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Compartimento abre más puertas

Uruguay ya desarrolla experiencias sobre nuevos usos de esta herramienta en bovinos.

Pablo Antúnez.
La figura del compartimento, habilitada por el código zoosanitario de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y apoyada por ese organismo sanitario que regula el comercio mundial de alimentos, animales y subproductos, ya está aplicándose y en vías de darse en bovinos uruguayos con destino a la exportación de genética.
El compartimento garantiza que una población de animales que cumpla con determinadas normas de alta bioseguridad y que auditadas y certificadas por el servicio veterinario oficial -en el caso de Uruguay por los Servicios Ganaderos- demostrando que está libre de una determinada enfermedad, pueda sortear las barreras comerciales que impongan los mercados. Es una figura que creó la OIE hace unos años tratando de evitar la presencia de enfermedades emergentes o la introducción de enfermedades por distintas vías, buscando mejorar el intercambio comercial de animales o de sus subproductos en el mundo.
“Si bien la experiencia de Uruguay se focalizó en ovinos, buscando ingresar con cortes con hueso en los países de Norteamérica, Unión Europea y Japón, la figura del compartimento se puede aplicar en otras especies”, explicó a El País el doctor Jorge Bonino Morlán, delegado de Uruguay ante la Organización Mundial de Sanidad Animal desde hace más de 20 años.
En el mundo existen experiencias de aplicación de esta herramienta en el caso de Gripe Aviar, principalmente en países de Asia o Norteamérica, pero en el caso de Uruguay, a partir de la experiencia que está en marcha con la especie ovina -el compartimento instalado en el Campo Experimental del Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL): “Dr. Alberto Gallinal”-, se van abriendo otros caminos, que en el futuro, pueden ser tan o más importantes que conquistarle mercados a las carnes.
“Hay alguna experiencia realizada o en vías de realizarse en el Uruguay donde el compartimento resulta muy atractiva y muy interesante aplicarlo para la exportación de genética. Cuando hablamos de genética habrá que darle las seguridades y el entorno en base a esta figura para que se pueda exportar o animales en pie, con ciertas condiciones que exigirán los países compradores o pueda exportarse material genético, tipo semen y embriones”, destacó Bonino.
Por ejemplo, dijo que un toro de buenas características “puede ingresar a un compartimento durante cierto tiempo, no ser vacunado (contra fiebre aftosa), cumplir con una serie de análisis, que el servicio veterinario oficial certificará posteriormente y también otorgue las garantías de bioseguridad del compartimento, para poder entrar con esa genética en países que hoy no permiten su ingreso”.
El profesional que también es asesor en sanidad del SUL y catedrático de Facultad de Veterinaria, explicó que la figura del compartimento, “desde el punto de vista técnico, brinda margen o la posibilidad de aplicarse en las campañas sanitarias que se realizan en el país”.
Bonino Morlán adelantó que hay trabajos en marcha “para salvar genética en establecimientos que están afectados -por ejemplo- por brucelosis bovina. En esos predios, cumpliendo toda una serie de requisitos y teniendo una zona diferenciada del resto del establecimiento, con una determinada subpoblación animal – donde se aprovecha toda la trazabilidad individual existente y bajo los controles y certificaciones del MGAP- se pueda considerar a dicha subpoblación como de mínimo riesgo de transmitir la enfermedad que puede estar afectando al predio”.
El compartimento es un emprendimiento público-privado. Los privados son los que hacen la inversión en las instalaciones y en los instrumentos que se precisan para garantizar a rajatabla la bioseguridad exigida por la reglamentación de la OIE y el servicio veterinario oficial, es el encargado de auditarlo, certificarlo y controlar, en todo momento, que las normas exigidas se están cumpliendo.

EXPERIENCIA.

Bonino señaló que Uruguay comenzó a trabajar en la figura del compartimento luego de un gran cambio que hubo en la OIE, donde ya no se habló más de riesgo cero, sino de riesgo mínimo y se empezó a usar el análisis de riesgo.
Se aplicó focalizado en ovinos -es la única experiencia mundial en esta especie- ante la imposibilidad de ingresar carne ovina con hueso en determinados países. Eso es porque en Uruguay se vacunan contra fiebre aftosa los bovinos y como los ovinos que no se vacunaban desde 1998, pero conviven con los vacunos, se negaban a admitir el producto.
Hoy el compartimento ovino está dando sus frutos con una negociación con Estados Unidos que está muy adelantada, además de habérsele presentado la experiencia a otros países, buscando destrabar mercados.
La OIE, más allá de las garantías para cumplir con la bioseguridad y sanidad sobre la población animal que alberga el compartimento, exige que el país cuente con un servicio veterinario oficial reconocido, que haya tenido buenas evaluaciones -los Servicios Ganaderos de Uruguay pasaron dos evaluaciones de la OIE con éxito- y que tenga un buen relacionamiento y una integración fuerte con el sector privado para hacer cumplir las campañas sanitarias.
Pero más allá de estas ventajas, Bonino consideró que Uruguay tiene otras fortalezas adicionales. En ese caso mencionó que “es un país muy contemplativo con el bienestar animal (es centro referente de la OIE, junto con Chile y México) y protege fuertemente su medio ambiente” y en este caso recordó la ley de Suelos.
A todo eso “hay que sumarle un status sanitario que es bien reconocido a nivel mundial”. Todo eso, “mostraba que teníamos bases sólidas, la gran herramienta de la trazabilidad individual para aplicar la figura de compartimento”, afirmó.

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