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Argentina: una medida de la UE amenaza la exportación de harina de soja

El complejo oleaginoso argentino está en estado de alerta por un cambio en la política europea sobre los productos transgénicos. De concretarse, afirman los exportadores, pondría en riesgo un mercado por 3600 millones de dólares, que equivalen a 18% de los ingresos que aporta la industria.

La Comisión Europa (CE), máximo órgano ejecutivo de la Unión Europea, estableció en abril pasado que cada país que la integra decida por su cuenta qué alimentos genéticamente modificados autoriza para su producción o importación.

De avanzar esta medida en el resto de los organismos de la CE, el consejo y el Parlamento europeo, un país determinado podría, por ejemplo, impedir importaciones de harina de soja de la Argentina, el principal exportador mundial. Y eso podría ser imitado por el resto.

“La medida también podría afectar las exportaciones de maíz y grano de soja, que actualmente se exportan en menor cuantía hacia ese destino”, afirma un documento que circula entre los exportadores.

Por la presión de los grupos ambientalistas, la mayoría de los gobiernos europeos rechazó la siembra de maíz o soja genéticamente modificada en sus territorios. Sin embargo, por la necesidad de contar con proteínas vegetales para sus industrias de carne porcina, aviar y vacuna, nunca limitó la importación de harina de soja.

“Europa importa 90% de sus proteínas vegetales, y de éstas, la mitad proviene de la Argentina”, explicó el consultor y ex agregado agrícola ante la UE, Gustavo Idígoras.

El riesgo de que la política de renacionalización de los transgénicos se transforme en un obstáculo para las exportaciones argentinas es legalmente posible, pero tendría un alto costo, evaluó el especialista. “La industria europea de carnes entraría en colapso”, dijo Idígoras.

Fueron precisamente los propios importadores europeos los que comenzaron a movilizarse en contra de esa medida con el argumento de que la restricción no está basada en criterios científicos, ya que no se demostró que los alimentos transgénicos presenten riesgos para la salud humana.

Las industrias europeas dependen en “75% de esas importaciones para generar alimentos para su población”, cita el documento que circula entre los exportadores argentinos.

Idígoras añadió que si la Comisión Europa deja finalmente librada a la opción de cada país la autorización a la importación y producción de transgénicos ,corre el riesgo de enfrentar un panel en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Estados Unidos, Brasil, Canadá y la Argentina, países que sí autorizan transgénicos, “podrían ganar el caso”, evaluó el consultor.

No obstante, ése es un procedimiento que lleva varios años y, mientras tanto, las exportaciones argentinas podrían verse amenazadas.

La Unión Europea tiene antecedentes de perder paneles en la OMC por restringir el comercio de alimentos sin un sustento científico sólido. Uno de los casos más importantes fue la prohibición de importar carne de Estados Unidos por sospechar que a los animales se les daban hormonas de crecimiento. No lo pudo demostrar como pretendía y tuvo un fallo desfavorable.

“La inusitada iniciativa de la Comisión Europea desecha las evidencias científicas y las evaluaciones de riesgo realizadas por el organismo de inocuidad alimentaria europeo (EFSA) para hacer prevalecer argumentos insólitos e intangibles, desde la moralidad y la seguridad públicas a la preservación de los vegetales”, afirman los exportadores.

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