Agricultura / Clima

“Científicamente no es posible pronosticar sequía para este verano”

El vicepresidente del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria y director del programa de Investigación Regional y Sectorial del IRI en la Universidad de Columbia, se refirió a los desafíos de la producción agropecuaria nacional y mencionó lo que puede suceder con el clima en los próximos meses. “Yo entiendo la intensificación sostenible como producir más alimentos de la manera más amigable con el medio ambiente”, aseguró Baethgen, quien complementó asegurando que eso “por supuesto que se puede hacer”. Respecto de los pronósticos climáticos, el vicepresidente de INIA dijo que “con un año Niña como éste, aumentan las probabilidades que en Uruguay llueva menos en los meses de primavera y principios de verano”. Finalmente, el Ing. Agr. Walter Baethgen expresó que “hay un aspecto importante a trabajar” en el sector agropecuario uruguayo, y son “los instrumentos financieros que transfieren riesgos, es decir, seguros agrícolas”

Hernán T. Zorrilla, encargado del área Agrícola y Forestal en el Portal Rurales El País

-En esta administración asumió como vicepresidente del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, ¿con qué objetivos tomó este cargo y cómo vienen evaluando estos primeros meses de gestión?

-El objetivo sigue siendo el mismo que ha tenido INIA desde sus inicios. Con el presidente José Bonica queremos llevar adelante esa misión, informando y generando conocimientos para mejorar la toma de decisiones y la planificación del sector privado que produce. También queremos que INIA se involucre en el desarrollo de políticas públicas. Cuando en el mundo contamos el arreglo institucional que tiene INIA, causa envidia para todos los institutos de investigación agropecuaria. En la junta de directores está representado el sector privado y el Poder Ejecutivo, y esto hace que la agenda de investigación responda a necesidades concretas y reales que trae el sector productivo. También queremos que esa mitad que representa al Poder Ejecutivo en INIA, sea capaz de colaborar en el diseño de políticas públicas que terminan siendo fundamentales para el sector productivo.

-Enmarcado en estos desafíos, -Ha trabajado en el MGAP en el Sistema Nacional de Información Agropecuaria, ¿qué sucedió con eso y qué conclusiones se sacan al respecto?

-Mi trabajo en el SNIA fue como miembro del staff de la Universidad de Columbia. Por distintas razones, el ritmo de trabajo para implementar los proyectos fue más lento de lo que habíamos pensado. Con el cambio de ministro en el MGAP en su momento, las prioridades cambiaron y es normal. Me alegra de que en esta nueva administración se vuelve a despertar un interés en el concepto del SNIA, y pienso que se van a realizar muchas acciones. Le veo un futuro buenísimo y esperamos que termine siendo lo que todos nos imaginamos que podía ser.

-Dentro de su rol en la Universidad de Columbia, ¿qué relevancia e importancia ve que tienen el agro y sus problemas en una universidad de primer orden mundial?

-En la Universidad de Columbia no hay un departamento específico de agricultura. El instituto en el que yo me desempeño trabaja mucho en desafíos y problemas de los países en vías de desarrollo. Para estos países el sector agropecuario es clave. Cuanto más pobre es el contexto, más importante es el rol del agro. Si bien como mencionaba la Universidad de Columbia no tiene departamento de agricultura, en institutos como el que yo trabajo se desarrollan mucho las oportunidades del sector agropecuario en el mundo. Así que respondiendo a la pregunta, en Columbia la importancia no es mucha, pero el trabajo que genera para los países en desarrollo es vital.

-¿Por dónde pasan los principales desafíos al respecto?

-Hoy en el mundo hay alrededor de 7.500 millones de personas. Existen alrededor de 800 millones de personas que se van a dormir con hambre, y coexisten con 2.000 millones de personas que tienen sobrepeso. Son números pavorosos. Hay 300.000 mujeres jóvenes que mueren en el parto por falta de hierro y existen 300.000 niños que se quedan ciegos por falta de vitamina A. Todo representa un desafío. Es la primera vez en la historia de la humanidad que se muere más gente por enfermedades causadas por comer mal, en lugar de morirse por falta de comida. Hay un rol para el sector agropecuario que es fundamental. Primero tenemos que garantizar la seguridad alimentaria, y una vez logrado esto empieza a ser importante saber qué es lo que se come.

-Ahí justamente es donde Uruguay puede diferenciarse…

-Somos productores de nutrientes. Tenemos que asegurarnos de que lo que se vende es lo que se precisa. Uruguay se puede diferenciar por la manera en que se produce. No es lo mismo un animal criado en campo natural, donde el productor busca mantener muchas especies de gramíneas y leguminosas, que bebe agua pura, que tiene trazabilidad, comparado con otro animal que creció en una pradera que se hizo después de talar un bosque tropical y quemarlo. La mayor parte de la carne que produce Uruguay es en sistemas naturales y con bienestar animal. En la agenda del INIA están estos temas: hay que pensar cómo hacemos para diferenciarnos con la producción de carne de otros países. Cada vez hay más nichos de mercado que buscan estos productos, y despierta mucho interés sobre todo en la gente joven. Hoy los jóvenes piensan el impacto ambiental que tiene la generación de los alimentos que comen o la ropa que usan. Uruguay tiene una oportunidad espectacular.

-Enmarcado en las previsiones meteorológicas, ¿cuál es la situación de déficit hídrico actual y cuan probable es que tengamos una sequía en verano?

-La situación actual del país tiene zonas muy complicadas y zonas menos complicadas. Hay un déficit hídrico general que en algunos lugares es mucho más importante que en otros. Las lluvias que caen en Uruguay son determinadas por lo que pasa en la zona del Niño en el Pacífico Tropical. Afortunadamente, podemos estimar lo que va a suceder. Hay zonas, como por ejemplo sucede en el Mato Grosso del sur, donde la ciencia no permite predecir lo que va a suceder en los próximos 3 meses. En Uruguay, sur de Brasil y parte de Argentina sí se puede. Este año el agua de la superficie del mar del Océano Pacífico en esa zona del Niño, que es como una “lengua” que va desde Ecuador y Perú hacia Australia, está más fría que lo normal. A esto se le llama año Niña. En otros años sucede que está más caliente y se llama Niño. Con un año Niña como este, aumentan las probabilidades de que en Uruguay llueva menos en los meses de primavera y principios de verano. Hay una razón científica chequeable, pero eso no quiere decir que venga una sequía. Científicamente no es posible pronosticar una sequía para este verano. Sí podemos decir que el escenario más probable es que en noviembre, diciembre y enero llueva menos de lo normal. Es muy distinto.

-¿Estas predicciones permiten mejorar la toma de decisiones?

-Con la pandemia aprendimos a usar la información científica disponible para informar a las autoridades que toman decisiones. Siempre hablamos de mover perillas, pero nunca se habla de bajar la llave general. Con los pronósticos climáticos hay que hacer lo mismo. Es probable que llueva menos, entonces capaz que no es un año para plantar una gran cantidad de área de un cultivo sensible a la falta de agua. Es importante tener diversificación de épocas de siembra. Una mala manera de usar esta información es pensar que porque es un año Niña no tenemos que hacer ninguna hectárea de determinado cultivo o vender todo el ganado temprano. La información científica permite tomar mejores decisiones.

-Entonces se puede decir que es probable que en los próximos 3 meses llueva menos de lo normal, pero no podemos asegurar que va a haber una sequía…

-No, para nada. Usando un lenguaje serio, científico, basado en la buena información, tal como nos hemos manejado en esta pandemia, no podemos asegurar eso. Sí podemos decir que el escenario más probable es que llueva menos que lo normal. Tenemos que aprender a manejar información probabilística y no tiene que causarnos temor. Nunca tomamos una decisión sabiendo exactamente el resultado. El productor agropecuario se enfrenta a mucha gente que no tiene problemas en decir que va a haber una sequía. Que pueda venir es una posibilidad, pero lo que es seguro es que no se puede vaticinar.

-Se habla mucho en la producción agropecuaria de alcanzar una meta de intensificación sostenible, entendida como producir más con menos recursos y reduciendo el impacto ambiental, ¿es posible?

-Depende de cómo pongamos el foco. Si nos ponemos ecologistas puros, y queremos mantener todos los ecosistemas naturales y que no haya ningún impacto, entonces el concepto de intensificación es casi opuesto a ser sostenible. Estas conversaciones las tengo a menudo, y cuando me dicen que hay que volver a los ecosistemas naturales y que no se puede alterar el equilibrio de la naturaleza yo les pregunto a qué 2 o 3 mil millones de personas van a dejar sin comida. Porque la realidad es que debemos producir comida. Yo entiendo la intensificación sostenible como producir más alimentos de la manera más amigable con el medio ambiente, reduciendo el impacto ambiental, sin contaminar aguas, sin destruir biodiversidad y cuidando el bienestar animal. Eso se puede hacer, por supuesto que se puede hacer. Uruguay tiene ejemplos de políticas implementadas para eso, como sucede con la ley de uso y manejo responsable de los suelos. Hasta el más acérrimo defensor de la propiedad privada entiende que el suelo es un bien público que nos conviene mantener a todos. En nuestro país hay una cultura de hace años de conservar el suelo, porque el productor agropecuario sueña que sus hijos y nietos sigan produciendo en ese lugar. Por ahí también pasa uno de los objetivos de INIA.

-¿Cuáles son los principales desafíos de la agricultura en Uruguay hacia el futuro?

-Uno de los desafíos más importantes es enfrentar la enorme variabilidad climática con la que coexistimos. El riego bien implementado y manipulando responsablemente las fuentes de agua puede hacernos crecer y ser eficientes. Para todo esto, el manejo es importante. Hay que usar la tecnología para reducir al máximo las chances de tener cosechas pobres en años secos. Desde INIA también tenemos desafíos que pasan por la genética. Una investigadora descubrió en el último tiempo un gen que aumenta la resistencia de la soja en sequías. Eso es espectacular. Finalmente, pienso que hay un aspecto importante a trabajar y son los instrumentos financieros que transfieren riesgos, es decir, seguros agrícolas. Es trascendente plantearse la implementación de esto. Hay sistemas de seguros que son accesibles, y se figuran en base a índice climático. En IRI, donde yo trabajo, hemos desarrollado programas que toma el sector privado y las aseguradoras. Tenemos por ejemplo productores en Etiopía, de 1 o 2 hectáreas de superficie, que son capaces de acceder a estas herramientas. El seguro permite al productor invertir en la tecnología que necesita, y que a veces no se anima porque si compra una buena semilla o un fertilizante y el año le viene seco se tiene que ir del campo, migrar a la ciudad, sacar a los niños de la escuela y es todo un drama. Si el productor sabe que no se va a endeudar a pesar de una posible sequía, toma decisiones distintas. Es fundamental que esos sistemas estén basados en buena información y que los productores estén involucrados desde el principio en el diseño de los mismos.

-¿Cuál fue el impacto de la pandemia?

-En muchos institutos y para muchas actividades aceleró algunos procesos que ya se estaban dando. Antes era común que alguien organice una jornada de campo y la grabe para que quien no había podido asistir la viera después, pero empezaron a haber actividades en las cuales se podían hacer las dos cosas: si no podías ir la seguías en directo. La pandemia obligó a que INIA haga todas sus actividades de forma virtual. Pienso que la enorme mayoría de las acciones fueron muy exitosas. Hemos recibido muchos comentarios del sector productivo diciendo que están sumamente satisfechos con ese funcionamiento. Esto llegó para quedarse. No tiene sentido que un ingeniero agrónomo o un productor tenga que manejar 600 km para asistir a una jornada que dura 4 horas, cuando la puede presenciar virtualmente. Obviamente el contacto personal es necesario y se extraña, pero hemos aprendido que hay actividades de difusión, en la que antes participaba solamente gente de la zona, a las que hoy accede gente que está muy lejos. Como nuevos integrantes de la Junta nos gustaría reunirnos con el personal de todas las estaciones experimentales y los comités asesores regionales, y esa interacción se extraña. De todas formas, lo hemos hecho virtualmente.