Agricultura / Opinión

Cambio de ánimo

El sector arrocero venía transcurriendo una crisis complicada, con precios bajos y áreas en mínimos históricos. Sin embargo, la demanda se afirmó y los precios están en máximos de los últimos 10 años por lo menos. Hay revancha para uno de los sectores más competitivos de la economía.

 

Nicolás Lussich /Ing. Agrónomo MBA / Periodista

El mercado regional e internacional ha dado un giro positivo para el sector arrocero. Primero comenzó a vislumbrarse un aumento en la demanda en Brasil (el gran mercado productor y consumidor a nivel regional) donde la pandemia causó un aumento del consumo de arroz en los hogares, que superó la caída que se dio en el consumo fuera del hogar. Como sucedió con otros alimentos básicos, la demanda de arroz creció por la tendencia a cocinar más en casa, sumado a que es un alimento más accesible, al que se recurre con más intensidad en tiempos de dificultades.

Así, las exportaciones de arroz de Uruguay a Brasil -que habían sido acotadas en años previos- tuvieron un fuerte impulso a partir de mediados del año pasado, con precios que no se veían hace mucho tiempo. Al ser un artículo de consumo popular, los países no pueden permitirse el desabastecimiento y por eso el aumento de la demanda. El precio al productor subió fuerte en Brasil y la expectativa en Uruguay comenzó a virar en el mismo sentido.

A esto se sumó, más recientemente, la fuerte suba en los precios internacionales de los granos, impulsados por la demanda china y un dólar debilitado. Si bien la relación global stocks / consumo en arroz es superior a lo que se registra en soja o maíz, los granos van juntos: subas en unos derivan en aumentos en otros, pues participan del mismo mercado global alimentario.

Así, las referencias del precio del arroz en todos los mercados subieron. En este marco, Uruguay concretó varias ventas sucesivas, a diversos destinos, y ya en febrero de este año 2021 concretó una importante venta de 60.000 toneladas a Irak, ganando una licitación en la que compitió con otros importantes productores. Las ventas se concretarán en 2 barcos entre abril y mayo, con arroz de la presente cosecha.

El negocio es relevante por varios motivos. Por un lado implica el regreso al mercado de Oriente Medio con volúmenes importantes. Los molinos arroceros uruguayos siempre cuidaron mantener los mercados con la mayor diversificación posible, incluso en tiempos en que Brasil demandaba en forma predominante. Eso reduce riesgos y otorga continuidad comercial. Además, el negocio con Irak se hace a muy buen precio (daría para pagar cerca de 12,5 U$S/bolsa al productor) y es de un volumen muy importante. De hecho, Uruguay ha tenido un ritmo de colocaciones que ha reducido al mínimo los stocks, lo que da tranquilidad para ir comercializando la nueva cosecha. Siguen las ventas a Perú (mercado exigente, que exige variedades específicas) y a Europa, donde se coloca arroz parbolizado cargo (el parbolizado que consumimos en Uruguay es blanco). Esto porque Europa termina el procesamiento (pulido) en sus propias industrias, y cobra menos arancel por el arroz cargo (sin pulir). Gambetas que hay que hacer para colocar en los mercados y formar el mejor precio al productor.

El negocio con Irak también es relevante porque mueve el arroz en bodegas, sin contenedores, lo que reduce costos. Especial preocupación está causando en el sector arrocero (también en otros exportadores) el acuerdo del gobierno con TCP, que pone en riesgo la posición de Montecon, la empresa que opera en muelles públicos y con la que principalmente trabajan los molinos arroceros. El acuerdo establece una rebaja en la tarifa de TCP, pero el presidente de ACA, Alfredo Lago, manifestó en la inauguración de la cosecha esta semana que eso simplemente equipara TCP con Montecon. “No hay rebaja real”, señaló.

En estos últimos días el mercado se ha mostrado más tranquilo y la suba del tipo de cambio en Brasil modera la demanda desde el país vecino. De todas formas, se espera que las ventas a Brasil se retomen a buen ritmo en el segundo semestre. Los norteños también redujeron stocks, la demanda está firme (están concretando también sus propias exportaciones) y luego que procesen su cosecha (que se hace algo más temprano que en Uruguay) volverán a comprar.
En los últimos años la proporción del arroz total producido que se hace a través del precio convenio ha bajado de un eje de 85% a un 70%. Por muchos años el precio convenio ha sido un eje clave de la articulación entre producción e industria arrocera, a pesar de que en la zafra 2018/19 se debió recurrir a un arbitraje (no es la primera vez). Últimamente, algunas industrias han optado por establecer precios propios, en base a negocios con mercados particulares como Venezuela (que más allá de su crisis económica, mantiene regulares compras a Uruguay). El precio convenio tiene virtudes y defectos, pero no es malo que haya alternativas que -en buena medida- operan como testigo de mercado.

El precio en 2018/19 fue de 9,5 U$S/bolsa, y en la zafra pasada (2019/2020) se estableció un provisorio de 9,85 U$S/bolsa más devolución de impuestos. Dicha zafra arrancó con valores corrientes, pero la última fase de comercialización se hizo a los precios actuales, mucho mejores. Se estima que la tercera parte de esa zafra se hizo a precios superiores, lo que daría para pagar un precio definitivo que supere los 11 U$S/bolsa, aunque eso está por definirse.

Para la cosecha actual los productores esperan superar los 13 U$S/bolsa, lo que sería un cambio sustancial en las cuentas. Los costos han subido y la mejora no será de un día para otro, pero el ánimo es mucho mejor.


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En las chacras.

Mientras se buscan los mejores mercados para exportar, las chacras están mostrando un excelente desempeño. Alguno de los principales molinos registrará un rendimiento récord este año, cercano a los 9.000 kg/ha, aunque el promedio nacional seguramente se ubique algo por debajo del excelente promedio del año pasado (gráfica). Se han reportado chacras grandes con promedios de 12.000 kg/ha, grano seco, algo notable y a pesar de que la luminosidad no fue plena, en especial en febrero.

Es una muestra de la notable productividad que logra el sector arrocero uruguayo, a partir de la suma de esfuerzos de técnicos, productores e investigadores. La nueva variedad INIA Merín desarrollada por el INIA -acompañada por INIA Olimar- ha permitido dar un nuevo salto de rendimiento. Es la base clave para aprovechar la suba de precios: si bien hubo un aumento -bastante rápido- en el precio de insumos como herbicidas y fertilizantes, la productividad del sector es el garante de que ante los mejores valores, mejoren las cuentas de los productores.

También inciden favorablemente los acuerdos con las distribuidoras de combustible para que los productores accedan a un gasoil más barato. El primero fue entre la Asociación de Cultivadores de Arroz (ACA) y Ducsa (ANCAP), y establece un precio de 36 $/l para los productores, una reducción importante que se logra a partir de menores márgenes de distribución. El precio al público es 40,4 $/l y algunos productores pagaban uno o dos pesos menos, pero el nuevo convenio es una rebaja contundente, de más de 10%. Otras distribuidoras se están sumando.

Con todos estos factores empujando, se espera que el área suba 10% o más en la próxima cosecha, siempre que el agua no sea una limitante (como sucedió este año). Los nuevos precios permitirán retomar inversiones en maquinaria, que venían bastante postergadas y acomodar mejor las cuentas. El sector sigue pagando el Fondo Arrocero a una tasa de más de 5%, razonable cuando se hizo, altísima hoy. Se está estudiando cómo reperfilar esa carga (el Fondo es crédito de los bancos BROU, BBVA e Itaú), aunque no parece sencillo.

En cualquier caso, el ánimo es notoriamente mejor y -si bien aún puede ser exagerado hablar de un nuevo “ciclo” de altos precios- los fundamentos de mercados son mucho más firmes. El arroz puede aspirar a retomar las 180.000 hectáreas sembradas; hay productores y área para hacerlo.