la soja tiene mucha retención y el maíz poca. Tomar posición sobre soja futura no tiene sentido porque la retención ya está puesta, entonces hay que esperar toda el alza que se pueda ver en los precios. El maíz en cambio recorrió un largo camino de subas. La estrategia es tratar de vender maíz anticipado y esperar la soja. Además, con el cultivo de soja sucede que hay una ley que no permite subir las retenciones por encima del 30% sin pedir permiso al Congreso, y no creo que se habilite eso en estos momentos. Ya se tiene el máximo de retenciones que se puede tener en ese cultivo.

-¿Cómo vienen trabajando en las rotaciones?
-Antiguamente el gobierno ponía más retenciones a todos los cultivos, con lo cual el trigo, la soja y el maíz estaban en situaciones parecidas. De esa forma, Argentina se hizo muy sojera porque era el número que más rendía. Hoy, al tener menos retenciones en maíz y trigo, el país está yendo a una rotación de gramíneas. En nuestra empresa estamos dividiendo en partes iguales el trigo, el maíz y la soja. Por ende tenemos un 66% de gramíneas. Es una rotación muy conservadora, trabajando en el cuidado del suelo y pensando a largo plazo. Fertilizamos todo con fósforo y urea.

-Cuando Argentina sale al mundo con sus productos, ¿cómo está la competitividad del país?
-Está bien. En soja, girasol y maíz estamos muy bien. En trigo estamos un poco más flojos. Argentina no hace una diferenciación por la calidad de trigo, entonces cuando vendemos el producto lo hacemos como trigo forrajero para dar de comer a la hacienda, gallinas o chanchos. En el mercado canadiense o francés hay distintos tipos de trigo. Argentina debería trabajar en diferenciar la calidad del trigo. El problema es que con las retenciones varía el área sembrada, y es difícil diferenciar trigo cuando no tenés volumen.

-Están trabajando en el establecimiento con varias hectáreas de riego bajo pívot, ¿qué conclusiones se pueden sacar de esta tecnología?
-Manejamos 660 hectáreas bajo riego con agua de pozo profundo. Estamos aplicando una rotación de trigo, soja de segunda y maíz. Estamos afinando la tecnología. El cultivo más rentable es la soja de segunda, porque se riega poco y rinde mucho. El trigo tiene números más ajustados, pero es fundamental para la rotación. Para el maíz hay que pensar bien, ya que el fertilizante, la semilla y el gas oil generan una inversión considerable. La cuenta es muy justa cuando el precio está debajo de US$ 120. Arriba de eso la cuenta es otra porque tenés más ingresos. Cuando el maíz está en US$ 150 o US$ 180 la diferencia es grande y conviene el pívot abiertamente.

-A su vez, están trabajando con un feedlot, ¿cómo vienen trabajando en él?
-Tenemos un corral que lo estamos analizando. Ahora que Argentina tiene abierta la exportación de carne y por suerte el gobierno no la ha retocado, estamos buscando un novillo más pesado. Encerramos un ternero de 180 kg, lo tratamos de llevar a 260 kg en el corral y luego lo mandamos a pasto en Entre Ríos. Cuando viene el calor entrerriano entre fines de noviembre y mediados de diciembre, a esos novillos que los hicimos carne barata los llevamos a un encierro en Córdoba para llevarlos a 420 kg o 440 kg terminados a grano. Buscamos un novillo pesado que tenga eficiencia en la parte de pasto. Culturalmente no nos gusta hacerlo todo a grano, darle un plus a pasto mejora el número global.

-¿Y cómo vienen cerrando los números?
-Tomo una frase que no es mía pero me gusta mucho: la ganadería no se defiende por margen bruto. La ganadería en una empresa agrícola como la nuestra es una pata más del negocio. Esa es nuestra filosofía. Uno compra el ternero y no sabe en cuánto lo va a vender. Mi empresa hace la cuenta en generación de kilos de carne gorda. Hoy la relación puntualmente no es buena entre los kilos que compro y los que vendo de carne gorda. Hay que intentar achicar ese margen. Pero son momentos de oferta y demanda. De a poco estamos mejorando.

 

“Necesitamos una cadena

cárnica que sea estable”

-¿Cuáles son los principales desafíos del sector agropecuario argentino hacia adelante?
-Sin la intervención negativa del gobierno, Argentina debería procesar más los elementos energéticos como el maíz, la cebada o el sorgo para pasarlos a carne. Nuestro país tiene un sobrante de granos energéticos que tiene que procesar en carne. Para eso necesitamos leyes a largo plazo que viabilicen el sector, como ha hecho Uruguay. Necesitamos una cadena cárnica que tenga estabilidad en el tiempo. Argentina ha soportado mucho, y la población tiene que involucrarse en las políticas agropecuarias a nivel nacional. Tenemos que trabajar mucho tranqueras afuera para mejorar.

“Ataque político y social

a la propiedad privada”

 

-En lo que tiene que ver con el respeto a la propiedad privada y las tomas que se han estado dando, ¿hay una inseguridad mayor hoy en el sector agropecuario argentino?
-Veo que hay un ataque político y social de parte de los grupos más revolucionarios del gobierno. Piensan que la productividad y el agro no se llevan bien. El propietario no debería ser propietario, porque la tierra piensan que es del Estado, pero yo no veo a ninguno de esos tipos que hacen bandera de esta revolución agraria que quiera venir a trabajar, así que no sé qué van a hacer. En el mundo, el productor agropecuario es el más eficiente que yo conozco. El gobierno genera más teniendo productores eficientes y cobrando retenciones. Las expropiaciones que uno ve son más mediáticas que reales. Esta es mi visión personal.

(*) Encargado del área agrícola y forestal del portal Rurales El País.