Ganadería

Turbulencias en el clima y también en los mercados

Inundaciones, devaluación en China, suba del ganado, suba del dólar. Pero la primavera ya está asomando.

 

lluvia 15/01/2000

En pocos días de agosto, en algunas zonas llovió más que en los siete meses anteriores. En ciertos casos cayeron hasta 400 mm. Foto: Archivo El País

 

Jorge Chouy/Seragro/El País Agropecuario.

Nervios templados se precisan para ser empresario agropecuario en el Uruguay; nervios y vocación; y espíritu sufrido.

La Naturaleza que nos obsequió un paisaje y un suelo bastante propicio para la producción, nos trae en compensación variaciones climáticas abruptas y extremas: intensas sequías, como la que se instaló en más de la mitad de nuestro territorio a partir de enero, y, sin transición, lluvias torrenciales que acumularon en pocos días de agosto más agua que en los siete meses anteriores: hasta 400 mm caídos en algunas zonas, provocando tremendas inundaciones y todo tipo de destrozos, con episodios aislados -pero no pocos- de granizadas y destructoras ventiscas. El tal Niño, que se había anunciado, se hizo esperar pero después se descargó con furia.

Antes y después, como si fuera poco, le agregamos nuestras plagas de propia generación: atraso cambiario, inestabilidad de comercio y de precios, mercados monopólicos, obstáculos físicos de circulación, costos inflados para cubrir ineficiencias y ventajas de otras tiendas.

La hortifruticultura y la agricultura extensiva son los sectores que siempre encabezan el ranking de los perjudicados por los trastornos climáticos extremos, mientras la ganadería resiste, mal que bien.

No obstante, el escenario en los campos está bastante complicado: después de largos meses de escasez de agua y consecuentemente de forraje de calidad, los ganados están sentidos y se cuentan numerosos casos de muertes de animales que seguramente irán aumentando hasta que la primavera se instale de firme: peripecias de tener el negocio al aire libre.

El balance siempre es por lo menos dual, y las lluvias, aunque excesivas y dañinas, tendrán, cuando se encaucen las crecientes, un efecto positivo: son imprescindibles para augurar (no para asegurar) una buena producción forrajera en primavera y una base para los cultivos de verano, agua en el perfil de los suelos, en los arroyos y en las represas, en las fuentes para riego. El paisaje gris, pajizo y marrón de pastos secos y suelos desnudos se transformó rápidamente en un verde resplandeciente.

La vida sigue.

Y varias novedades importantes han ocurrido en los últimos tiempos. Además del cambio drástico en el contexto productivo por los factores climáticos, otros acontecimientos han sacudido el ambiente.

 

Los ganados

La novedad más destacada es el aumento vertiginoso del precio del ganado; primero fueron los lotes gordos, que desde la segunda mitad de junio iniciaron un repunte desde los bajos valores que estaban recibiendo; esa suba se fue afirmando semana a semana, motorizada por las faenas para Israel. Las cuadrillas kosher demoraron en retornar luego de la tradicional pausa de Pascua, pero cuando vinieron encontraron una oferta escasa, poca disponibilidad de ganado preparado, lo que inmediatamente se tradujo en subas de precios.

El novillo gordo bien terminado se coloca a mediados de agosto en torno a los US$ 3,80 el kilo en 4ª balanza, a levantar y con plazo, pero hay negocios bastante por encima de ese valor.

Las vacas, por su parte, cotizan a valores en torno a US$ 3,40, también con algunos negocios por encima. Estos precios implican aumentos de 17% para los novillos y de 25% para las vacas, en un período de poco más de tres meses, movimiento de suba que se aceleró más recientemente.

El precio promedio del INAC para el novillo en la faena de la primera semana de agosto fue de US$ 3,86, pero la mayor parte de los negocios se hicieron a 10 cts por encima, y hubo muchos embarques de más de US$ 4, seguramente por lotes engordados a corral –que parecen ser bastante numerosos-, cuyos valores generalmente están transados en referencia a los promedios de toda la categoría, alimentan y recogen los movimientos de precios, en este caso, de incremento.

Los voceros de la industria afirman que estos valores no son sostenibles, que con estos precios del ganado pierden plata y que, si siguen faenando, es porque hay que cumplir los contratos y porque cerrar también implica un gasto. Vendan o no para Israel, deben comprar los novillos a los precios aumentados por esa demanda agregada.

En agosto, los ganados se están pagando 5% más que al mismo momento del año pasado, pero no quiere decir que se hayan desbocado: en relación a la carne de exportación (la destinada al mercado interno vale menos y tiene otras características), recién ahora los precios del novillo llegan a los niveles históricos, al promedio de los últimos 10 años.

También puede hacerse la relación con el Novillo Tipo: recién en junio la remuneración al productor por el precio del novillo llega al 75% del precio total, un porcentaje de todos modos menor al que rigió durante el cuatrienio 2010–13.

En el segundo semestre de 2013 la industria consiguió dominar el mercado y desde entonces el precio del novillo quedó captando apenas el 70% del valor total. Puede esperarse que en julio y agosto la porción de valor que reciban los productores sea aún mayor, pero después se va a corregir rápidamente a la baja; esto es circunstancial, nada ha cambiado.

Las cuadrillas que faenan kosher se irán a principios de setiembre y poco después empezarán a entrar las nuevas gorduras, así que esta “primavera” de precios no va a durar mucho. Es una golondrina que ya está pasando: los frigoríficos retomarán el control, que momentáneamente perdieron, y los valores, independientemente de lo que suceda en el mundo con la carne, volverán a bajar.

 

 

En el campo

De rebote, como es lo habitual, aunque con cierto retraso, se movieron los valores de la reposición. La estrechez forrajera, el invierno, ahora con temporales, les cincha de la cola a los ganados para el campo, pero la primavera ya está en la puerta y el ánimo resucita: el productor es corajudo y optimista, una vez más.

La oferta es escasa, el ganado gordo alcanza altos precios, aparecen campos libres por la incipiente retracción de la agricultura, el pasto está brotando, puja la exportación en pie. Todo está dado para que los precios sigan altos por un tiempo, que seguramente no será muy largo.

De todos modos, la zafra ya terminó, tanto la de ganado gordo como la de terneros y otras categorías para el campo, como las vacas de invernada, que se comercializan mayoritariamente antes del invierno, así que los altos precios los reciben relativamente pocos animales.

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La interacción de ganadería y agricultura en sus diferentes expresiones, en particular en lo referente a la alimentación con granos de los animales, se consolida como la vía idónea para avanzar hacia metas de producción muy superiores de carne de calidad. Foto: Seragro.

 

China carnívora

Es el principal mercado para nuestras exportaciones, centradas sobre todo en productos agropecuarios, y, desde hace algún tiempo, para la carne vacuna y demás productos de la faena.

En lo que va del año, las compras chinas de carne vacuna representan 41% del total exportado en términos de volumen, que equivale a 32% de los dólares recaudados.

Sumando los otros ítems que componen el rubro cárnico (carne ovina, menudencias, subproductos, etc.), la participación de China trepa hasta 34% de las colocaciones, en dólares: hasta el 8 de agosto sumaba compras por valor de US$ 363 millones, de un total de US$ 1.072 millones vendidos. En menudencias se lleva todo: compra más de 81% del total.

Aunque no es el único destino disponible para nuestras carnes –Uruguay tiene todos los mercados abiertos, y algunos muy dinámicos, como EEUU-, China viene creciendo sostenidamente en los últimos años; en lo que va de este ejercicio anual, marca 71% de aumento en volúmenes físicos de carne y también en dólares. Esta tendencia se agudizó en los últimos meses, así que para fin de año su participación será todavía más expresiva, salvo que los movimientos cambiarios impongan algún freno.

 

Temblores

Por eso es que si el mundo entero se estremeció cuando China anunció que devaluaba su moneda, el yuan, respecto al dólar, en nuestro país provocó un temblor propio del mal de San Vito.

La devaluación oficial china fue de 2% y el mercado le agregó otro 1,6% al día siguiente, y acumuló 4,5% al tercer día. No parece mucho, comparado con las oscilaciones de nuestras monedas, pero el impacto global que produjo indica que las consecuencias no serán menores.

Los primeros análisis anticipan que este movimiento afectará el precio y el comercio de commodities, aunque se duda si la carne estará dentro de ese paquete. Lo que aparentemente busca China con esta medida no es frenar importaciones de alimentos imprescindibles, sino estimular sus exportaciones.

El problema, de ocurrir, en todo caso será circunstancial. A mediano plazo, no hay dudas. China seguirá aumentando su consumo de carnes en general y de carne vacuna en particular.

Hace una década no existía como destino y hoy es el principal importador del mundo, no tiene posibilidades de incrementar significativamente su producción de carne, y el consumo, que apenas alcanza a unos 5 kg por persona por año, se va ampliando sin pausas, al tenor del crecimiento de la clase media, la urbanización imparable y los consecuentes cambios en los hábitos de alimentación.

El Rabobank estima que la demanda china de carne del exterior habrá de aumentar de 1,3 millones de toneladas, actualmente, a 2,2 millones para el año 2025.

Los chinos se encuentran embarcados en un proceso intenso de expansión de sus empresas fuera de fronteras, y van adquiriendo cada vez más peso en regiones postergadas económicamente pero vitales en cuanto al aprovisionamiento de alimentos y materias primas, como el África y también América Latina.

En nuestro país todavía tienen una presencia menor en las empresas, aunque ya se muestran en algunos ámbitos, como en la industria frigorífica: una corporación china importante en este rubro compró el Frigorífico Rosario, una planta de porte medio pero con mucho reconocimiento, y revisó a fondo otras plantas.

Se comenta que no son los únicos chinos que andan en la vuelta, así que tal vez pronto habrá más noticias.

 

EEUU aumentó sus compras pero…

Como decíamos, no sólo China está animando el comercio: también EEUU aumentó sus compras respecto al año anterior en un elocuente 49% en volumen, que se convierte en 57% de crecimiento en dólares, por el mayor valor de sus adquisiciones.

Se advierte, no obstante, que esta firmeza podría no continuar hasta fin de año, porque ya se cubrió un alto porcentaje de la magra cuota –20 mil toneladas– que tenemos en ese mercado.

El ganado y la carne en EEUU alcanzan altos valores y esa situación sigue favoreciendo nuestras ventas, ya que tampoco están en condiciones de aprovisionarse, por el momento del ciclo ganadero en que se encuentran.

En sentido inverso, la probabilidad de que ingrese a ese mercado carne de Argentina y Brasil el año próximo constituye una seria amenaza competitiva, que no debe descuidarse.

 

Dólar en pugna

El dólar venía subiendo y el gobierno decidió que demasiado, así que viene invirtiendo cientos de millones de dólares de las reservas del BCU para frenar la suba.

Una vez más: mientras el dólar baja, todos contentos (menos que los que traen los dólares al país o compiten con los productos importados); cuando sube hay que frenarlo, no sea cosa que se dispare la inflación, que tampoco baja cuando el dólar se deprime.

Al cierre de esta nota, el dólar interbancario vendedor cotizaba a $ 28,85, lo que lo ubica 22% por encima del valor de agosto de 2014, 18,5% más alto en lo que va del año y 3,6% superior al de julio pasado. A este aumento hay que corregirlo por la inflación, que anda por el 9% anual; de todos modos, el movimiento es positivo para atenuar un poco el largo atraso acumulado.

Los vecinos hacen lo mismo: tanto la economía de Brasil como la de Argentina se encuentran presionadas por los factores cambiarios y el aumento de la inflación, en ambos casos agravados por la inestabilidad y la falta de credibilidad política, algo que afortunadamente no estamos sufriendo por acá.

Esos elefantes tambalean y amenazan aplastarnos. En el camino, devaluaron más que nosotros y nos sacaron ventaja en la competencia internacional.

Los competidores de Oceanía también devaluaron, nadie se queda cruzado de brazos mirando la pizarra.

 

La ciencia y el negocio

Entretanto, más allá de turbulencias y amenazas, se suceden las jornadas técnicas para la ganadería, que convocan a públicos numerosos. El afán de conocimiento y la vocación por producir siguen caracterizando a los actores de la actividad agropecuaria.

Son multitudinarias las reuniones de perfil científico y técnico, como las orientadas al mejoramiento genético del ganado o de las pasturas, así como las dirigidas más a los números del negocio y sus relaciones con las opciones productivas.

En este último grupo, nuevamente la jornada de la UPIC (Unidad de Producción Intensiva de Carne) de la Escuela Experimental “Dr. Mario A. Cassinoni” (EEMAC) de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República, marcó un hito en el análisis de la producción ganadera intensiva, poniendo la lupa en los márgenes económicos de la actividad, evaluando distintas alternativas con base experimental seria.

Al ritmo que se está moviendo el escenario de precios (tanto ganaderos como agrícolas), con el abandono de algunas chacras y la renegociación de contratos de arrendamiento, es todo un desafío intentar una aproximación creíble, y, sin embargo, el equipo de la EEMAC, capitaneado por Álvaro Simeone, se le anima y aporta datos e ideas útiles y esclarecedoras.

Es difícil intentar un resumen de todo lo producido y presentado en esa jornada, que podrá consultarse en breve en la página web de la Unidad (www.upic.com.uy).

Más allá de los avatares y vientos en contra, por las condiciones naturales y construidas, la ganadería vive y lucha, y tiene un largo camino para avanzar.

El planteo de Simeone apunta a utilizar la suplementación no en sustitución del pasto, sino metida en los sistemas de producción para hacer todo el proceso más eficiente. No se trata de usar granos al barrer, sino dependiendo del momento del año y de la categoría, realizando un análisis crítico de todas las alternativas, haciendo escenarios de precios.

Introducir el grano en la dieta implica necesariamente un incremento de costos, pero aumenta el ingreso bruto y el neto al final del proceso, explicó Simeone. “Vendo y luego produzco”, sintetizó: hay que armar un escenario de ventas, producir a partir de ese análisis.

La interacción de ganadería y agricultura en sus diferentes expresiones, en particular en lo referente a la alimentación con granos de los animales, se consolida como la vía idónea para avanzar hacia metas de producción muy superiores de carne de calidad.

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