editorial

Ya no quedan vacas gordas

Hay gente que disfruta de los problemas y se molesta cuando hay un atisbo de soluciones. El expresidente Mujica y otros dirigentes del FA arrecian en su ofensiva contra las instancias de diálogo entre gobierno y el campo.

El presidente Vázquez se reunió el viernes y volverá a hacerlo mañana con representantes del sector agropecuario. No hay dudas de que la demostración de bronca del campo ante la desconsideración inicial del Presidente tuvo su efecto y ha optado por escuchar (y suspender su soberbia sordera) ante las críticas que vienen desde el país productivo. Y tampoco hay dudas de que esta instancia de diálogo que se abrió el viernes se ha visto favorecida por el ejemplar nivel de educación y corrección que caracterizó la jornada del martes 23: sin insultos, sin agravios, sin violencia —y con la posterior limpieza del gigantesco predio utilizado para la reunión— el agro reclamó lo que consideraba justo.

La actitud de Vázquez contrastó con las expresiones públicas de notorios dirigentes de su fuerza política, donde la tónica general fue la descalificación. El senador Mujica —el mismo que viajaba al interior del país en el avión de Fripur y que como presidente destruyó más que el caballo de Atila— se mandó un “Empezá por casa y después pedí, porque si tuviste tiempo de guardar, de vacas gordas, mascaste a dos carrillos y ahora le venís a pedir a los otros lo que tú no hiciste”. Aunque luego buscó arreglarla con el clásico “No quiero poner a todo el agro en la misma bolsa (…) ¿Qué se nos puede reprochar al Frente si solo tratamos de repartir un poco más para la parte más débil y capaz que a veces nos pasamos de la raya”? Nada dijo Mujica sobre si su receta de “empezar por casa” y las “vacas gordas”, tenían algo que ver con lo que pasó durante su presidencia con la deuda externa y cuanta responsabilidad tiene hoy en la situación del campo y del país.

Pero el que le tiró el chico bien lejos y se llevó las palmas fue el representante de la Vertiente Artiguista en la Mesa Política, Daoiz Uriarte, que no tuvo empacho en sostener que “son sectores que directa o indirectamente intentan un gobierno dictatorial (…) Hay una intención de desestabilizar la democracia”.

Este tipo de acusaciones y agravios por parte del FA no tiene nada de nuevo y es la tonta muletilla que han encontrado para justificar sus injustificables desvaríos. Cuando a Raúl Sendic se le descubrió la falsedad de su licenciatura, el Plenario Nacional del FA aprobó una declaración donde se “rechaza la campaña desplegada por la oposición y diferentes medios de comunicación destinada a menoscabar la imagen y credibilidad de integrantes de nuestro gobierno, como así también debilitar la institucionalidad democrática del país”. Así de simple y tan simple como que a Sendic se le vino la noche dentro del FA no por las suculentas pérdidas que le generó a Ancap y que pagan los ciudadanos (800 millones de dólares) ni por haber engañado a la ciudadanía con un título que no tenía, sino —y eso para el Frente resultó inaceptable— por haber comprado un colchón con la tarjeta de crédito de Ancap. ¡Faltaba más!

Ahora los que buscan “desestabilizar la democracia” vienen desde el Uruguay productivo y los sagaces frentistas los descubrieron cuando un grupo de productores rurales autoconvocados organizó un acto, criticaron al gobierno y reclamaron determinadas medidas. ¿Qué medidas reclamaron? Aquellas que permiten retomar la competitividad, poder invertir y competir en los mercados sin que signifique un mayor endeudamiento. No hay misterios: los pedidos del campo son de elemental sentido común, como es el bajar (¡por favor!) los gastos del Estado, aprobar una ley fiscal que obligue a que cualquiera que sea que gobierne no gastar más de lo que ingresa, mantener las políticas sociales pero buscando dotarlas de mayor eficiencia, rebajas en el gasoil y las tarifas de UTE, el atraso cambiario. Eso sí, “no se pide quita de deudas para nadie. Que cada uno se haga cargo de sus compromisos. Hay que trabajar en el reperfilamiento con períodos de gracias y paquetes de negociación de deuda”, reza el artículo 11 de la Proclama.

A nivel del Presidente de la República y su ministro de Economía, la sensación que hay es que van a intentar buscar soluciones a los reclamos. Es la misma sensación que tenemos para todo el Uruguay. El problema mayor es que ni el ministro ni el presidente mandan: todo pasa por las mayorías parlamentarias que maneja a su antojo el sector de Mujica o por las decisiones de la Mesa Política del Frente, donde los comunistas (y sus aliados) tienen una influencia decisiva. En eso se ha convertido el Frente Amplio y el gobierno de un país, que a la vera del camino ve cómo pasa su tiempo de las “vacas gordas”.

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