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Las rotaciones, la clave de los altos rindes y la sustentabilidad

Para la firma JKI, en el sur santafesino, el manejo técnico es decisivo para lograr rendimientos de alto potencial. También apuestan por la tecnología y la integración para desarrollarse en distintos puntos de la cadena agroindustrial.

Normalmente, se escucha en el campo que en los años complicados, en los que el clima aprieta, a los que vienen haciendo bien las cosas les va mejor, porque los encuentra “mejor pertrechados”, por así decirlo. Pero también es verdad, que en los años que se presentan “de libro” por lluvias y radiación, también aquellos que vienen rotando, usando tecnologías de punta y tienen una estrategia de largo plazo, la naturaleza los premia.

Es el caso de la Sociedad Jakas, Kokic, Ivancich (JKI), que apunta año tras año al mejor paquete de insumos y le pone inteligencia para obtener más kilos por hectárea de manera sustentable.

“Los productores han demostrado esta campaña que la producción no tiene techo y rendimientos que hasta hace unos años se imaginaban sólo en los papeles fueron pulverizados en el campo”, disparó el gerente general de JKI, Aníbal Ivancich (h) en diálogo con Clarín Rural.

Es cierto que las condiciones climáticas en el sur de Santa Fe fueron casi ideales para los cultivos estivales y eso catapultó los altos rendimientos que menciona Ivancich. No obstante, la carrera por los altos rindes algunos la comparan como una subida al Aconcagua.

“Podés estar preparado físicamente, haber hecho todos los pasos correctos pero el clima o el físico no te acompañan y te volvés sin haber hecho cumbre”, dicen. En agricultura es similar, no hay una fórmula que asegure los altos rendimientos, sin embargo, es verdad que si se hacen todos los deberes la cima pareciera quedar más cerca.

Para el asesor técnico de JKI, Gastón Huarte, teniendo en cuenta que los cultivos estivales consumen alrededor de 600 milímetros y es una zona de unos 1.000 milímetros anuales promedio, el doble cultivo o incluso incluir uno de cobertura es clave para aprovechar esa agua que de lo contrario se la consumen las malezas o afectan lotes con napa freática cercana. “Esta estrategia también colabora con el manejo de malezas resistentes”, redondeó Huarte.

Hasta el advenimiento de los híbridos Bt que permitieron incluir el maíz como fecha de segunda o tardía en las rotaciones, se hacían cuatro cultivos en tres años: trigo/soja de segunda-maíz-soja. “El Bt nos permitió intensificar incorporando maíz sobre arveja, trigo o cebada con un modelo que permite aumentar la cobertura y la presencia de gramíneas”, contó Huarte.

En lo que respecta a la tecnología en soja, es en la mayor parte del área se siembran grupos IV intermedios. Y, dependiendo del ambiente, se va corriendo hacia grupos III largos en los lotes de alta productividad bien rotados, y grupos V en los ambientes de menor aptitud agrícola. La campaña pasada la soja obtuvo una media de 49 quintales por hectárea (qq/ha), lo que es, un “rendimiento superlativo”, según Huarte.

La campaña 2014/15, la soja de segunda sobre arveja rindió 5.459 kg/ha mientras que la soja de segunda sobre antecesor trigo tuvo 4.810 kg/ha, lo que arroja 649 kg/ha (13,49 %) a favor del antecesor arveja.

En cuanto al maíz, la última campaña JKI cosechó en un lote un maíz de 190 quintales por hectárea (qq/ha) en una zona en la que el promedio fue de 105 quintales. “Esto es el resultado de un año perfecto desde lo climático, pero también de una conducta agronómica que comenzó en 2009/10”, contó Huarte. Además del manejo nutricional convencional de fósforo y nitrógeno, han ido incorporando 160 a 180 kilos de una mezcla 2×1 de sulfato de calcio y magnesio a caballo de una rotación intensificada que tuvo soja-trigo/maíz de segunda-soja-cebada/maíz de segunda-soja y finalmente el maíz de los 190 quintales.

Para Huarte, lo que muestra esto, al igual que en el caso del plus de resultado de la soja sobre arveja, es que “cuando la cancha está preparada hay materiales que pueden alcanzar esos altos rendimientos”.

Con todo, y despidiéndose de una campaña inédita para soja y maíz por los kilos logrados pero también con rendimientos de indiferencia elevadísimos, al planificar la campaña 2015/16 Huarte es categórico: “Las perspectivas son horribles y hoy no hay un mango”. Entonces, “se arranca sin plata y sin expectativas, bajará la inversión, un combo que invita a profundizar la sojización”.

Según los números de JKI, esta campaña, para hacer trigo el costo de indiferencia se ubica entre los 35 a 40 qq/ha y 18 y 24 qq/ha para soja, en ambos casos sin imputarle alquiler. “Para maíz, ni me animé a sacar los números”, reconoció Huarte.

Como la mayoría de sus colegas, Huarte consideró que la variable de ajuste, más allá de negociar lo mejor posible los insumos, está en los alquileres, porque las rotaciones ya vienen ajustándose al igual que las fertilizaciones. “La batalla será dura”, reconoció. Porque, encima, hoy ni siquiera se puede pensar en hacer una soja muy barata, porque “donde le escatimás en herbicidas sos boleta con la competencia de malezas, que en casos extremos han recortado hasta 50% del rendimiento”.

Lo mismo le pasa a Ivancich cuando vislumbra el futuro del agro y de su empresa: “La realidad nos empuja a idear estrategias productivas de corto plazo. Entonces en lugar de planificar a cinco años pasamos a pensar por ciclo productivo. No obstante, como lo demostramos con nuestas inversiones y planteo de rotaciones, siempre buscamos mantener el mediano plazo, porque es la única estrategia que nos permitirá que nuestros hijos, el día de mañana se interesen también por el campo y quieran seguir con la empresa. Así nos lo transmitió nuestro padre y es lo que buscamos generación tras generación desde don Hermenegildo Ivancich”.

 Fuente: www.clarin.com.ar

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