Lechería

La lechería sufre una de las peores crisis de su historia

Dos industrias dejan de captar leche, caen precios y hay endeudamiento.

Tambo  en Florida

Tambos. La gran mayoría de los productores son arrendatarios y la producción individual por vaca vino creciendo en los últimos años.

 

Pablo Antúnez. 
El retiro de la multinacional estadounidense Schreiber Foods, instalada en Uruguay desde 2010 con tres empresas -Dulei (dedicada a los quesos), Belficor (al suero en polvo) y DPU (caseína de cuajo- acentuó esta semana el futuro poco claro de la lechería. La decisión se sumó a la salida de Ecolat que en octubre y noviembre (plena primavera) dejó de captar leche, bajó el precio en el mercado, pese a tener contratos firmados con los remitentes, y luego en marzo anunció su retiro de Uruguay.
Ambos hechos conforman un nefasto antecedente inédito en la historia de la lechería uruguaya, cambiando las reglas de juego del mercado.
La conjunción de baja de precios internacionales para los lácteos, falta de financiamiento para paliar la crisis forrajera causada por el clima y una industria láctea, que al igual que los productores tiene problemas de costos altos y falta de mercados, puede redundar en el envío de gran número de vacas a frigorífico. El sector, ya no sólo dejaría de mantener el ritmo de crecimiento de la última década, donde se dieron años con un aumento productivo de 20%, con la misma cantidad de vacas en ordeñe (entre 400.000 y 450.000 cabezas) si no que entraría en una fase de achique.
Más allá de los tambos, en lo que es mano de obra especializada, con la salida del país de la empresa Ecolat y ahora de Schreiber Foods, más de 500 operarios quedaron sin trabajo en una masa laboral conformada por unas 4.500 personas.
Esta semana, el presidente de la Intergremial de Productores de Leche (IPL), Sergio Filgueira, aseguró a El País ver “un futuro negro”, considerando que la salida del país de Schreiber Foods “es peor que la crisis de Ecolat, donde los productores tuvieron tiempo de colocar la leche en otras industrias”.

Situación.

Ayudados por las lluvias, en materia forrajera, hoy los tambos del norte están mejor que los del sur, porque están empezando a pastorear los verdeos rebrotados y a salir del problema que representa mantener las vacas en base a concentrados proteicos y raciones. Esto último eleva los costos de producción y pega fuerte en el bolsillo con precios de lácteos a la baja.
Como si fuera una rueda de carro, si el tambo deja de producir leche no entra dinero, por lo que preñar las vacas, secar (cortar la producción) las que están dando poca leche, prever la comida y luchar por mantener la empresa operativa, aún en momentos de crisis, es parte de la rutina del tambero.
“Ahora el problema climático se focaliza en los tambos del sur, donde hay productores con graves dificultades, porque en sus predios se están agotando las reservas forrajeras y queda mucho del invierno”, aseguró a El País el asesor lechero Daniel Zorrilla tras recorrer varios departamentos.
La situación forrajera que hoy vive el sector parece ser muy difícil de revertir, más aún en el sur, donde no sólo se consumieron las reservas, sino que se perdieron gran parte de los verdeos sembrados por la falta de lluvias.
A la vez, hoy el principal problema del sector es el financiamiento, porque se ven casos de problemas de liquidez y comenzó a crecer el endeudamiento, a la vez que se va cortando la cadena de pagos; incluso hay veterinarios que ya no pueden cobrar sus trabajos.
Cerrar un tambo es mucho más difícil que bajar la cortina en una empresa agrícola, donde alcanzaría con guardar la maquinaria y no plantar. Es que la mayoría de los tamberos son arrendatarios del campo en el que producen y su mayor capital son sus vacas. Por otro lado, las vacas hay que ordeñarlas cada 12 horas y hay que seguir plantando para poder alimentarlas y que sigan dando leche.
La situación es tan complicada que ya hay productores que están teniendo que malvender sus ganados para hacerle frente a las necesidades alimenticias del rodeo, para poder irla llevando.

Encrucijada.

“El sector lechero estuvo condenado históricamente a crecer, pero empezamos a tener algunos elementos que abren interrogantes acerca de esa condena histórica” (sic), manifestó a El País el presidente de la Cámara Uruguaya de Productores de Leche (CUPL), Horacio Leániz.
El Fondo de Financiamiento de la Actividad Lechera (FFAL), una herramienta que años atrás ayudó a los tamberos ante la crisis financiera, hoy aparece nuevamente como una salida para solventar la falta de financiamiento de los tambos. Sin embargo, con menos industrias captando la leche producida, menor volumen exportado y a precios más bajos, los productores se niegan a endeudarse más ante un futuro incierto.
El mes pasado, según datos del Instituto Nacional de la Leche (Inale) la industria pagó un promedio de US$ 0,32 por litro, cuando un año antes estaba abonando US$ 0,48 por litro.
Hoy los productores están cobrando 30% menos por litro respecto a un año atrás y con costos mucho más altos que, incluso, se incrementaron por la crisis forrajera y de precios. Medido en pesos, el mes pasado los productores recibieron $ 8,59 por litro frente a los $ 9,04 que recibieron en abril; la baja es de 18,5% frente al precio que recibían un año atrás en igual fecha, según los datos del Inale.
“Si las condiciones de competitividad en las que el sector se va a desarrollar en los próximos tiempos son las que hoy están dadas, evidentemente van a quedar vacas masa por el camino porque el sector se achicará. Hay leche sobrante y el rodeo se deprimiría”, estimó Leániz.
A la vez, el presidente del Inale, Ricardo de Izaguirre, reconoció que el tambero “es cautivo” de la situación y ante la crisis, reafirmó que “el cooperativismo es la herramienta”, mientras advirtió que “no hay que esperar otra cosa sino de nosotros mismos. A las inversiones extranjeras, cuando el negocio no les sirve se van para cuidar el negocio y no les importa la gente. Son valores diferentes”.

LLUVIAS

Fardos. Hay un faltante en el mercado y el precio subió mucho.

Forraje.

La sequía causó serios problemas alimenticios en los predios lecheros y la principal limitante está siendo la fibra, elemento básico para mantener funcionando el rumen y evitar problemas de acidosis con el uso de la ración.
Varios productores consultados por El País señalaron que hay muy poca disponibilidad en el mercado y los precios se fueron a las nubes.
Como ejemplo, hoy un camión con 16 fardos de alfalfa puesto en San José se consigue a $ 2.030 cada fardo de unos 400 kilos. Eso es algo así como US$ 180 la tonelada de pasto. Hay poco fardo y el que los tiene busca hacer su negocio.

 

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