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Galicia: la (pen)última crisis láctea implica a toda la cadena

Frenar el desplome de precios tras el fin de las cuotas obliga a actuar a todas las partes, incluso al consumidor

La realidad es que no existe, a de hoy, una fórmula mágica que permita dar solución a la grave crisis que afecta al lácteo y que amenaza con dejar en el camino a la mitad de las 9.000 granjas que siguen produciendo leche en Galicia. Explotaciones que perciben por su materia prima menos 28 céntimos por litro, la cantidad más baja del último trienio y con la que ni siquiera alcanzan a cubrir costes. Todos los agentes que intervienen en el sector tienen su parte de responsabilidad. Y de lo que hagan en un futuro próximo dependerá que se alcance una solución satisfactoria. Ayer, tras visitar una cooperativa en Melide, el presidente de la Xunta admitió «dificultades» en el sector derivadas del fin de liberalización de la cuota láctea, pero mostró su convencimiento de que esta situación se convertirá en una oportunidad. Estamos, dijo, ante un «momento trascendental» para el sector.

Estos son los diferentes actores y su papel:

Productores

El último eslabón. Son los principales afectados por los bajos precios y, probablemente, los que menos capacidad tienen para conseguir que las cosas cambien. En cualquier caso deben esforzarse para superar el individualismo que ha venido caracterizando históricamente al sector y que dificulta, entre otros aspectos, la puesta de marcha de las organizaciones de productores. Entidades creadas para mejorar la capacidad de negociación de las granjas, sobre todo a la hora de fijar los precios de la leche. También depende de las granjas mejorar su eficiencia para reducir los costes de producción.

Administración

Control ante prácticas abusivas. Una vez puestas en marcha medidas legislativas como el paquete lácteo o la ley de medidas para mejorar el funcionamiento de la cadena alimentaria, su papel pasa por vigilar su cumplimiento. Aspectos como los precios de los contratos lácteos u otras prácticas de la industria cuestionadas por los ganaderos tienen que ser vigiladas por las distintas administraciones. Del mismo modo, tanto los gobiernos de las comunidades como la AICA (Agencia de Información y Control Alimentario) han de vigilar la posible utilización de la leche como reclamo en supermercados. Feijoo instó ayer a los ganaderos a denunciar «cualquier incumplimiento o contrato fraudulento».

Interprofesionales

Un mediador esencial. Su papel es fundamental. Debe ser, tal y como sucede en Francia, el organismo que vertebre todo el sector. Por ello es imprescindible que la Inlac se abra a todos los que tienen algo que decir en el mundo lácteo, principalmente las cadenas de distribución alimentaria.

Industrias lácteas

Marcando el precio en origen sin atender a otros criterios. A ojos de los productores son las principales culpables de la actual situación. Se las acusa, entre otros aspectos, de pactos de precios, repartos de las rutas de recogida o de imponer precios para la leche en origen que están fuera de los que registra el mercado. Las industrias, que también están altamente expuestas a las presiones de la distribución que les compra el producto elaborado, deben fijar un precio para la leche en origen que atienda a criterios claros y ajustados a la evolución real de los mercados. La industria láctea gallega debe además seguir trabajando en intentar dotar de mayor valor añadido a la producción ya que, actualmente, la mayor parte de la leche transformada en la comunidad se envasa bajo las denominadas marcas blancas, las menos rentables. De la misma manera, de las lácteas depende también el no utilizar las importaciones de producto a precios inusualmente bajos para reducir las cotizaciones nacionales.

Distribución

Las consecuencias de poner la leche como reclamo. Con precios de venta al público del litro de leche en el entorno de los 50 céntimos -e incluso por debajo- parece claro que muchas superficies pueden estar incurriendo en prácticas ilegales de venta por debajo del coste. El empleo de la leche como gancho para atraer clientes (con las marcas blancas como principal exponente) provoca un hundimiento de los precios por lo que de las cadenas de distribución alimentaria depende el erradicar esta práctica. Aspecto que resulta perfectamente posible tal y como puede comprobarse en países vecinos como Francia donde los precios medios son hasta un 30 % mayores sin que por ello se haya resentido el consumo.

Consumidores

Mayor concienciación. Resulta difícil cambiar las actuales tendencias de consumo en las que se constata un aumento de la demanda de marcas blancas, con precios en el brick de leche mucho más bajos. Pese a ello hay que trabajar en la concienciación del consumidor intentando que apueste por marcas de calidad que se vinculen al lugar donde fueron producidas.

Extraído de: www.lavozdegalicia.es

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