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Argentina: en la soja, ya no hay margen para el error

En un taller sobre el cultivo, de cara a un año complicado por la suba de costos y la baja de precios, recomendaron enfocarse en medidas de manejo que no tienen costo: elegir bien fecha de siembra, la densidad y el grupo de madurez.

Cuando uno asiste a una fiesta tiene que saber dónde se realizará y en qué contexto para elegir la ropa adecuada. Con los cultivos pasa lo mismo: si no se conoce el ambiente es difícil dar en la tecla con “el traje apropiado”. Y más teniendo en cuenta que el ambiente explica el 65% de la variación de rendimiento de un cultivo.

“Conocer el contexto en el que se va a desarrollar un cultivo es determinante, es la piedra fundamental, sobre la que se puede actuar poco, pero si se toman las decisiones correctas servirá de apalancamiento productivo”, destacó el gerente de Desarrollo de Don Mario, Rodrigo Iglesias, durante el taller “Cómo reducir las brechas de rinde en soja a través del manejo de fecha de siembra y grupo de madurez”, realizado en Aapresid.

La pregunta que se planteó es por qué, más allá de los altos rendimientos que obtuvieron muchos productores en la campaña pasada, hace varios años que la media de rinde está estancada muy por debajo de los ensayos de campo que hacen los semilleros, en los cuales, “con todo el tuco”, llegan hasta niveles de 8.000 kilos por hectárea.

En diálogo con Clarín Rural, Iglesias especificó que hay dos temas importantes: “uno son los techos de rinde, pero el otro, no menos importante, son los pisos y la estabilidad”.  El experto manifestó que ellos están seguros de que si el productor hace bien los deberes, con una caracterización exhaustiva del ambiente, se encuentra la variedad adecuada para explotarlo al máximo (el traje a medida). “Fecha de siembra, grupo y densidad son decisiones que no tienen costo, pero sí alto impacto en la producción y desarrollo del cultivo”, recordó.

Pero, además, hay otras decisiones que permiten ejercer una influencia sobre el ambiente, como fertilización y rotaciones, que son de mediano plazo y tienen un costo, aunque también hay que pensarlas como una inversión que se recupera. Iglesias dijo que “la recomendación para los productores siempre es que no cuantifique la inversión por hectárea sino por tonelada producida”, porque quizás esté pagando más por una variedad o una tecnología que les permite obtener más rendimiento.

En este punto, Iglesias destacó que “hay productores que están negados a adoptar tecnologías”, pero consideró que, sin darse cuenta, “están perdiendo un alto potencial de productividad”. En esta carrera por brindar alternativas para poder “meter más kilos” cada año, algo más necesario que nunca en un contexto de baja de precios, el experto sostuvo que la selección genética tiene como bandera principal el rinde. No son amantes de incorporar nuevos genes si eso implica resignar kilos.

Pero hay un problema en este sentido: la bajísima adopción de semilla fiscalizada, que en la última campaña fue menos del 20%. Esta situación impacta más fuera de la zona núcleo, ya que allí las nuevas variedades tienen diferencias de rinde cercanas a 10% más que las anteriores, una brecha que en la región central del país es un poco menor.

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